El Mercado Central de Alicante, entre la memoria histórica y los cambios de la ciudad
El edificio centenario mantiene su papel como uno de los puntos más importantes mientras afronta problemas de mantenimiento, el auge del turismo y la transformación de su modelo tradicional de venta entre puestos históricos, hostelería y nuevos hábitos de consumo

Alex Domínguez
En Alicante, el Mercado Central sigue funcionando como uno de los lugares más concurridos de la ciudad. Desde primera hora de la mañana, vecinos, comerciantes, repartidores y turistas se mezclan entre los pasillos de un edificio que forma parte de la rutina diaria de miles de personas. Hay quien entra a comprar pescado o fruta fresca, quien aprovecha para desayunar y quien simplemente atraviesa el mercado camino a su lugar de trabajo. Más de un siglo después de su construcción, este espacio continúa siendo uno de los principales puntos de encuentro de Alicante.
Pero el Mercado Central no es solo un espacio comercial, su historia también está marcada por uno de los episodios más duros que vivió la ciudad durante la Guerra Civil. El bombardeo del 25 de mayo de 1938 convirtió este lugar en símbolo de memoria histórica para Alicante. Hoy, mientras el mercado afronta debates sobre turismo, hostelería o mantenimiento, comerciantes y clientes conviven cada día entre su historia y con los cambios que atraviesa la ciudad.
El Mercado Central comenzó a construirse oficialmente en 1911, cuando el rey Alfonso XIII colocó la primera piedra acompañado del entonces presidente del Gobierno, José Canalejas. El proyecto pasó por distintas fases y arquitectos hasta que finalmente fue concluido entre 1917 y 1921 bajo la dirección de Juan Vidal. Desde entonces, solo ha cerrado una vez: durante la gran reforma de 1986.
El mercado siempre es el mercado, aquí es donde mejores productos tenemos en toda la ciudad
Hoy alberga 292 puestos distribuidos en más de 11.000 metros cuadrados, pero para muchos de sus vendedores, el mercado no se explica únicamente desde la arquitectura o las cifras, su historia también está ligada a las vidas que han pasado entre estos pasillos. José Torres, antiguo vendedor, recuerda que prácticamente se crió dentro del edificio. "Yo soy un veterano del mercado, tengo noventa y pico años y cuando era pequeñito mi madre me metía aquí en un cesto a dormir", cuenta mientras recuerda como antes se abría "todo el día, los sábados entero y los domingos hasta la una, ahora es diferente".
Las décadas han transformado el funcionamiento del mercado y también a sus clientes. "¿Si ha cambiado? De precio, sí", resume entre risas Lolín Martínez, clienta habitual. Otras voces, sin embargo, apuntan a cambios más profundos. "Muchísimo", asegura Charo Pastor, frutera desde los años sesenta. "Pero el mercado siempre es el mercado, aquí es donde mejores productos tenemos en toda la ciudad", añade.
El reloj que se detuvo en 1938
Pero la historia del Mercado Central no puede separarse del bombardeo del 25 de mayo de 1938. Aquella mañana, entre siete y nueve aviones de la aviación fascista italiana despegaron desde Mallorca y lanzaron alrededor de noventa bombas sobre el centro de Alicante. El ataque impactó especialmente sobre el mercado y sus alrededores. Las sirenas no llegaron a sonar: la maniobra evitó las defensas antiaéreas de la ciudad. El balance fue devastador: más de 300 muertos y cerca de un millar de heridos, en su mayoría mujeres y niños que se encontraban comprando a esa hora.
La columna de nuestra parada tenía dos o tres metrallas incrustadas de las bombas de aquel día. Eran columnas de hierro y uralita al aire libre
Todavía hoy quedan rastros físicos y emocionales de aquel día, como el de José Torres, que recuerda las marcas que quedaron en las estructuras del mercado. "La columna de nuestra parada tenía dos o tres metrallas incrustadas de las bombas de aquel día. Eran columnas de hierro y uralita al aire libre", explica.
Charo Pastor nació apenas dos meses después del bombardeo. "Ya no se recuerda tanto el bombardeo, ha pasado mucho tiempo y la juventud es diferente", lamenta. Aun así, la memoria sigue presente entre quienes trabajan allí cada día y también entre quienes visitan el edificio por primera vez. "Hay muchos colegios y estudiantes ingleses que preguntan y van a ver el reloj que está en la entrada", explica Marga Fernández, frutera del mercado. Ese reloj detenido se ha convertido con el tiempo en uno de los símbolos del bombardeo y de la memoria democrática de Alicante.
Sin embargo, los homenajes a las víctimas ya no se realizan de forma conjunta. Desde 2024, los actos conmemorativos se celebran por separado: por un lado, la Comisión Cívica para la Recuperación de la Memoria Histórica junto a partidos de izquierdas; por otro, el acto institucional impulsado por el equipo de gobierno municipal del PP. Una división que refleja también las tensiones políticas alrededor de la memoria histórica, la última el pasado año entre el Gobierno y el ejecutivo de Barcala por la colocación de una placa que reconocía al Mercado como Lugar de Memoria Democrática.
El mercado y las reformas pendientes
Pese al peso de la historia, la vida diaria del Mercado Central continúa marcada por la actividad constante de los puestos y por una clientela que sigue apostando por el comercio tradicional. En la planta de pescadería, el ritmo es continuo. "Tanto la merluza como el salmón son nuestros productos estrella", explica María Rojas mientras atiende pedidos y prepara género. Rafaela Alcaide destaca otra de las características del mercado: "Los clientes no van solo a uno puesto, vienen y compran en un puesto una cosa y en otro otra. Cada uno tiene sus preferencias".
