Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Ciencia

Eloísa del Pino, presidenta del CSIC: "La IA nos ayuda a comprender mejor el cerebro y a encontrar soluciones a la neurodegeneración"

La responsable del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que celebra su reunión anual en Alicante, destaca el trabajo que realiza el Instituto de Neurociencias en la búsqueda de tratamientos para enfermedades como el alzhéimer o el párkinson

Eloisa del Pino, presidenta del CSIC, preside la reunión de esta institución en Alicante

Eloisa del Pino Mutate, presidenta del CSIC / Héctor Fuentes

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
J. Hernández

J. Hernández

Alicante acoge la cumbre del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), institución científica de referencia en España, tercera de Europa y sexta del mundo, para coordinar las estrategias de los 124 centros de investigación que tiene repartidos por todo el país. Entre ellos está el Instituto de Neurociencias, ubicado en el campus de Medicina que la Universidad Miguel Hernández tiene en Sant Joan d'Alacant, que se distingue por sus investigaciones en cerebro o cáncer. La entidad dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades ha duplicado su inversión en este centro pasando en cinco años de siete a quince millones y ha reforzado plantilla, tal y como explica su presidenta, Eloísa del Pino. "Me gustaría que la ciudadanía viera la ciencia como algo cercano y esencial", afirma.

El CSIC celebra su reunión semestral por primera vez en Alicante, que alberga uno de sus centros más prestigiosos...

El Instituto de Neurociencias es un centro de referencia internacional, reconocido con el sello de excelencia Severo Ochoa, que distingue a los mejores institutos científicos de España. Queríamos venir aquí para desarrollar nuestra reunión de trabajo y para visibilizar el enorme potencial científico que existe en Alicante y acompañar a nuestros investigadores.

¿Por qué es un centro puntero?

España tiene capacidad para liderar grandes avances científicos y el Instituto de Neurociencias de Alicante es un ejemplo magnífico de ello. En él trabajan investigadores de enorme prestigio internacional, muchas mujeres científicas brillantes y equipos que están en la primera línea mundial del estudio del cerebro. Queremos visibilizarlo porque realmente es un tesoro en términos científicos y para la provincia de Alicante, un lugar donde se pueden recoger vocaciones científicas de todo tipo.

Hablando de cerebro, ¿estamos cerca de encontrar tratamientos eficaces para el alzhéimer o el párkinson?

Sin duda, hoy estamos más cerca que hace unos años de comprender mejor estas enfermedades y mucho más cerca de lo que podíamos imaginar hace una década. Las nuevas tecnologías, y especialmente la inteligencia artificial (IA), están acelerando enormemente algunos procesos de investigación. Seguramente la IA nos puede ayudar a comprender mejor un órgano tan sofisticado y complejo como es el cerebro, y eso es precisamente lo que nos transmiten muchos de nuestros investigadores. En el Instituto de Neurociencias trabajan en distintas líneas de investigación muy importantes. Una de ellas es la neurodegeneración, es decir, todas aquellas enfermedades relacionadas con el envejecimiento de la población, como el párkinson o el alzhéimer. Pero también en cáncer, en neurogénesis —cómo se forman las neuronas— y en muchos otros ámbitos tanto de ciencia básica como de ciencia aplicada.

Eloísa del Pino, presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Eloísa del Pino, presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en el ADDA / Héctor Fuentes

Terapias innovadoras

Pero aún queda...

Ya existen medicamentos en el mercado para tratar determinadas patologías neurodegenerativas y hemos avanzado en diagnóstico y tratamiento, pero todavía no disponemos de terapias capaces de marcar un antes y un después definitivo en enfermedades como el alzhéimer. Sí hemos visto avances muy importantes en otras patologías, por ejemplo en algunos tipos de leucemia gracias a terapias innovadoras. Ese es el objetivo al que aspira también la investigación en neurociencias: lograr avances que transformen de verdad la vida de los pacientes. La ciencia no es un lujo. Es una herramienta imprescindible para mejorar la vida de las personas, afrontar emergencias, combatir enfermedades y construir el futuro.

La ciencia no es un lujo. Es una herramienta imprescindible para mejorar la vida de las personas

¿Qué analizan en estos encuentros?

