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Educación

Los dramas de los profesores en las aulas de la provincia de Alicante

Docentes de colegios e institutos narran en primera persona las dificultades que se encuentran día a día, que les frustran como profesionales y les impide ofrecer una enseñanza de calidad

Testimonios de profesoras sobre los obstáculos en la enseñanza pública

Pilar Cortés

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A. Fajardo

A. Fajardo

Más de 66.000 docentes de la Comunidad Valenciana están llamados este lunes a una huelga indefinida sin precedentes ante la falta de acuerdos con la Generalitat para lograr mejoras laborales y salariales tras haber llegado, aseguran, al “límite”, por la sobrecarga a la que se enfrentan. Un problema que tiene su impacto directo en la atención y en la calidad de la enseñanza que están recibiendo los alumnos en los colegios e institutos públicos. Detrás de estas dificultades hay sentimientos de frustración, de preocupación y de saturación que se viven día a día en las aulas, con nombres y apellidos. Estos son algunos de los testimonios en primera persona de profesionales por vocación que visibilizan las razones por las que los profesores han dicho basta.

Ada Blanes, maestra de Primaria en el colegio Voramar de Alicante: "Los profesores cambiamos pañales o pedimos ayuda a las familias por el retraso en cubrir las bajas"

Imparte clases en un aula con dos persianas rotas desde principios de curso, en un colegio de la Playa de San Juan sin aire acondicionado, donde el calor es insufrible tanto en otoño, como primavera. La precariedad de las instalaciones educativas no es para esta docente lo más grave, sino la falta de medios para la atención a la diversidad. La profesora subraya el aumento constante de alumnos con necesidades educativas especiales. En su aula de 21 alumnos, varios tienen autismo, déficit de atención o hiperactividad, entre otros problemas. A pesar de la creciente demanda de una educación "más competencial y más vivencial", la falta de recursos es un obstáculo insalvable: "Yo estoy superdeacuerdo en ello, pero sin los recursos no puedo llegar a todo. Solo tengo dos manos".

La falta de personal de apoyo es otro problema acuciante. Aunque se supone que aumentan los profesores de Pedagogía Terapéutica (PT) y Audición y Lenguaje (AL), la realidad es que "no cubren las sustituciones a tiempo". La docente relata su propia experiencia: "El médico me puso un mes de baja y a mí nadie me cubrió hasta casi pasadas dos semanas". La situación es tan crítica que, si falta un educador, "nos tenemos que poner los propios profes a cambiar pañales o las necesidades que se tengan que cubrir o llamar a las familias para que vengan a ayudarnos". Y por si esto fuera poco, señala que la burocracia está asfixiando hasta tal punto al profesorado que las clases las tienen que preparar en casa. “Y todo ello, sumado a una pérdida de poder adquisitivo escandalosa, por la falta de subida salarial”, concluye.

Una maestra en un aula de Alicante, con la camiseta verde en defensa de la enseñanza pública

Una maestra en un aula de Alicante, con la camiseta verde en defensa de la enseñanza pública / Pilar Cortés

Patricia Pérez, profesora de inglés del IES Sixto Marco de Elche: "Tengo clases con 30 alumnos, de los cuales una decena con dificultades, ejercemos de psicólogos y enfermeros"

En aulas con 30 alumnos de primero, segundo y tercero de Secundaria, de los cuales una decena sufren dificultades de aprendizaje con diferentes diagnósticos (desde autismo, hiperactividad hasta dislexia), dar clase se ha convertido en un auténtico camino de baches para esta docente. "A veces dedico la tarde entera en pensar cómo planificar una clase de 55 minutos e intentar hacerla lo más dinámica, lo más amena y lo más entretenida posible, utilizando las nuevas tecnologías, utilizando diferentes recursos, pero hay veces que ni aún con esas captamos su atención. Hay muchas cosas que se nos escapan de nuestras manos y tenemos que ejercer de psicólogos e incluso de enfermeros”. A ello se suma, el aumento de la falta de autoridad, de respeto y los problemas de comportamiento del conjunto del alumnado que ha detectado en las clases.