Esa relación de confianza sigue siendo uno de los grandes valores del mercado frente a las grandes superficies. "A mí me gusta todo lo que hay en el mercado como la verdura, el pescado y el fiambre. Yo compro aquí todo", afirma Lolín Martínez. Muchas personas mantienen además rutinas muy vinculadas al mercado como María Aurelia Guijarro llega desde la playa de San Juan junto a otras amigas después de sus clases de gimnasia. "Ahora cogemos el TRAM y con lo que hemos comprado nos vamos a casa muy cómodas", cuenta cargada de bolsas.
No es normal que no tengamos aseos para los que trabajamos aquí en el mercado, tenemos que hacer la misma cola que todos
Pero junto a la actividad diaria también aparecen problemas que los comerciantes llevan años denunciando. Las goteras, las averías en ascensores y montacargas o los fallos en la climatización forman parte de las reclamaciones habituales de vendedores y clientes. "Cada vez que llueve, llueve más dentro que fuera", protesta María Rojas. La pescadera denuncia además una situación que considera impropia de un edificio de estas dimensiones: "No es normal que no tengamos aseos para los que trabajamos aquí en el mercado, tenemos que hacer la misma cola que todos".
Las deficiencias afectan especialmente a instalaciones antiguas que llevan años pendientes de renovación. "Algún arreglillo sí que le hace falta", reconoce Marga Fernández, quien señala como "los ascensores y algunas instalaciones antiguas deberían reformarse poco a poco; y los servicios, también”.
Los ascensores y algunas instalaciones antiguas deberían reformarse poco a poco. Los servicios también
Los comerciantes insisten en que muchos de estos problemas se arrastran desde hace demasiado tiempo. Charo Pastor reclama actuaciones más profundas y advierte de los riesgos de algunas zonas deterioradas. "Al mercado bien podrían venir y taparnos todas las grietas y goteras que hay. Yo tengo una gotera ahí delante y el día que una persona se caiga vamos a tener un disgusto muy grande", asegura.
A esas reivindicaciones se suman otras demandas históricas relacionadas con el entorno urbano del mercado, como el desbloqueo del parking de la Lonja o la reurbanización de calles cercanas como Capitán Segarra, recientemente parcheada. Aunque algunas actuaciones ya han comenzado, los comerciantes consideran que las mejoras avanzan lentamente para un edificio que soporta miles de visitantes diarios.
El debate sobre la hostelería y el turismo
Y es que el modelo tradicional del mercado también está atravesando un proceso de transformación. En los últimos años, los bares y puestos de restauración han ganado presencia dentro del edificio y se han convertido en uno de los focos donde surgió el conocido tardeo alicantino.
Los fines de semana, especialmente los sábados, el ambiente cambia por completo. "El viernes por la tarde ya empieza el tardeo y el sábado es el día más fuerte para nosotros", explica Daniel Rodríguez, hostelero del mercado. La combinación de tapas, bebida y música ha convertido esta zona del centro en uno de los puntos de encuentro más populares de la ciudad.
No me gusta tanto bar aquí dentro, me gusta más mercado y menos bares
El Ayuntamiento ha iniciado además la modificación de la ordenanza de mercados para adaptar estos espacios a los nuevos tiempos. La intención municipal pasa por integrar la restauración sin perder la esencia comercial del mercado. Entre los vendedores hay opiniones diversas sobre este cambio, algunos consideran que la hostelería ha ayudado a revitalizar el espacio y atraer nuevos públicos. "Eso anima mucho porque hace que el mercado tenga mucha vida", afirma Marga Fernández. Otros, sin embargo, creen que el equilibrio empieza a romperse. "No me gusta tanto bar aquí dentro, me gusta más mercado y menos bares", reconoce Lolín Martínez.
El crecimiento turístico de Alicante también ha transformado el día a día del mercado. En los últimos años, el edificio se ha convertido en una parada habitual dentro de muchas rutas organizadas para visitantes extranjeros y pasajeros de cruceros. "Se ve que en otros países no ven tantos pescados así porque alucinan", comenta María Rojas.
Nos llenan el mercado de gente haciendo fotos que no compra nada y que obstaculiza la compra del cliente del día a día
Pero el aumento del turismo también ha generado problemas de convivencia dentro de un espacio pensado originalmente para la compra diaria. Para intentar ordenar esa situación, se han establecido algunas medidas como limitar los grupos turísticos a un máximo de 25 personas y eliminar los sistemas de megafonía dentro del mercado. Sin embargo, comerciantes y clientes aseguran que estas normas no siempre se cumplen. "Nos llenan el mercado de gente haciendo fotos que no compra nada y que obstaculiza la compra del cliente del día a día", apunta Rafaela Alcaide.
Además, frente al edificio se ubica la hoguera Mercado Central, fundada en 1928 como una de las nueve comisiones fundadoras de las Hogueras. A lo largo de los años, la comisión ha contado con representantes destacadas como las Belleas del Foc Solita Vals y Remedios Serna, además de varias damas de honor. Este 2026, esa relación continúa con Marta Salaberri, actual dama de honor de la Bellea del Foc, vinculada a la comisión.
Así, más de cien años después de su apertura, el mercado sigue siendo uno de los lugares donde mejor se entiende cómo cambia la ciudad y cómo parte de su memoria permanece todavía entre estos pasillos.
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