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San Rafael: la calle de Alicante con olor a claveles que triunfa en redes

La calle San Rafael, en el barrio de Santa Cruz de Alicante, se ha convertido en un punto viral gracias a sus macetas, sus escalones y sus casas bajas. El auge turístico ha transformado la vida vecinal, generando saturación y cambios en la identidad de la vía. Aun así, sus residentes mantienen vivas tradiciones como las Cruces de Mayo o la Semana Santa

Vídeo | Así es la calle San Rafael de Alicante en "La calle es nuestra"

Alex Domínguez

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Lydia Ferrándiz

Lydia Ferrándiz

La calle San Rafael ya no es solo una vía del barrio de Santa Cruz, es una calle de contrastes. En los últimos años, se ha convertido en un punto de visita obligada en la ciudad, un lugar donde a cualquier hora del día hay alguien esperando su turno para hacerse una foto. Así, entre escalones estrechos y fachadas encaladas, el paso de visitantes es constante y, en ocasiones, difícil de esquivar para quienes viven allí. El cambio, según cuentan sus vecinos, se ha producido en pocos años y lo que durante décadas fue un barrio habitado por familias que han pasado de generación en generación, se ha convertido en uno de los enclaves más visibles de Alicante en redes sociales. Las macetas, el color y la disposición de la calle han hecho el resto.

Esta "viralidad" ha traído consigo nuevas dinámicas, ya que a la afluencia diaria de turistas se suma el incremento de los apartamentos turísticos y una transformación progresiva del vecindario que cada vez cuenta con más extranjeros. Mientras tanto, quienes siguen viviendo en la calle intentan mantener sus tradiciones, como las fiestas de las Cruces de Mayo que se celebran este fin de semana o la procesión de Santa Cruz, en un entorno que cada vez se parece menos al que conocían.

"Cuando llega un crucero, los martes y jueves, los guías suben a los turistas por aquí, pero no solo esos días, esto está lleno todos los días, y ya no sabemos por dónde caminar", explica Toñi Mula, vecina de toda la vida de la calle San Rafael. "Ahora la gente no para de venir, y lo peor es que no podemos hacer nada, ni siquiera en las fiestas de aquí nos podemos mover", lamenta Mula.

Cuando llega un crucero, los martes y jueves, los guías suben a los turistas por aquí, pero no solo esos días, esto está lleno todos los días, y ya no sabemos por dónde caminar

Toñi Mula

— Vecina

La cantidad de turistas que visitan la calle ha crecido en los últimos años, lo que llega a provocar "colapsos" en las escaleras. La presión sobre los residentes es cada vez mayor, y muchos se quejan de que ya no pueden disfrutar del barrio con tranquilidad. "Muchísimo turismo, todos los días esto está lleno de gente", afirma María José Tarancón, vecina de la calle.

Una calle con historia

Así con todo, la historia de la calle San Rafael está estrechamente ligada a la del barrio de Santa Cruz, uno de los más antiguos de la ciudad. Sus orígenes se remontan a la época medieval, cuando en el siglo VIII cuando los musulmanes se asentaron en esta zona, formando lo que hoy conocemos como la medina de Al-Laqant. Con el paso de los siglos, especialmente con la llegada de los cristianos en el siglo XIII, el barrio fue creciendo, pasando de ser un núcleo agrícola y pesquero a un entorno fortificado por las murallas que descendían desde el castillo de Santa Bárbara.

Esa herencia sigue visible en el trazado irregular de sus calles y en la arquitectura popular que ha pasado de generación en generación. "Esto viene de muy atrás, nosotros llevamos aquí desde 1870 y todo se transmite de padres a hijos", explica María José Tarancón, vecina de la calle.

En esta calle, la mayoría de las casas ya están de alquiler, algunas personas compran casas, vienen unos meses y luego las alquilan y eso cambia la convivencia del barrio

Mariano Ballester

— Vecino

El barrio ha cambiado con el paso de los años, pero siempre ha mantenido una fuerte sensación de comunidad, aunque el incremento del turismo parece que también ha dañado esta realidad. "Ahora ya el barrio está al 60% de extranjeros y al 40% de nativos", cuenta Mariano Ballester, vecino de Santa Cruz, quien advierte: "Se va perdiendo la esencia, porque los nuevos habitantes no participan en las fiestas ni en las tradiciones del barrio. Quienes hemos vivido aquí toda la vida intentamos mantener nuestra identidad, pero ya no es lo mismo".

Y es que una de las principales preocupaciones de los residentes es el fenómeno de los apartamentos turísticos, que han proliferado en la calle San Rafael. Muchos de los edificios que antes eran viviendas han sido comprados para ser alquilados de forma temporal. "Se nota que muchas casas son de alquiler vacacional, es una pena porque no se parece al barrio que yo conocía", comenta Maribel Bermúdez. Como ella, María García, una visitante, coincide en que la calle San Rafael tiene un aspecto "muy Airbnb, algo impensable hace unos años en Alicante".