Frente a este cúmulo de problemas, Patricia pone el foco en la necesidad de que bajen las ratios y asegura que su principal reivindicación no es que le suban el sueldo, sino “tener unas condiciones laborales mejores para poder ofrecer este servicio público de calidad”. Apunta a que los chavales en una clase donde hay 30 alumnos no van a poder recibir la misma atención de un solo docente que si fueran, por ejemplo, 25 y además tuvieran la ayuda de un especialista para atender las dificultades.

Dos maestras en un aula con niños con necesidades especiales de Alicante

Dos maestras en un aula con niños con necesidades especiales de Alicante / Pilar Cortés / PILAR CORTES

Antonio Sánchez, profesor Matemáticas IES El Cabo de Alicante: "La masificación es insostenible, ya se imparte clase en la biblioteca, las escaleras o un despacho"

En su instituto, que "estaba preparado para unos 500 alumnos" y ahora alberga "alrededor de 800", la "masificación es ya insostenible”. Esta situación obliga a impartir clases en espacios no convencionales, como la biblioteca, unas escaleras o un despacho de profesores y ha provocado que "todas las clases están ocupadas". La precariedad se extiende a las infraestructuras, ya que trabaja en un centro donde "no han renovado absolutamente nada" desde su inauguración, y aulas como la magna han sido divididas en dos, separadas por una "carpintería de aluminio" que permite escuchar las clases contiguas "como de papel". El docente apunta a la falta de medios tecnológicos y el bajo salario como problemas adicionales.

Para su trabajo, necesita una conexión a internet y un ordenador, pero denuncia que la conselleria hace caso omiso, tanto a los recursos tecnológicos, como humanos, mientras las responsabilidades del profesorado van en aumento. El último ejemplo: “hemos acabado hasta haciendo guardias en los aseos para que los alumnos no fumen, no vapeen o no los destrocen”. Como telón de fondo, lamenta estar "a la cola de salarios en España a pesar de que la Comunidad Valenciana no es precisamente un lugar donde la vida sea barata”. Para Sánchez, todo este cúmulo de dificultades, arrastradas durante años, ha acabado haciéndoles explotar. “No puede ser es que estemos trabajando en peores condiciones, tanto de trabajo como salariales respecto a al resto de compañero del país”.

Un aula de Infantil con niños de diversas nacionalidades en Alicante

El aula de un colegio con niños de diversas nacionalidades en Alicante / Pilar Cortés

Jon Ilescas, profesor de dibujo del IES Figueras Pacheco de Alicante: "Hemos perdido casi la mitad de nuestro poder adquisitivo desde el año 2000 por negarnos una subida salarial"

Los problemas “son innumerables” para este docente de Secundaria y de Bachillerato, quien lleva una década en la enseñanza pública tras pasar por la concertada. Una de las principales quejas a las que hace referencia es que la Generalitat lleva "19 años sin subir el salario" en la parte autonómica. De ello hace responsables no solo al Gobierno actual del PP, sino al anterior del Botànic (PSOE, Compromís y Podemos). Esta situación ha provocado que el poder adquisitivo de los profesores se haya reducido "en torno al 42-44% desde el año 2000", lo que significa que "hemos perdido casi la mitad del poder adquisitivo", denuncia. Una precariedad salarial que está llevando a que "cada vez me encuentro más compañeros jóvenes que se cuestionan si van a seguir en esta carrera o no".

Además de la baja remuneración, el profesor denuncia la "cantidad de trabajo burocrático" que se les exige, lo que contrasta con la percepción social de que los profesores "viven muy bien, tienen muchas vacaciones". Sin embargo, aclara que "nuestro trabajo no acaba cuando se acaban las clases", ya que deben preparar lecciones, contestar correos, lidiar con la burocracia y atender a un número creciente de alumnos con necesidades especiales. De hecho, estima que "el 90% de los profesores está trabajando más horas de las que le pagan". Él mismo confiesa que llegó a trabajar "50 y 55 horas semanales", y aunque ahora intenta reducirlo, la media entre sus compañeros es de "entre 50 y 60 horas", muy por encima de las "37,5 horas que están estipuladas".

