LA CALLE ES NUESTRA
Tomás Durá, un camino entre la playa de Urbanova y el saladar que no pierde la calma
El paseo marítimo mantiene una identidad propia en un barrio marcado por la tranquilidad, la vida vecinal y un crecimiento urbanístico limitado, aunque arrastra históricas reclamaciones por la falta de servicios y transporte público

Alex Domínguez
Hay barrios que se construyen alrededor de una plaza y otros que crecen siguiendo una carretera. Urbanova, en cambio, nació entre el mar y los saladares, un enclave al sur de Alicante que ha vivido durante décadas en una especie de equilibrio extraño, lo suficientemente cerca de la ciudad como para formar parte de ella, pero también lo bastante aislado como para mantener un ritmo propio y carencias en los servicios.
Quien llega hoy al paseo litoral de Tomás Durá, el eje central de este barrio, encuentra familias caminando junto a la playa, jubilados tomando el sol y vecinos que se conocen por el nombre. Todo en un barrio que cambia radicalmente según la época del año: en verano, miles de personas llenan los apartamentos y las terrazas, mientras que en invierno, las calles recuperan una calma casi impropia de una playa alicantina. Urbanova es, para muchos de sus residentes, precisamente eso, un lugar apartado del ruido donde todavía es posible vivir con cierta tranquilidad frente al mar.
El paseo marítimo lleva el nombre de Tomás Durá, el ingeniero de obras públicas que impulsó el desarrollo de esta zona en los años cincuenta. Nacido en Santa Pola en 1921 y criado en Alicante, Durá compró en 1953 unos terrenos prácticamente desérticos tras ver un anuncio en un periódico. Así, en un espacio en el que hoy hay urbanizaciones, restaurantes y zonas ajardinadas, entonces solo había playa, dunas y una amplia panorámica de la bahía de Alicante.
Tenemos amistades, nos reunimos todos los días, esto nos hace muy felices a todos los que vivimos en Urbanova
Su idea iba más allá de levantar un hotel o construir viviendas junto al mar, Durá imaginaba un gran paseo litoral que uniera San Juan y Santa Pola e incluso proyectó un palacio de congresos para Alicante que nunca llegó a construirse, y con el que a día de hoy tampoco cuenta la ciudad. También participó en iniciativas vinculadas al turismo y al deporte y defendió la ubicación actual del aeropuerto de Alicante-Elche. Décadas después de su fallecimiento, en 1989, su nombre permanece unido a este tramo del litoral.
Hoy, el paseo es el eje de la vida cotidiana del barrio. "Esto es maravilloso, un paraíso", resume Rafael Velasco mientras camina junto a la playa. A pocos metros, Martina Fervenza asegura que no cambiaría Urbanova "por nada", y Graciela Miguelez habla de un día a día marco por caminatas y reuniones entre vecinos. "Tenemos amistades, nos reunimos todos los días, esto nos hace muy felices a todos los que vivimos en Urbanova", explica.
De urbanización a barrio
Urbanova tal y como la conocemos ahora comenzó a desarrollarse en 1972 impulsada por la promotora Urbincasa. El proyecto apostaba por un modelo residencial familiar y relativamente contenido en comparación con otras zonas turísticas de la costa alicantina como el Postiguet o Benidorm. Mientras playas como la de San Juan multiplicaban su construcción durante el auge urbanístico de la segunda mitad del siglo XX, aquí el crecimiento fue más pausado. Las primeras cuatro torres construidas hace 54 años fueron el punto de partida de un barrio que hoy ronda las 2.000 viviendas y cuenta con más de una veintena de locales comerciales.
Mis padres compraron un piso en la primera fase que se hizo en Urbanova, fue hace muchísimos años. Éramos muy pocos y nos lo pasábamos muy bien
Muchos de sus residentes actuales llegaron cuando apenas existía una fase construida y la playa estaba lejos de parecerse a la de hoy. "Mis padres compraron un piso en la primera fase que se hizo en Urbanova, fue hace muchísimos años. Éramos muy pocos y nos lo pasábamos muy bien", recuerda Pepa Querol, que pasó su adolescencia en Urbanova. Una imagen que también comparte Paquita Cerrillo, vecina desde hace más de cinco décadas de este barrio: "Veníamos con escobas a la playa para apartar las maderas y las algas poder poner la toalla y fíjate ahora que playa más buena tenemos".
El crecimiento transformó el barrio, pero sin llegar nunca a convertirse en una gran concentración turística. Vicente Riquelme, propietario de una tienda de alimentación, ha visto cambiar el entorno durante décadas. "Esto ha cambiado un 90 %, y para bien, ahora hay más edificios, más gente y gente más joven", señala desde su negocio.
