Así se prepara Alicante para medir su límite ante otro verano de récord
La ciudad mira a la inminente temporada alta con servicios, barrios y plantillas bajo presión en un año que aspira a superar los cinco millones de pernoctaciones que dejó 2025

Alicante se prepara para otro verano de masificación turística / Pilar Cortés
Alicante se prepara para otro verano de máximos turísticos con una pregunta de fondo: cuánta presión puede absorber la ciudad sin trasladar en exceso los efectos a vecinos, trabajadores y servicios públicos. La discusión ya no va solo de ocupaciones, vuelos o cruceros, sino de qué ocurre cuando esa afluencia se concentra sobre las mismas playas, barrios, transportes y plantillas. El éxito turístico vuelve a poner a prueba la ciudad que queda para quienes viven en ella todo el año, que cada día son más.
Llegaremos a números de altas ocupaciones como viene siendo en los últimos años
El punto de partida es un escenario ya elevado. Alicante cerró 2025 con cinco millones de pernoctaciones y 1,5 millones de visitantes, mientras las aerolíneas perfilan otro verano fuerte en el aeropuerto y el puerto prevé récord de cruceros este año, con un total de 112. La patronal hotelera maneja una previsión «buena» para julio y agosto, aunque introduce cautela porque agosto aún no está al nivel de otros años y parte de la ocupación dependerá de la demanda de última hora. Pero incluso ese matiz confirma el marco, la ciudad se mueve de nuevo en una expectativa de alta afluencia, con servicios, barrios y sectores económicos preparados para otro verano de mucha presión.
La visión es optimista. Todos los veranos lo es y se corresponde con el resultado final
Las primeras señales de ese esfuerzo no siempre se ven en la calle. Están en redes que funcionan por debajo de la ciudad y que tienen que absorber consumos muy superiores a los ordinarios cuando llega el calor, se llenan los hoteles, se ocupan las segundas residencias y aumenta la actividad en playas, restaurantes y alojamientos turísticos. Aguas de Alicante e Iberdrola sostienen que sus infraestructuras están preparadas para el verano, pero confirman que la temporada alta obliga a planificar, anticipar y reforzar sistemas que trabajan con picos muy por encima de la media.

La playa de San Juan será uno de los puntos más concurridos este verano / Áxel Álvarez
Aguas de Alicante explica que la telelectura en más del 92 % de los contadores permite seguir la demanda por zonas. Los picos estivales elevan el volumen inyectado a la red un 30 % respecto al consumo medio diario de la ciudad. En Playa de San Juan, el incremento alcanza el 45 % y el día de máximo consumo supera en más de un 120 % al mínimo. La compañía sostiene que no hay tensión de suministro, pero el dato refleja la carga añadida del verano.
Hay mano de obra, pero falta personal cualificado y profesional para trabajar
La respuesta es similar en la red eléctrica. i-DE, la distribuidora de Iberdrola, asegura que Alicante está preparada para asumir los incrementos de demanda de julio y agosto gracias a una red mallada, capaz de redirigir los flujos de energía incluso si hay tramos averiados. La compañía realiza entre marzo y mayo trabajos preventivos en líneas, subestaciones y centros de transformación y añade que tiene planificada la extensión de la red con la Generalitat y el Ayuntamiento para acompañar el crecimiento de la demanda.
Estamos dimensionados en aparcamientos y servicios para asumir a los nuevos vecinos
En movilidad, el Gobierno autonómico defiende que el TRAM también refuerza su oferta durante el verano. El dispositivo arranca en Hogueras, con servicio ininterrumpido en las principales líneas, y continúa en julio y agosto con el TRAMnochador los fines de semana. Además, se prevé reforzar la Línea 3, que une Luceros con El Campello y facilita el acceso a las playas, con tranvías en doble composición en la mayoría de los casos. La red movió 19 millones de viajeros en 2025, con junio como mes punta por las fiestas.
La playa de San Juan se ha convertido en el punto en el que todo el mundo quiere estar en verano
La lectura desde la plantilla es menos tranquila. Teo Navarro, coordinador del sindicato Semaf de maquinistas, sostiene que el TRAM ya circula "muy lleno" y que la presión aumenta en temporada alta. Reclama más seguridad, más vehículos, unidades con mayor capacidad y personal de control en horas punta. El sindicato advierte, además, de que los refuerzos acaban saliendo de la plantilla, con más turnos, noches e interrupciones de descansos. Las imágenes de convoyes ya llenos en mayo anticipan esa sensación antes de la temporada alta. Ahí queda el contraste entre la planificación oficial del servicio y la percepción interna de un sistema que llega al verano con poco margen.
El consumo, el ocio, el transporte o la convivencia se tensionan con el turismo masivo
La presión también llega a las plantillas que sostienen la temporada. UGT y CC OO coinciden en que el turismo genera empleo, pero advierten de que el crecimiento no puede apoyarse en prolongaciones de jornada, horas extra mal resueltas, descansos insuficientes o salarios que no acompañan al peso económico del sector. "No faltan camareros, faltan buenas condiciones laborales", resume Yolanda Díaz, de UGT. Patricia Carrillo, de CC OO, añade que la estabilidad formal ha mejorado, pero la estacionalidad sigue pesando.
El paisaje humano ha cambiado radicalmente; es como si ya no viviéramos en nuestra ciudad
Desde la restauración, Gabriela Córdoba, presidenta de ARA, introduce el otro lado del problema. El sector espera trabajar a pleno rendimiento, pero admite que es difícil prever la demanda porque el turista reserva alojamiento con antelación y decide comidas y cenas cuando ya está en destino. "Nos preparamos para trabajar a tope, pero hasta ahí podemos llegar", señala. Sobre el empleo, matiza el diagnóstico sindical. Sostiene que hay mano de obra, pero falta personal cualificado y profesional, y defiende que el convenio de Alicante es competitivo.
Cuando llega la temporada alta, el TRAM va lleno y falta seguridad y control en horas punta
El ocio mira el verano desde la oportunidad. Javier Galdeano, presidente de Alroa, asegura que la visión del sector es "optimista" por la llegada de turistas, cruceros y visitantes y defiende que también los alicantinos disfrutan de esa actividad. Pero el aumento de afluencia reabre el debate sobre el uso del espacio público. Galdeano reclama revisar los horarios de terrazas para evitar diferencias entre las instaladas en vía pública y las privativas.

Terrazas en el centro de Alicante repletas de turistas, en una imagen habitual / Áxel Álvarez
La playa de San Juan aparece como uno de los puntos más tensionados. José Caracena, presidente de la asociación vecinal Juntos Avanzamos, asegura que la presión ya se notó en Semana Santa y en el puente de mayo, con tráfico, aparcamientos llenos y una playa "a tope". "La playa se ha convertido en el punto en el que todo el mundo quiere estar", afirma, a la vez que reclama más limpieza, más presencia policial y más cuidado del litoral para una zona que funciona en verano como "una ciudad dentro de la ciudad".
Los salarios de la hostelería no acompañan pese a ser un motor económico para Alicante
En el PAU 5, la lectura es más matizada. Ciro Fernández, presidente de la asociación vecinal, sostiene que el barrio soporta razonablemente el aumento de actividad en verano por su diseño urbanístico reciente y su bolsa de aparcamiento. El problema, añade, es más estructural que estacional: "El déficit de dotaciones lo sufrimos todo el año". Cita la falta de colegio, centro de salud, oficinas públicas, conexión con el TRAM y un transporte público todavía insuficiente.
No faltan camareros, faltan buenas condiciones laborales para retener talento en el sector
La presión se expresa de otra forma en el centro tradicional. José Ramón Navarro, de la asociación vecinal, sostiene que el turismo ha cambiado "radicalmente" el paisaje humano y ha generado una sensación de desarraigo. "Es como si ya no viviéramos en nuestra ciudad", lamenta. No cuestiona al turista individual, pero sí un modelo en el que el espacio público se orienta cada vez más al visitante, mientras plazas como Gabriel Miró acumulan deterioro pese a formar parte de las rutas turísticas. Para Navarro, el problema es que la ciudad no puede ordenarse únicamente alrededor de nuevos récords turísticos.
Los residentes de Alicante han desistido de frecuentar determinadas zonas de la ciudad
El debate, además, no llega aislado. Alicante lleva tiempo discutiendo los efectos del turismo sobre la vivienda, los apartamentos turísticos y el comercio tradicional, con episodios como la moratoria municipal o la salida de 80 Mundos de su ubicación histórica como señales de una preocupación de fondo. Más reciente es la vuelta del debate sobre la tasa turística, reabierto desde València, defendido por las Hogueras y rechazado de nuevo por Luis Barcala, que considera que la recaudación sería "una miseria". Todo remite a una misma cuestión: cómo ordenar el crecimiento turístico.
Javier Ortega, profesor de Sociología de la UA y miembro de la plataforma "Alicante, ¿dónde vas?", sitúa el debate en el modelo de ciudad. A su juicio, el principal foco de tensión está en los pisos turísticos, porque llevan visitantes a barrios donde la vida giraba alrededor de los residentes. Habla de turistificación, de vivienda más cara, de comercio orientado al visitante y de un centro que corre el riesgo de convertirse en "un parque temático". La pregunta final es si Alicante quiere seguir creciendo solo alrededor del turismo o si puede abrir otros caminos para quienes viven en ella todo el año.
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