Nereida Vidal, maestra en el colegio Óscar Esplá de Alicante: "Es dura la sensación de salir del cole sintiendo que hay niños a los que no he podido ni mirar"

Esta especialista terapéutica y tutora de un aula UECO, donde solo asisten niños con necesidades especiales, que, a su vez, les permite compartir tiempo y aprendizaje con el resto de escolares que hay en el colegio, advierte de que el actual modelo de escuela inclusiva necesita más recursos para que pueda funcionar. Lo más duro, confiesa, “es la sensación de salir del cole sintiendo que hay niños a los que no he podido ni mirar” por esa falta de medios. “Cada día te reinventas y pasas horas y horas en casa creando, diseñando para llegar allí y luego no poder atender y que no sea efectivo todo ese trabajo, es muy frustrante y genera mucho malestar”, lamenta.

Ella, junto una maestra de audición y lenguaje y una educadora, trabaja con pequeños con autismo, de grado moderado y grave. “Son niños que no pueden expresar diariamente qué necesitan y la escuela debe darle respuesta a eso”, afirma. Sin embargo, alerta de que el personal no es suficiente y de que las sustituciones tardan mucho en cubrirse. Un claro ejemplo son las tres semanas que llevan sin educadora.

Una clase con la persiana rota desde principio de curso en un centro educativo de Alicante

Una clase con la persiana rota desde principio de curso en un centro educativo de Alicante / Pilar Cortés

Sergio Cruz, profesor IES Historiador Chabas de Dènia: "Es muy complicado dedicarles el tiempo que podrían necesitar, hay alumnos que se van a quedar por el camino"

Es tutor de una clase de cuarto de la ESO, con 29 alumnos, cinco de ellos con diversidad funcional y diez nacionalidades diferentes, algunos de ellos sin saber español. En todo el curso tendría que impartir 12 temas y “con suerte” acabará el 7 o el 8. “Hay muchas dificultades en unas clases tan grandes y con tanta necesidad es muy complicado dedicarles el tiempo que podrían necesitar”, relata. Todos estos factores, impiden que se pueda avanzar en los contenidos de forma muy lenta, hasta tal punto de que, reconoce que habrá alumnos que se “van a quedar por el camino porque ya han agotado las opciones de repetir y tendrán que ir a una escuela de adultos”. Por eso, apela a la necesidad de bajar las ratios, pero también a construir nuevas infraestructuras. “En nuestro centro estamos llenos, hay clases con 34 alumnos en Secundaria y apenas caben.

Otra de las dificultades que más está lastrando la profesión, es la burocracia de la que alertan el resto de compañeros. “Aparte de todas las casuísticas de cada uno de los alumnos, tienes que atender, justificar las faltas, atender a las familias. Cuando el volumen se dispara no hay horas materiales, ni sueldos tampoco, aquí las tutorías, por ejemplo, no nos las pagan como en Cataluña”, lamenta.

Eusebio Aguirre, maestro del colegio Rabasa de Alicante: "Las aulas son insoportables por el calor, llegamos a pulverizar a los niños con agua para refrescarles"

Las elevadas ratios y la falta de personal especializado están dificultando gravemente la atención al alumnado, especialmente al que presenta necesidades educativas especiales, según denuncia el docente que lleva más de dos décadas en la escuela. “En un aula de 3 años, con varios niños con necesidades, contamos únicamente con un adulto para atender a un grupo de 20 alumnos”, explica. El profesor relata que cada jornada se convierte en una carrera imposible: “Un alumno que necesita ropa de cambio, otro con fiebre o vómitos, conflictos entre compañeros o pequeños accidentes”. La falta de recursos personales hace que las maestras no pueda atender las individualidades de cada uno de sus alumnos, según lamenta, al tiempo que denuncia que las bajas de especialistas “tardan meses en cubrirse”.

También alerta de una “sobrecarga burocrática” y de infraestructuras deficientes. “Tres documentos diferentes para hablar sobre el mismo niño, y eso por 25”, resume sobre la duplicidad de informes. En su centro, con alumnado con movilidad reducida, “uno de los edificios no tiene ascensor”, mientras que en septiembre las aulas son “espacios prácticamente insoportables” por el calor. “Llegamos a abanicar a los niños y refrescarles con pulverizadores de agua”, asegura, además de denunciar la existencia de pistas deportivas “con grietas y falta de mantenimiento”.

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