Lo Morant, el pulmón verde de Alicante que lucha por respirar
El parque, con casi 40 años de historia, vive entre caminos agrietados, bancos rotos y servicios cerrados que ponen en riesgo su vitalidad

Alex Domínguez
El parque Lo Morant es uno de esos lugares que todos los alicantinos conocen. Cada mañana desde hace más de tres décadas, el parque recibe a vecinos que pasean, juegan a la petanca o simplemente se sientan a conversar. Pero lo que fue un orgullo de la ciudad ahora lucha por mantenerse vivo, marcado por el desgaste del tiempo, la falta de mantenimiento y reformas inacabadas que han dejado algunas de sus instalaciones en el olvido.
El parque sigue siendo un punto de encuentro para los barrios que lo rodean, como Virgen del Remedio, Tómbola, Virgen del Carmen o Colonia Requena, aunque muchos vecinos coinciden en que necesita "oxígeno" para poder seguir siendo una zona verde que sostenga la zona. "Falta que el parque esté más curioso, que lo cuiden más porque está hecho polvo", lamenta Paqui Imperial, una vecina que acude a diario al parque a hacer clases de zumba.
Falta que el parque esté más curioso, que lo cuiden más porque está hecho polvo
Como ella, Emilio Rodríguez, otro habitual de la zona, relata cómo intenta mantener su rutina pese a las condiciones en las que se encuentra el parque. "Venimos aquí todos los días, nos traemos unas sopas de letras, un poco de música y se va uno entreteniendo, y luego algunas tardes jugamos a la petanca", explica Rodríguez. Sin embargo, la realidad del parque no acompaña la vitalidad de quienes lo frecuentan.
El parque Lo Morant abrió sus puertas el 10 de mayo de 1987, tras casi cinco años de obras y doce desde la adquisición de los terrenos. Con una inversión de más de 400 millones de pesetas, se convirtió en la segunda mayor zona verde de Alicante, solo por detrás del monte Benacantil. La inauguración contó con la presencia del presidente de la Generalitat, Joan Lerma, del presidente de las Cortes, Antonio García Miralles, y del alcalde de la ciudad, José Luis Lassaletta. Miles de vecinos recibieron plantas y macetas que dieron vida a un espacio pensado para todos los alicantinos.
"Me acuerdo, hace ya años, estaba Lassaletta, que fue quien lo inauguró hará ahora 40 años o por ahí", rememora Julián Ordoñez, uno de los vecinos que más tiempo lleva viniendo al parque. Pese a los años que lleva en marcha, muchos de sus usuarios coinciden en que el tiempo no ha sido amable con el parque Lo Morant. "Ahora mismo, por ejemplo, mi hija que tiene ya 43 años, y cuando tuvimos que hacer las fotos de la comunión vinimos a hacerlas en este parque, y estaba todo muy limpio. Lo que hay ahora mismo, no tiene nada que ver con lo que era", asegura Mari Paz Álvaro, quien compara el pasado del parque con la actualidad.
Mi hija que tiene ya 43 años, y cuando tuvimos que hacer las fotos de la comunión vinimos a hacerlas en este parque, y estaba todo muy limpio. Lo que hay ahora mismo, no tiene nada que ver con lo que era
Pendiente de renovación
El deterioro del parque no es una novedad para los alicantinos. Desde hace años, los vecinos reclaman mejoras para recuperar su antiguo esplendor, especialmente después de que en el año 2022 una reforma fallida dejara las instalaciones en peor estado. La obra se detuvo tras problemas de suministro y acabó con la rescisión del contrato con la empresa encargada por parte del Ayuntamiento de Alicante. Pese a que en los presupuestos de 2026 se incluye una partida simbólica de un euro para su renovación, los residentes consideran que es insuficiente.
Iban a hacer una obra y se enfadaron entre el Ayuntamiento y la empresa, total que lo dejaron manga por hombro y ahí se quedó
"Un arreglazo le falta", asegura Mabel Lalement, mientras Encarna Romero explica las idas y venidas de esta obra incompleta: "Iban a hacer una obra y se enfadaron entre el Ayuntamiento y la empresa, total que lo dejaron manga por hombro y ahí se quedó. Quitaron los bancos y aquí sigue todo levantado con el peligro que eso supone para los vecinos que venimos todos los días".
