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Carmen Mañas: “El sistema abusa de la vocación de unos profesores que ya están muy saturados”

La directora de Psicología Evolutiva y Didáctica de la UA ve la huelga como síntoma de una educación pública tensionada y reclama ratios más bajas, más personal, centros adecuados y un plan que devuelva confianza al profesorado

La directora de Psicología Evolutiva y Didáctica de la UA analiza los factores de la huelga en educación

Alex Domínguez

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Borja Campoy

Borja Campoy

La directora del departamento de Psicología Evolutiva y Didáctica de la Facultad de Educación de la UA, Carmen Mañas, analiza el malestar que ha llevado al profesorado a la huelga. Desde su mirada universitaria, advierte de una educación pública tensionada desde la pandemia, con ratios altas, falta de apoyos y una sensación creciente de abandono entre los docentes.

Pregunta: ¿Qué nos está diciendo esta huelga sobre el estado real del sistema educativo valenciano?

Respuesta: Responde a una situación de hartazgo grande, sobre todo en Infantil, que es la etapa más importante, porque lo que no se haga ahí es muy difícil de recuperar. Es un tema que merece la pena. No se requiere mucho, pero hace falta atención porque los daños son irremediables. La educación pública de Infantil, Primaria y Secundaria necesita un buen empujón en todos los sentidos, sin duda. Desde la UA impulsamos y trabajamos para dotar de más recursos a la Facultad de Educación. Todo es mejorable siempre, pero sí que se está dando un buen impulso.

P: ¿Hasta qué punto las aulas están reflejando problemas sociales y emocionales?

R: Las aulas representan cómo está la juventud y la sociedad. Vemos que desde la pandemia sí que se nota un alumnado más descentrado. En toda España, psicólogos y psicólogas de orientación escolar están a tope de trabajo. Todavía estamos pasando secuelas de la pandemia, sobre todo las personitas pequeñas. Se nota.

P: ¿La respuesta al malestar docente pasa solo por mejorar salarios o también por reforzar el reconocimiento social y el trato al profesorado?

R: Los docentes lo dieron todo en la pandemia y ahora le corresponde a la sociedad y a los poderes públicos reforzarlos. La educación es fundamental, la gran olvidada. Es necesario que se refuerce en salarios, trato, clima y reconocimiento de la sociedad. No puede ser que los padres vengan y les griten. Hay que controlar más los impulsos. Ese control de impulsos se hace en la primera infancia. Es importante atender a las criaturas y a las personas que las atienden. Llevan mucho tiempo pidiendo y siempre les están dando largas, eso lo hemos visto todos.

Hacen falta acciones y no solo palabras para que el profesorado vuelva a las aulas

P: La Primaria también es hoy una de las etapas donde más se nota ese desgaste del sistema, ¿Por qué?

R: En general, toda la educación, de Infantil a Secundaria, está tensionada. No hay más que ver que, si estudiamos las depresiones por profesiones, donde más vemos es en la docente. La educación pública está muy tensionada en general y necesita un respiro que no ha tenido desde la pandemia. Hay mucho arrastre. Falta reconocimiento, hacer caso a los docentes y tratarlos bien. Se trata de negociar, ir avanzando y que los profesores noten que su trabajo les importa a los políticos que lo dirigen.

P: ¿Existe hoy un ambiente degradado en algunos centros educativo?

R: En Santa Pola, por ejemplo, tenemos un centro en el que se cayó el techo y llevarán dos años sin arreglarlo. Los docentes tienen su justificación, se sienten abandonados. El principal problema es que no se sienten reconocidos. Nadie consigue todo lo que quiere, está claro, pero no pueden consentir que les tomen el pelo una y otra vez. Se sienten abandonados y están hartos. Cuando escuchas a los profesores hablar, la conclusión es que están hartos del poco reconocimiento a una labor fundamental para toda la sociedad. La mayoría necesitamos de los recursos públicos para que funcione bien nuestra vida cotidiana.

P: ¿Qué está pasando dentro de las aulas para que tantos docentes hablen de saturación, falta de apoyos y dificultad para llegar a todos los alumnos?

R: En Alemania hace ya muchos años los grupos universitarios eran de 20 personas. Nosotros, en la universidad española, tenemos grupos de 50. Y en los colegios hay aulas con 35 criaturas, cerca de 40 en algunos casos. No se puede pedir todo sin dar nada. Necesitan ayuda y ratios más pequeñas. Cuando se dice que la economía va bien, esas inversiones no siempre se ven en educación y sanidad. No es una cuestión de partidos. En los colegios hay que invertir más por el bien de todos. Es necesario bajar las ratios, contratar a más personal y tener centros adecuados, con aire acondicionado en las aulas. Al final lo normalizamos todo, pero los colegios y la formación requieren tiempo, recursos y un esfuerzo conjunto, independientemente de los colores políticos.

Los docentes deben notar que su trabajo importa a los políticos

P: ¿Son los profesores la línea de flotación del sistema, los que están sosteniendo con esfuerzo personal lo que no resuelve la Administración?

R: Estas profesiones en las que la vocación es un elemento muy importante son don y maldición. La mayoría de las personas que se dedican a la educación, sobre todo en Infantil y Primaria, son muy vocacionales. Eso hace que se entreguen, pero se abusa de ello. Se les echa demasiado encima a los profesores. Tienen que atender a muchas personas, familias, notas, procesos internos de gestión y de calidad… Si ese trabajo se multiplica por 35 alumnos en vez de por 25, la diferencia es muy grande. Están muy saturados y la sensación de no poder llegar quema y frustra. Yo me dedico a la educación desde hace mucho tiempo y veo que el sistema abusa de esa vocación.

P: ¿Hasta qué punto ha cambiado la relación entre familias y docentes?

R: Lo que veo es que las familias que se involucran son casi siempre las mismas. No veo un problema de familias que no estén o de que haya padres o madres más maleducados. Las familias, en general, están por la labor de los colegios, no lo veo un problema. Puede haber casos puntuales, alguna palabra o alguna bronca, pero no son casos generales. No creo que sea un problema de las relaciones con las familias. De hecho, la mayoría de las familias están apoyando a sus profesores y entienden las razones de la huelga.

Falta reconocimiento a una labor fundamental para toda la sociedad

P: ¿Qué impacto puede tener una huelga indefinida y un final de curso tensionado?

R: Creo que la huelga es una apuesta fuerte, pero también responde a razones de fondo. La Administración y los representantes del profesorado deberían sentarse ya a hablar y empezar a resolverlo poco a poco. Las cosas no se arreglan de la noche a la mañana, pero hacen falta acciones y no solo palabras, medidas que permitan al profesorado volver a las aulas y seguir defendiendo sus reivindicaciones. La huelga va a tener impacto y es necesario encauzar el conflicto para que nuestros educadores no se sientan deprimidos ni maltratados. Son quienes están educando a nuestros hijos e hijas y la sociedad debe reconocer su labor y sentirse orgullosa de ella.

P: Si tuviera que ordenar prioridades, ¿qué habría que hacer primero para recomponer la escuela?

R: Hay que hacer una intervención multinivel, no es solo una cosa. Una intervención estructural, profesional y personal. Hablamos de ratios, de mejores condiciones, de mejores espacios… y que esos espacios estén adaptados. Hay colegios que no tienen sombra, por ejemplo. No se trata solo de sueldos o de poner un toldo. Hay que sentarse, ver las necesidades que se tienen y preparar un plan con acciones que a los maestros y maestras les dé confianza. Tienen que darles algo.

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