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Charangas y disfraces: el Mercado Central de Alicante se aleja cada vez más de la compra tradicional

Los usos festivos y turísticos reabren las quejas por ruido, saturación y pérdida de comercio de proximidad en el principal recinto de abastos de la ciudad

Una charanga toca en el interior del Mercado Central de Alicante, entre puestos y clientes

Una charanga toca en el interior del Mercado Central de Alicante, entre puestos y clientes / INFORMACIÓN

Borja Campoy

Borja Campoy

El Mercado Central de Alicante vuelve a tensionarse entre su función tradicional como espacio de compra y un uso cada vez más vinculado al ocio, el turismo y las celebraciones. La imagen de una charanga tocando en el interior del recinto, con personas disfrazadas entre los pasillos y los puestos, ha reabierto las quejas sobre la saturación, el ruido y la pérdida progresiva del modelo de comercio de proximidad en uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad.

El debate no es nuevo, pero la escena resume una preocupación que vuelve a crecer entre comerciantes y clientes habituales. El Mercado Central no puede convertirse en un parque temático para turistas ni en un escenario de despedidas de soltero o celebraciones ajenas a su actividad ordinaria. La queja de fondo apunta a un cambio de modelo que pasa por menos comercio tradicional y más hostelería, más grupos de visitantes y más dificultad para mantener la vida cotidiana de barrio alrededor del recinto.

La tensión se había vinculado en los últimos años sobre todo al incremento de los grupos turísticos. El Mercado Central entró de lleno en las rutas urbanas de Alicante como escaparate de producto local y gastronomía de proximidad, pero ese interés trajo también efectos secundarios: aglomeraciones, explicaciones con micrófono, grandes grupos, paraguas, carteles y molestias para quienes acudían simplemente a comprar. El temor de muchos placeros era que el mercado acabara muriendo de éxito.

Para intentar ordenar esa convivencia, el Patronato de Turismo y la Asociación de Guías Oficiales firmaron a finales de 2024 un decálogo de buenas prácticas. Entre las recomendaciones figuraban limitar los grupos a un máximo de 25 personas, eliminar altavoces y megáfonos, sustituirlos por sistemas de audio individualizados, fomentar el consumo de producto alicantino y de proximidad e identificar los lugares más adecuados para realizar explicaciones o paradas sin interferir en la actividad diaria.

Aquellas medidas ayudaron a mejorar la convivencia con las visitas guiadas, pero el problema de los usos del mercado vuelve ahora por otra vía. La presencia de charangas, grupos disfrazados y celebraciones en el interior del recinto apunta a un uso más festivo del espacio, distinto al de los tours turísticos pero igualmente incómodo para una parte de comerciantes y clientes. La cuestión ya no es solo ordenar las visitas, sino definir qué actividades son compatibles con un mercado municipal de abastos.

Compromís ha recogido ahora esa preocupación y vuelve a reclamar un plan de usos para el Mercado Central ante el aumento de puestos vinculados a la hostelería. Su portavoz municipal, Rafa Mas, recuerda que en diciembre de 2023 el alcalde, Luis Barcala, anunció una serie de compromisos para impulsar y modernizar el recinto, presentado entonces como una pieza clave para revitalizar el comercio local y los barrios. Más de dos años después, sostiene Mas, muchas de aquellas promesas siguen sin cumplirse.

Siguen aumentando los espacios dedicados a la hostelería pese al rechazo de numerosos comerciantes

Rafa Mas

— Portavoz de Compromís en el Ayuntamiento de Alicante

El portavoz valencianista acusa al gobierno municipal de haber anunciado la protección del carácter tradicional del mercado y una regulación más estricta de la hostelería, pero considera que la realidad ha ido en la dirección contraria. “Siguen aumentando los espacios dedicados a la hostelería, pese al rechazo y la preocupación expresada por numerosos comerciantes”, señala Mas, que vincula esa evolución con la pérdida de peso de los puestos tradicionales.

La formación añade a esa crítica el deterioro de las infraestructuras del mercado. El grupo municipal cita averías constantes en los ascensores, deficiencias en los montacargas, fallos frecuentes en el sistema de aire acondicionado y un control de plagas que considera insuficiente. También señala que el número de aseos municipales resulta escaso para la afluencia de usuarios que registra el recinto, especialmente los sábados y en temporadas de mayor presencia turística.

Entre los compromisos anunciados por Barcala figuraban, según recuerda Mas, un Plan Director para modernizar el Mercado Central, una regulación más estricta de la hostelería, un Plan de Acción Integral del Comercio para los mercados municipales de Babel, Benalúa, Carolinas y Central, la peatonalización de la calle San Vicente dentro del proyecto Alicante Nuevo Centro y mejoras estructurales para favorecer el relevo generacional de los puestos comerciales.

La preocupación actual también conecta con un antecedente más lejano. La zona del Mercado Central ya vivió en la pasada década un proceso de tensión ligado al ocio. Lo que empezó como aglomeraciones circunscritas al propio mercado, con la costumbre de empezar a beber a mediodía y prolongar la actividad hasta altas horas, terminó extendiéndose hacia la calle Castaños y su entorno. Aquel episodio sigue funcionando como advertencia para quienes temen que los usos festivos vuelvan a desbordar un espacio concebido para comprar.

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