Se nota que muchas casas son de alquiler vacacional, es una pena porque no se parece al barrio que yo conocía

Maribel Bermúdez

— Visitante

Este fenómeno ha generado malestar entre los residentes. "En esta calle, la mayoría de las casas ya están de alquiler, algunas personas compran casas, vienen unos meses y luego las alquilan y eso cambia la convivencia del barrio", afirma Mariano Ballester. De hecho algunos vecinos de la calle ya responden a este perfil, como Tim Courtis, un británico que lleva más de treinta años viviendo en este barrio: "Me gusta la cercanía que tiene la calle al Mercado y la playa y la montaña y el hecho que es como un pueblo dentro de la ciudad", destaca Courtis.

Una calle decorada para los turistas

Precisamente, el atractivo de la calle San Rafael reside en su estética, las escaleras, las fachadas blancas y, sobre todo, las macetas azules que adornan casi todas las casas, son un emblema visual que atrae a miles de turistas cada año. Esta combinación ha sido convertida en un reclamo para quienes buscan una foto que capture la esencia de la ciudad. "Es uno de los lugares más bonitos que tenemos en Alicante y muchos visitantes no se quieren ir sin verlo", señala Francisco Abellán, guía turístico que recorre el barrio con grupos internacionales. "A los extranjeros, sobre todo a los americanos, les llaman mucho la atención las escaleras y las macetas, algo que para ellos no es habitual y les fascina", apunta.

A los extranjeros, sobre todo a los americanos, les llaman mucho la atención las escaleras y las macetas, algo que para ellos no es habitual y les fascina

Francisco Abellán

— Guía turístico

Algunos lo comparan con un flujo continuo. "Es como un río", dice Tim Courtis, residente en la zona desde hace tres décadas. Y no es una exageración, grupos de quince o veinte personas avanzan por una calle estrecha donde, en ocasiones, apenas queda espacio para los propios vecinos. "Vienen todos por aquí, Alicante es una ciudad pequeña y por esta calle se sube al castillo, pero suben manadas de quince y veinte personas y menos mal que suben y bajan porque si no no cabrían todos en el castillo", relata Susana Esteve, vecina de la calle.

Suben manadas de quince y veinte personas y menos mal que suben y bajan porque si no no cabrían todos en el castillo

Susana Esteve

— Vecina

A esto se suma una percepción compartida por algunos visitantes. "Todo el mundo viene a hacerse la misma foto, parece que si no sale en redes, no existe", comenta María García. Pero para quienes visitan la calle la experiencia es única: "Vimos la calle en TikTok y hemos venido, la verdad es que es lugar muy bonito para las fotos", afirma Karla Seidel, turista alemana, como André Samper, turista francés, para quien "las casas y los colores que tienen son muy agradables".

Sin embargo, el mantenimiento de la calle no siempre es adecuado para soportar el flujo constante de turistas. Aunque los barrenderos pasan todos los días, los residentes se quejan de la falta de limpieza en profundidad. "El baldeo solo se hace cada 15 días, y eso no es suficiente, hemos hablado con el Ayuntamiento para que lo hagan semanalmente porque el mármol es blanco, y se ensucia con rapidez y si no lo limpian más a menudo, el barrio pierde su encanto", comenta Mariano Ballester.

Las fiestas de la calle siguen vivas

A pesar de los desafíos, las tradiciones del barrio siguen siendo una fuente de orgullo para los residentes. Las fiestas de las Cruces de Mayo, que adornan las calles del barrio con flores y banderines, son una de las festividades más importantes de Santa Cruz. En la calle San Rafael, los vecinos se encargan cada año de decorar su cruz y la vía con esmero, a pesar del esfuerzo que esto implica.

"Es mucho trabajo porque no solo se ponen las flores en las cruces, sino también se decoran las calles a mano", explica María José Tarancón quien destaca que, pese a todo, este es "un esfuerzo colectivo de todos los vecinos, todos participan, y eso es lo que hace especial al barrio".

Es mucho trabajo porque no solo se ponen las flores en las cruces, sino también se decoran las calles a mano

María José Tarancón

— Vecina

La Semana Santa también es una de las fechas más emotivas para los vecinos, cuando la procesión del Miércoles Santo, organizada por la hermandad de la Santa Cruz, recorre las estrechas calles del barrio. "Cada vez que el paso pasa por aquí, es un momento muy emocionante. La procesión es la que más mérito tiene de España porque las calles son muy empinadas", comenta Susana Esteve, vecina del barrio.

La calle San Rafael es un claro ejemplo de cómo una vía tradicional puede verse transformada por el turismo, su éxito como punto selfi ha dado visibilidad al barrio, pero también ha puesto a prueba su capacidad para conservar su esencia. Entre el olor a clavel de las fiestas y el murmullo constante de los turistas, la calle sigue buscando un nuevo equilibrio. Los vecinos lo tienen claro: quieren compartir su barrio con quienes lo visitan, pero sin renunciar a todo aquello que lo hace único. Porque más allá de la foto, San Rafael sigue siendo, ante todo, un lugar donde vivir.

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