Las ayudas al alquiler joven en Alicante no encajan con la realidad de los hogares
El Ayuntamiento flexibiliza los requisitos económicos pero sigue dejando fuera a habitaciones y contratos temporales, soluciones comunes entre los menores de 35 años

Una joven completa, maleta en mano, lo último de su mudanza hacia una nueva vivienda. / Rafa Arjones
Plazo abierto para que los menores de 35 años en Alicante soliciten las ayudas al alquiler joven. Una convocatoria cuyas bases han sido modificadas por el Ayuntamiento tras el fracaso del año pasado, cuando tan solo se concedieron 13.500 euros de 120.000 disponibles a apenas 11 beneficiarios.
Aunque el gobierno municipal haya cambiado los requisitos económicos, una buena parte de los jóvenes siguen quedando fuera de la convocatoria:aquellos que alquilan una habitación o que no consiguen otra solución que un contrato temporal, todas opciones proscritas por las bases de las ayudas y que, sin embargo, son muy comunes en esta franja de edad.
El Consistorio ha duplicado el presupuesto de este año a 248.000 euros, con el fin de ofrecer una subvención de hasta 400 euros por persona. Más importante aún: ha flexibilizado el umbral de renta para acceder a la convocatoria, de tres veces el IPREM (unos 22.000 euros) a 29.400; y ha ampliado el monto máximo del alquiler de 800 euros (solo 26 inmuebles se alquilan por debajo de este precio en el portal Idealista) a 1.000, un tope bajo el cual se ofertan unos 160 estudios y pisos en el municipio.
«Las administraciones desoyen cuál es el patrón real de formación de hogares de los jóvenes»
Pero aunque se intente adaptar la política a la realidad del mercado, no se consigue hacerlo a la realidad sociológica. Paloma Taltavull, catedrática de Análisis Económico Aplicado de la Universidad de Alicante, señala que este tipo de ayudas no están cumpliendo su finalidad en varias de las ciudades que las han puesto en marcha, y diagnostica que la razón es que las administraciones «desoyen cuál es el patrón real de formación de hogares de los jóvenes».
Un concepto diferente de hogar
«La mayor parte de los hogares jóvenes no son permanentes, sino que se crean por razones de trabajo o de estudio. Como los alquileres son tan altos, la mayoría optan por compartir», explica la experta en materia inmobiliaria.
Describe casos como el de Laurine Maurice, una torrevejense que desde hace tres años trabaja en Alicante y apenas hace unos meses se decidió a mudarse a la capital. El proceso de elección, sin embargo, no fue rápido ni sencillo.
«Mi opción para vivir sola era un estudio en la Cañada del Fenollar, con cocina y lavadora compartida»
Optar por un alquiler de larga duración le significaba en aquel momento un desembolso superior a los 700 euros, cifra que no se podía permitir. Si quería vivir sola, tenía que irse a otro municipio.
«Las ayudas, por cumplir con la política de vivienda, limitan aspectos como el precio o la superficie, y ya en la ciudad no es fácil conseguir viviendas que cumplan con estos criterios», detalla Taltavull.
Por su parte, Maurice finalmente alquiló una habitación: 450 euros más gastos y contrato de seis meses. Una doble circunstancia que excede lo planteado en las ayudas del Ayuntamiento. «Iba a visitar un estudio en la Cañada del Fenollar que eran 450 euros más gastos, con cocina y lavadora compartida», recuerda sobre su intento más cercano a vivir «sola» en Alicante, o al menos en sus afueras.
Temporalidad, a la orden del día
Otra alicantina, Laura Miñana, es cotitular de un contrato de alquiler junto a una compañera. Todo parecía encajar y solicitó la ayuda en 2025, para posteriormente recibir una denegación que obedecía a que la otra titular del contrato ya recibía una subvención. «Pagamos a medias, pero el contrato es por piso. Yo no estoy recibiendo la ayuda pero mi compañera sí, y a mí no me permiten acceder».
«Pagamos a medias. Yo no estoy recibiendo la ayuda pero mi compañera sí, y a mí no me permiten acceder»
Hay, no obstante, personas que sí entran perfectamente en el modelo de hogar que exige la convocatoria. María Guerrero vive junto a su pareja y hace ya cinco años que alquila un piso en Carolinas. Nunca consideró pedir ayudas porque, pagando 315 euros de alquiler, servicios aparte, era capaz de afrontarlo sin dificultades. Una holgura que quedará atrás este año, pues su casero le duplicará el precio al término del vigente contrato.
«El casero nos va a cambiar en septiembre la duración de cinco años a una anual, por lo que no sé a lo que pueda optar»
«Este año me va a tocar pedir alguna ayuda, pero ahora el casero nos va a cambiar la duración de cinco años a una anual, por lo que no sé a lo que pueda optar», relata la joven. Un cambio a contrato temporal que le quitaría a Guerrero la posibilidad de solicitar la ayuda municipal.
A criterio de la catedrática Taltavull, la solución para obtener políticas más útiles es investigar más, y critica que no se destinen los suficientes recursos a entender mejor la realidad. Además, lamenta que los jóvenes se sientan desamparados: «Imagina la percepción que tendrán, se diseñan ayudas a las que luego no pueden acceder».
Elche, sin subvenciones municipales
En la segunda ciudad de la provincia no hay ayudas municipales al alquiler, y solo se gestionan los bonos de alquiler de la Generalitat.
Marga Bernad, de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en Elche, lamenta que ante la falta de presupuesto de la convocatoria autonómica, la ciudad ilicitana sufre un «doble problema» en la política social de vivienda.
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