Nueva vida para el histórico "Peret" de Alicante, que ya prepara su reapertura
La heladería se despide de su tradicional color verde tras el cambio de propietario, mientras se mantiene la duda sobre el próximo nombre del establecimiento

El histórico quiosco Peret cambia de aires en Alicante / Pilar Cortés
El histórico quiosco "Peret" ultima los detalles para su reapertura en la Explanada de Alicante. Nuevo color, nuevos productos y... ¿nuevo nombre? Tras varios años de conflicto entre el Ayuntamiento y los anteriores propietarios por los impagos acumulados, el Consistorio logró adjudicar de nuevo la gestión de la heladería a principios de año. De acuerdo con el contrato, el establecimiento deberá abrir al público antes del mes de junio.
Para ello, la empresa propietaria ya está llevando a cabo trabajos de reforma en el negocio que, empezando por la parte más visible, afectan principalmente al color. El quiosco se despide de su tradicional tonalidad verde para dar paso a un nuevo diseño azul marino, a juego con las teselas de la Explanada y el mar de fondo. Sin embargo, la mayor incógnita sigue siendo el nombre, ya que "Peret" es una marca registrada que todavía pertenece a los anteriores dueños, por lo que, salvo acuerdo entre las empresas, la futura heladería deberá operar bajo una nueva denominación.
En cuanto al "interior", los productos principales seguirán siendo (tal y como marcaba el contrato) los helados y las bebidas tradicionales del verano. En este sentido, el empresario a cargo del quiosco ya ha avanzado a través de sus redes sociales que la horchata que ofrecerá será de elaboración artesana y de proximidad, concretamente de Xixona. No obstante, de acuerdo con la oferta que la mercantil plantea en otras concesiones municipales de su titularidad, se contempla también la venta de coctelería.
Siete años y cuatro millones
El nuevo contrato fue adjudicado el pasado mes de febrero y, de acuerdo con el pliego de condiciones, la reapertura del quiosco debe producirse en un máximo de tres meses desde su formalización. Por lo tanto, el nuevo "Peret" deberá subir la persiana antes de que finalice el mes de mayo.
La duración del contrato es de siete años, y en este periodo el adjudicatario deberá abonar un canon total de 4.023.523,38 euros, dividido en cantidades anuales que oscilarán entre el mínimo de 541.212 euros en el primer año y el máximo de 609.492,62 euros en el último. El contrato ofrece, además, la posibilidad de dos prórrogas por un periodo de tres años cada una.
Un histórico ahogado por las deudas
La empresa que hasta ahora explotaba la heladería acumuló deudas con la administración local de más de 130.000 euros por impagos repetidos en el canon y en la licencia de la terraza. Además, también sus extrabajadores le reclaman más de 200.000 euros en retrasos e impagos de nóminas, habiendo ya diferentes sentencias firmes que reconocen la deuda con los que fueran empleados del Peret.
En mayo de 2024, el Ayuntamiento ya trató de anular la relación contractual con el quiosco, para intentar que este cambiase de manos. Aunque el propietario manifestó su intención de ponerse al corriente de pago, no saldó su deuda, por lo que el Consistorio siguió adelante con el “desalojo”. Para ello, necesitaba un preceptivo informe del Consell Jurídic Consultiu de la Comunidad Valenciana, que llegó en julio de 2024. Sin embargo, fue notificado por error a la Universidad de Alicante, en vez de al gobierno local, por lo que no fue hasta enero de 2025 que el ejecutivo municipal retomó los trámites, que terminaron por bajar la persiana del Peret en abril de ese año.
Sin embargo, la historia del Peret ha estado ligada a la de Alicante desde principios del siglo pasado. Abrió sus puertas en 1916, en plena Primera Guerra Mundial, mediante una real orden por la que se adjudicaba a Vicente Richard Ballester la instalación de un quiosco de refrescos en lo que hoy es la Explanada, pero que entonces se llamaba Paseo de los Mártires, nombre que desapareció del callejero tras la Guerra Civil y fue recuperado más tarde para la carretera situada entre la propia Explanada y el puerto.
Pocas semanas después, un vendedor ambulante local de frutos secos llamado Pedro Fuster Iborra y conocido como "Pere el cacahuero" hizo una oferta por el quiosco. Vicente Richard la aceptó. Desde ese momento, el establecimiento pasó a vender refrescos, horchata, golosinas, frutos secos y similares.
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