Analizamos cómo evoluciona la ciencia, retos y prioridades que debemos marcar y cómo organizarnos para responder a las necesidades de la sociedad. El CSIC es una institución enorme, con unas 17.500 personas trabajando en todas las áreas del conocimiento humano, desde biomedicina hasta humanidades, pasando por física, oceanografía, agricultura o inteligencia artificial. Y en un mundo que cambia tan rápido, necesitamos estar constantemente actualizando nuestra planificación científica.

¿Cuál es la máxima preocupación ahora de la comunidad científica?

Hay muchos retos, pero la IA está cambiando profundamente la manera en que hacemos ciencia. Antes, determinados procesos de investigación requerían muchísimo tiempo de análisis, recopilación de datos o simulaciones. Gracias a la IA podemos acelerar esos procesos y generar conocimiento de una forma mucho más rápida. Nuestro nuevo plan estratégico pretende incorporarla a la actividad científica de manera responsable, ética y sostenible. No se trata simplemente de usar tecnología por usarla, sino de hacerlo con garantías y pensando siempre en el impacto social. Al mismo tiempo, cada una de nuestras áreas científicas analiza las grandes preocupaciones de la sociedad: salud pública, cambio climático, envejecimiento, sostenibilidad del agua, nuevos materiales, energía o transformación digital.

Hantavirus

Hantavirus, ébola... ¿Qué papel tienen los científicos ante nuevos brotes de estas enfermedades?

Después de la pandemia de covid-19 activamos una plataforma de salud global que reúne a científicos de distintas disciplinas para responder rápidamente ante amenazas sanitarias. Participan virólogos y médicos, pero también matemáticos, expertos en datos, sociólogos o especialistas en comunicación científica. Nuestro trabajo consiste en generar evidencia científica: estudiar cómo funcionan los virus, cómo se propagan, qué medidas son eficaces y cómo comunicar correctamente la información a la ciudadanía. En casos como el ébola o el hantavirus, las autoridades sanitarias tienen ya protocolos establecidos. Lo importante es mantener la vigilancia y evitar alarmismos innecesarios. La ciencia debe ofrecer rigor y serenidad.

En el ébola o el hantavirus, las autoridades sanitarias tienen ya protocolos establecidos. Hay que mantener la vigilancia y evitar alarmismos innecesarios.

¿Qué enseñanzas dejó la pandemia?

Nos dejó muchísimas enseñanzas. La primera fue la importancia de trabajar colectivamente y de forma multidisciplinar. La pandemia demostró que la ciencia no puede funcionar en compartimentos aislados. Necesitábamos no solo expertos biomédicos, también investigadores en ciencias sociales que ayudaran a comprender cómo reaccionaba la sociedad ante las restricciones, cómo comunicar mejor las medidas sanitarias o cómo afectaban psicológicamente determinadas decisiones. Otra gran enseñanza fue entender que los científicos no pueden vivir encerrados en una “torre de cristal”. La ciudadanía necesita una ciencia cercana, comprensible y útil. A raíz de esa experiencia, el CSIC creó un grupo permanente de asesoramiento para emergencias y desastres. Hemos intervenido en incendios, inundaciones, en la erupción volcánica de La Palma y también en la dana de València. En muchos casos, nuestros investigadores participaron directamente asesorando a las administraciones públicas.

¿Estamos mejor preparados para afrontar futuras crisis sanitarias?

Sinceramente creo que sí. Hemos aprendido mucho. Hoy existe una mayor coordinación entre sanidad, servicios sociales, protección civil y comunidad científica. La sociedad está más sensibilizada y más formada. Hemos comprendido mejor cómo funcionan las epidemias y la importancia de la prevención. Eso sí, el riesgo sigue existiendo. El cambio climático, la globalización y la enorme movilidad humana favorecen la aparición y propagación de enfermedades. Por eso debemos seguir muy atentos y mantener estructuras de vigilancia científica y sanitaria sólidas.

El cambio climático, la globalización y la enorme movilidad humana favorecen la aparición y propagación de enfermedades

¿Se mantiene el impulso a la ciencia en España?

En los últimos años, sí ha habido un incremento importante de la inversión científica. España ha alcanzado aproximadamente el 1,5% del PIB en inversión en ciencia, la cifra más alta de nuestra historia. Por ejemplo, en el Instituto de Neurociencias de Alicante la financiación se ha duplicado desde 2020. Hemos pasado de unos siete millones de euros anuales a unos quince millones. También ha aumentado mucho el número de investigadores y personal científico. Esto demuestra que existe una apuesta clara por los centros de excelencia.

