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Alicante, la ciudad en la que leer no siempre es fácil

El inicio de la Feria del Libro coincide con el momento más delicado de las bibliotecas municipales, con una falta de trabajadores que obliga al cierre parcial de algunos de estos espacios, tres de ellos clausurados de manera permanente y otros con carencias estructurales que el personal y los usuarios notan en el día a día

Alicante, donde leer no siempre es fácil

Alicante, donde leer no siempre es fácil / Pilar Cortés

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Manuel Lillo

Manuel Lillo

Incertidumbre entre los trabajadores y desconcierto entre los lectores. A dos días de que empiece la Feria del Libro de Alicante, las bibliotecas municipales de la ciudad viven un momento poco esperanzador. Y no solo por el cierre permanente de tres de ellas.

Las que permanecen abiertas lo están con horarios irregulares y cambiantes. Por ejemplo, en la próxima Feria del Libro, la necesidad de personal municipal en la plaza Séneca, donde tendrá lugar el acontecimiento cultural, obligará a cerrar unos días la biblioteca de Villafranqueza. Otro caso es el del cierre parcial de la de El Cabo, donde la marcha de una trabajadora obligará a cerrar unos días ante la ausencia de trabajadores. Muchos de ellos se turnan entre estos espacios para garantizar aperturas de mínimos. «Si se pone malo un compañero tenemos un problema», afirma un trabajador municipal.

Esta situación se traduce en horarios variables, que cambian semanalmente y que se anuncian en la web del Ayuntamiento. Las modificaciones horarias, imprevistas para muchos vecinos, provocan que la afluencia se vea rebajada ante la incertidumbre con bibliotecas que abren de manera indistinta mañanas o tardes o que cierran de manera inesperada.

La biblioteca no puede seguir siendo un espacio prohibido por las barreras arquitectónicas

Mamen Alcaraz

— AVV San Blas

Los trabajadores también señalan las dificultades ampliadas en etapas como el verano o cuando el público escolar tiene más horas libres y no siempre encuentra en estos espacios una alternativa debido al cierre.

A su vez, también existe la incomodidad con el escaso presupuesto para la compra de libros: 15.000 euros anuales para ocho bibliotecas municipales, que da como resultado un centenar de libros por cada espacio al año y adquiridos en una sola compra. Es por ello que en la mayoría de estas bibliotecas afirman que buena parte de sus fondos de nueva adquisición proceden de donaciones de los vecinos y no de compras.

Biblioteca de San Blas.

Biblioteca de San Blas. / Pilar Cortés

También en el plano financiero, en el presupuesto municipal de gastos del ejercicio económico actual figura una aportación global para bibliotecas de 53.204 euros. La partida más cuantiosa es para las «actividades culturales», seguida de la «adquisición de libros» y de los fondos destinados a «prensa, revistas, libros y otras bibliotecas». Sin embargo, las partidas para «reparación, mantenimiento y conservación de edificios», «utillaje», «transporte», «gastos diversos» y «estudios y trabajos técnicos» en bibliotecas municipales cuentan con una aportación de un euro cada una.

Quejas

Además de los problemas estructurales están los particulares de cada espacio. En San Blas lamentan la falta de ventilación debido a la instalación de una ventana doble con una exterior fija que impide la entrada de aire natural y que permanece así desde la inauguración en 1998. A ello se le suma un escalón en la entrada «que no cumple con la normativa» y que dificulta el acceso a las personas con movilidad reducida.

La asociación de vecinos advierte de «la situación de abandono y falta de accesibilidad» en este espacio. Mamen Alcaraz, su máxima representante, considera que esta biblioteca «no puede seguir siendo un espacio prohibido para una parte de nuestros vecinos por culpa de las barreras arquitectónicas».

Abrir a unas horas o a otras según la circunstancia hace que la gente finalmente no haga uso

Carlota Badía

— AVV El Cabo

«No hay planteamiento económico a largo plazo y falta mucho personal», dicen desde otro espacio en el que lamentan que pronto verán marchar a tres de sus trabajadores. Aunque valoran las actividades organizadas, entienden que una biblioteca es un espacio que tiene mucho más valor que el de sus actos puntuales.

«El barrio tiene un bajo índice de lectura y el cierre de la biblioteca es, por eso, aún más grave

Adolfo Durán

— AVV Juan XXIII

En El Cabo, barrio situado en uno de los entornos que más población concentran del término municipal, la biblioteca «es de escasas dimensiones si se tiene en cuenta la gente que vive aquí, pero ese es el menor problema», dicen en referencia a la infrafinanciación. También protestan porque «comprar libros es misión casi imposible». Carlota Badía, de la asociación de vecinos, cree que «abrir a unas horas o a otras según la circunstancia hace que la gente finalmente no haga uso».

Incomodidad vecinal

En los últimos días ha permanecido cerrada la biblioteca de Carolinas, que aún no tiene fecha de reapertura. La falta de trabajadores, explican desde la asociación de vecinos, es la causa de la situación. Joaquín Gracia pretende que con la renovación de las Cigarreras, con el futuro museo, «se habilite una sala de estudios y se refuercen estos espacios», aunque esta intención «ya ha salido del discurso del gobierno municipal».

El dirigente vecinal también destaca el papel «fundamental» de la biblioteca como «refugio climático» en las jornadas de más calor, que ya se empiezan a hacer notar en la ciudad de Alicante, y cree que los cambios en los horarios y en las aperturas «afectan mucho a los vecinos».

El papel de la biblioteca también como refugio climático es clave, el cierre afecta mucho

Joaquín Gracia

— AVV Carolinas Bajas

Tampoco hay satisfacción en el barrio de Benalúa, donde los cierres parciales también son una realidad, así como la falta de novedades literarias, el género más solicitado entre el público habitual. Ernest Gil, de la Asociación de Vecinos El Templete, señala que «las bajas puntuales de los trabajadores, normalmente inesperadas, obligan al cierre algunos días de manera imprevista, aunque la biblioteca funciona relativamente bien», destaca, a la vez que otorga esta situación a la implicación de los trabajadores.

Es evidente que el Ayuntamiento no tiene la voluntad de reabrir la biblioteca de Ciudad de Asís

Julio Díaz

— AVV Nuevos Horizontes Ciudad de Asís

Sin embargo, «las instalaciones son absolutamente insuficientes, sobre todo porque la parte de arriba no es accesible». En Villafranqueza, donde la biblioteca acostumbra a cerrar más horas de las previstas debido a que sus recursos humanos se trasladan con frecuencia a otros centros donde se les requiere, su dirigente vecinal, José Pascual, subraya este contratiempo. «Los recursos humanos son del Ayuntamiento, el problema es la falta de personal y es una pena que estas cosas pasen, porque la biblioteca funciona bien en líneas generales», afirma. El mismo problema, el de la falta de personal, es la principal preocupación en la biblioteca Diagonal de Los Ángeles.

Interior de la Biblioteca Central Florida-Babel.

Interior de la Biblioteca Central Florida-Babel. / Pilar Cortés

Más quejas hay, como cabe esperar, en los barrios en los que las bibliotecas se mantienen cerradas por diferentes motivos y sin perspectiva de reapertura.

Bibliotecas cerradas

Los espacios concebidos para la lectura en Juan XXIII, Ciudad de Asís y Mercado Central permanecen clausurados desde hace años pese a las exigencias vecinales.

En el primer caso, tras dos años de cierre prolongado, los vecinos protestaron recientemente ante la clausura del espacio. En Ciudad de Asís, el Ayuntamiento se defiende señalando a la comunidad colindante a la biblioteca del barrio, cerrada desde verano de 2023 «por obras», según justifican desde el Consistorio. La concejala de Cultura, Nayma Beldjilali, argumentó en el último pleno municipal que el cierre no es por falta de trabajadores, ya que «el personal se encuentra dentro trabajando», pese a que la biblioteca sigue cerrada. En el caso de la del Mercado Central, la web municipal advierte del «cierre hasta nuevo aviso» y remite a la programación de la temporada 2020-2021.

Las bajas puntuales de los trabajadores obligan al cierre algunos días de manera imprevista

Ernest Gil

— AVV El Templete de Benalúa

Julio Díaz, de la asociación Nuevos Horizontes de Ciudad de Asís, cree que «es evidente que el Ayuntamiento no tiene voluntad de reabrir la biblioteca», y tilda como «absolutamente inaceptable que esté más de dos años cerrada y decirle a la gente que se vaya a otro barrio».

También hay descontento en Juan XXIII, donde Adolfo Durán, dirigente vecinal, asegura que no pueden «estar de acuerdo con esta situación, que supone dejar a las personas del barrio sin acceso a una biblioteca para estudiar o leer, cosa que perjudica principalmente a los vecinos». Además, recuerda la condición «vulnerable» del barrio, «con un bajo índice de lectura, cosa que hace la situación aún más grave». Ante los argumentos del Ayuntamiento de Alicante, que según el dirigente vecinal «decían que acudían pocas personas», él mismo niega que el Consistorio haya «hecho algo para amenizar la lectura».

Protesta reciente ante la biblioteca de Juan XXIII tras dos años de cierre.

Protesta reciente ante la biblioteca de Juan XXIII tras dos años de cierre. / Rafa Arjones

Problemas de fondo

Mientras tanto, las bibliotecas sobreviven entre falta de fondos, desorden en los horarios y personal insuficiente. Desde la Concejalía de Cultura defienden la creación de tres nuevas plazas de funcionarios para bibliotecas y «la apertura de una bolsa que irá solucionando el tema del personal para las próximas fechas», aunque no concretan cuando. Este futuro personal, antes de incorporarse a los centros, pasará una temporada de aprendizaje en la biblioteca Central de Florida-Babel (la mejor equipada de la capital alicantina, junto a la de Virgen del Remedio), lo que alarga más días la llegada a la normalidad.

Una normalidad anhelada por los trabajadores y cuya ausencia relacionan algunos con «la situación general de las infraestructuras culturales» en Alicante y en el conjunto de España. «El cambio en los últimos 30 años ha sido horrible, se han confundido bibliotecas con salas de estudio ante la falta de voluntad de crear una de 24 horas pese a que Alicante es ciudad universitaria», dice una voz, que protesta también por la «escasa accesibilidad digital» y por «la crisis sociocultural que intentan disimular» con «Ferias del Libro mientras se olvidan del trabajo estructural, que tanta falta hace».

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