Un crecimiento frenado
A diferencia de otras zonas costeras de Alicante, Urbanova no siguió expandiéndose de forma masiva, ya que el entorno natural condicionó su desarrollo. El barrio quedó encajado entre el mar, el aeropuerto y el espacio protegido de los saladares, lo que limitó nuevas construcciones. "Está rodeado por las salinas, por eso tampoco hay mucho más terreno que ocupar", explica José María Delgado, residente desde hace treinta años. Para algunos vecinos, esa contención urbanística ha terminado siendo una ventaja. "Está perfecto así, no existe esta masificación que puedes encontrar en Benidorm o otras zonas de Alicante", opina Rafael Velasco.
Además, gran parte de la actividad diaria en este barrio se desarrolla dentro de las propias urbanizaciones. Piscinas, pistas deportivas, jardines y zonas comunes han configurado un modelo de convivencia muy ligado a la vida residencial. "Esta urbanización es muy tranquila porque nació como segunda residencia, pero cuando hay algún día festivo y viene gente de Alicante o de otras ciudades se nota", explica Pepa Querol.
No pasan coches por el paseo y estás en primera línea de playa muy tranquila, es lo mejor que tiene
Esa tranquilidad es precisamente uno de los argumentos más repetidos por quienes viven allí todo el año. "Aquí no hay ruidos, hay mucha paz", resume Martina Fervenza. El tráfico reducido y la proximidad de la playa hacen que muchos residentes perciban Urbanova como un lugar cómodo para caminar y hacer vida al aire libre. "No pasan coches por el paseo y estás en primera línea de playa muy tranquila, es lo mejor que tiene", destaca Teresa Orts.
La diferencia entre estaciones, sin embargo, sigue marcando el ritmo del barrio. Durante julio y agosto, la población se multiplica, los bares y restaurantes trabajan a pleno rendimiento y el paseo recupera la actividad constante. En invierno, la situación cambia completamente. "Se nota muchísimo, en verano podemos llegar a ser aquí unas 10.000 personas y en invierno no creo que lleguemos a 1.000. Pero aun así siempre quedan bares y restaurantes abiertos y se está agradable", afirma, José María Delgado.
Se nota muchísimo, en verano podemos llegar a ser aquí unas 10.000 personas y en invierno no creo que lleguemos a 1.000
Servicios, caravanas y transporte limitado
El Ayuntamiento de Alicante acometió en 2014 una de las principales actuaciones reclamadas por los vecinos: la remodelación del paseo marítimo de Tomás Durá. La obra incluyó la sustitución del muro que separa la playa de la zona peatonal, deteriorado tras años de exposición al mar. La reforma mejoró la accesibilidad y modernizó parte del frente litoral. Sin embargo, no todas las decisiones urbanísticas convencen a los residentes. "Hicieron una obra un poco regular, la gente se cae continuamente porque no lo ve los escalones que pusieron en el paseo. Siempre hay ambulancias viniendo a por personas por ese motivo", critica Vicente Riquelme.
Hicieron una obra un poco regular, la gente se cae continuamente porque no lo ve los escalones que pusieron en el paseo
Y aunque muchos residentes valoran la calma, también reconocen que vivir en Urbanova durante todo el año tiene inconvenientes, y es que la falta de determinados servicios básicos aparece de forma recurrente en las conversaciones vecinales. "Tenemos restaurantes y una tienda de alimentación, pero faltan servicios como el consultorio médico, que solo funciona durante los meses de verano", resume Martina Fervenza. Desde hace unos años, también dispone de un mercadillo, pero solo en verano.
El transporte público es otra de las principales reclamaciones, la única línea de autobús con la que cuenta el barrio para conectarse con Alicante tiene frecuencias consideradas insuficientes por quienes dependen de ella para desplazarse. "Autobuses nos haría falta, porque hay una sola línea y tiene pocos horarios y eso sería importante", apunta Graciela Miguelez.
Nosotras ni nos lo hemos planteado lo del autobús porque como tengo coche y conduzco, pues hemos venido en coche
Esa dependencia del coche hace que muchos visitantes apenas perciban el problema. "Nosotras ni nos lo hemos planteado lo del autobús porque como tengo coche y conduzco, pues hemos venido en coche", reconoce Alfonsa Jiménez.
Además, durante años, una larga fila de caravanas ha formado parte del paisaje habitual de la playa de Urbanova. "Estaban ahí las caravanas, pero ahora parece que las han sacado de verdad. Como ese lugar no tiene servicios entonces la gente hacia un poco de tirar al mar las cosas y por eso me parece que han prohibido, pero bueno si pusieran servicios para la gente sería buenísimo", reconoce Martina Fervenza.
De esta forma, Urbanova vive entre dos velocidades, la del verano, marcada por el turismo, las terrazas llenas y la playa abarrotada, y la del invierno, cuando el paseo recupera un silencio que muchos vecinos consideran su mayor atractivo, una dualidad que define la identidad de este barrio.
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