Y es que a simple vista, Lo Morant necesita mejoras urgentes. Los caminos de tierra presentan grietas y desniveles, dificultando el paso para personas con movilidad reducida, carritos de bebé o sillas de ruedas, muchos bancos están rotos o hundidos, y los rosales que antes decoraban el parque han desaparecido. "En la parte de las rosas de pitiminí no queda ninguna, solo hay mosquitos, está abandonado", añade Mabel Lalement. Emilio Rodríguez apunta que incluso las fuentes y bordillos han desaparecido: "Hecho una ruina, no funciona ni el agua, las fuentes están secas".
Hecho una ruina, no funciona ni el agua, las fuentes están secas
El antiguo bar del parque, antaño un punto de encuentro, se ha convertido en un refugio para personas sin hogar y está lleno de escombros. Eva Rubio recuerda cómo antes los fines de semana era un lugar de control natural para los padres. "Antes venía muy bien el bar, los padres más o menos controlaban, pero de eso hace mucho tiempo", señala.
Además, los aseos permanecen cerrados o fuera de servicio gran parte del año, un problema especialmente grave para personas mayores y familias con niños. "El aseo básicamente está cerrado todo el año y cuando nos dan ganas de hacer pipí, después de la gimnasia o nos meamos encima o tenemos que salir corriendo", lamenta Mari Paz Álvaro. Juan Antón insiste en la necesidad de su reapertura: "Aquí hay personas mayores que no pueden ir al aseo y se tienen que ir a su casa corriendo".
A lo largo de los años, el parque también ha sido escenario de debates sobre su uso, una de las más recordadas ocurrió hace casi una década, cuando se intentó habilitar un parque para perros dentro del espacio, pero la oposición vecinal logró que la zona no se implementara. "Aquí están prohibidos los perros, se ven perros, están prohibidas las bicicletas, se ven bicicletas… cada uno hace lo que quiere", comenta Encarna Romero.
Teníamos biblioteca, teníamos unos servicios como Dios manda, traías a tus chiquillos y podías estar en la cafetería
Asimismo, la biblioteca y el Punto de Encuentro Familiar (PEF) han dejado de operar en el parque, complicando la vida de quienes dependían de estos servicios. "Teníamos biblioteca, teníamos unos servicios como Dios manda, traías a tus chiquillos y podías estar en la cafetería", recuerda Mabel Lalement.
Actividad vecinal y tradiciones
A pesar de los problemas, Lo Morant sigue siendo un lugar clave para la comunidad. Grupos de vecinos se reúnen a hacer gimnasia, zumba o paseos diarios. "Aquí venimos, creo que somos 60 personas haciendo deporte. Es muy bueno, y hay personas con 80 años haciendo lo que pueden", explica Mari Paz Álvaro. Encarna Romero añade que una simple vuelta equivale a 1.200 metros de caminata, una rutina muy beneficiosa.
El parque también acoge celebraciones importantes como la de la comunidad musulmana que celebra el "Eid Ul-fitr" tras el Ramadán, congregando a unas 4.000 personas según estimaciones de las autoridades locales. Además, Lo Morant se convierte en epicentro de las Hogueras en los días previos al inicio de la Fiesta, con más de 8.000 asistentes disfrutando del certamen de arroces entre comida y muchas ganas de diversión.
Así, el parque Lo Morant no es solo un espacio verde, es historia, memoria, comunidad y tradición. Cada celebración, paseo y encuentro familiar refleja la vida que late en sus senderos. Sin embargo, el desgaste físico y la falta de mantenimiento ponen en riesgo que este pulmón de Alicante continúe siendo un referente. "Es una zona que es el pulmón de Alicante y lo tienen abandonado", subraya Juan Manuel Rodríguez, quien resume en una frase el sentir de muchos vecinos que esperan que Lo Morant recupere el espacio que siempre mereció con esa obra tan esperada como prometida por el Ayuntamiento de Alicante.
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