Semana del Cerebro del Instituto de Neurociencias de Alicante

Semana del Cerebro del Instituto de Neurociencias de Alicante / Alex Domínguez

Recortes en ciencia

¿Existe el riesgo de volver a situaciones de recortes?

Nunca podemos dar nada por hecho. Ya vivimos una etapa muy dura después de 2008, cuando hubo importantes recortes en ciencia. Recuperar aquellos niveles nos costó muchísimos años. El CSIC no recuperó la cifra de investigadores que tenía en 2009 hasta el año 2023. También estamos viendo ejemplos internacionales preocupantes. En países como EE UU o Hungría están disminuyendo presupuestos científicos o limitando la libertad académica. Por eso es fundamental que la sociedad valore la ciencia como un bien estratégico.

¿Qué se puede hacer para evitar que los jóvenes científicos se marchen a otros países?

Lo primero es mejorar las condiciones laborales. En eso hemos avanzado bastante. Antes predominaban las becas precarias y ahora hablamos de contratos con derechos laborales y cotización. También hay más oportunidades de estabilización y más plazas de investigación. Eso facilita que muchos jóvenes puedan desarrollar aquí su carrera. Salir al extranjero es positivo porque permite adquirir experiencia y crear redes internacionales, pero lo importante es que puedan regresar después. Y actualmente España también está siendo capaz de atraer talento extranjero.

Salir al extranjero es positivo porque permite adquirir experiencia y crear redes internacionales, pero lo importante es que los jóvenes regresen

¿En qué disciplinas científicas destaca especialmente España?

Somos muy fuertes en biomedicina, neurociencia, biotecnología, astrofísica y ciencias sociales y humanidades. El CSIC es una de las instituciones científicas más competitivas de Europa y obtiene muchísimos proyectos europeos en programas como Horizonte Europa. Eso demuestra que nuestros investigadores están muy bien posicionados internacionalmente.

¿Cómo puede mejorarse la transferencia de la ciencia a la empresa?

El CSIC ha reforzado toda su estructura de innovación y transferencia tecnológica. No queremos que los investigadores trabajen aislados y luego alguien descubra años después que aquello tenía aplicación práctica. Ahora buscamos colaborar desde el principio con empresas y administraciones. El CSIC licencia patentes, crea empresas derivadas y desarrolla tecnologías aplicables a problemas reales. Un ejemplo reciente fue la dana, donde desarrollamos soluciones para acelerar el secado de viviendas afectadas o mejorar la retirada de lodos.

Evitar un retroceso

¿Qué le gustaría cambiar del sistema científico español?

Me gustaría consolidar el crecimiento de la ciencia y garantizar que nunca volvamos a etapas de retroceso. Debemos mejorar las condiciones salariales y laborales no solo de investigadores, sino también de técnicos y personal de administración y servicios. Y sobre todo me gustaría que la ciencia ocupara un lugar todavía más central en la sociedad española.

¿Preocupa esa pérdida de libertad científica en algunos países?

Mucho. Varias de las principales instituciones científicas europeas hemos firmado una declaración en defensa de la libertad académica. La ciencia necesita autonomía. Nos preocupan situaciones donde se limita qué temas pueden investigarse o donde se producen presiones ideológicas sobre investigadores. Durante la pandemia vimos cómo algunos científicos sufrían acoso en redes sociales, especialmente en temas como vacunas o cambio climático. Las instituciones debemos proteger a nuestros investigadores.

Las vacunas han salvado millones de vidas y sus beneficios son muchísimo mayores que sus riesgos

¿Cómo se combate la desinformación científica?

La clave principal es la alfabetización científica. Cuanto mejor entiende la sociedad cómo funciona la ciencia, menos espacio hay para bulos o pseudoterapias. También es importante que medios de comunicación, profesores, médicos y líderes sociales transmitan información rigurosa. La desinformación puede tener consecuencias muy graves, especialmente en salud pública. Lo vimos con los movimientos antivacunas.

En redes sociales circulan muchas teorías contra las vacunas. ¿Qué dice la evidencia científica?

La evidencia científica es muy clara: las vacunas han salvado millones de vidas y sus beneficios son muchísimo mayores que sus riesgos. Gracias a las vacunas pudimos recuperar la normalidad tras la pandemia y hemos logrado reducir enormemente enfermedades que antes eran devastadoras. Ningún tratamiento médico está completamente exento de riesgos, pero los asociados a las vacunas son mínimos comparados con sus beneficios.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents