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El Archivo Municipal de Alicante dice adiós a Santiago Linares, su cara más visible

El técnico se jubila tras 35 años, después de "disfrutar del patrimonio documental de la ciudad" y de seguir detectando el "interés" de los alicantinos por su historia

Santiago Linares en la hemeroteca del Archivo Municipal de Alicante dedicada a INFORMACIÓN.

El Archivo Municipal de Alicante dice adiós a Santiago Linares, su cara más visible / Jose Navarro

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Manuel Lillo

Manuel Lillo

El Archivo Municipal de Alicante notará una ausencia significativa a partir de las fiestas de Hogueras. Santiago Linares, el técnico que más ha trabajado de cara al público en las últimas décadas, abandona el espacio municipal tras alcanzar la jubilación. Los investigadores de todo tipo, desde estudiantes hasta personas más mayores dispuestos a confeccionar un árbol genealógico eterno a través del censo, pasando por profesores de universidad e incluso por turistas, ya no contarán con la orientación que Linares ha ofrecido en los últimos 35 años.

No es mucho tiempo si se compara con la inmensidad de épocas que se preservan en el archivo, con documentos que datan desde el siglo XIII. Pero no es poco si se tienen en cuenta los cambios que ha experimentado el servicio municipal y el mundo de la archivística y de la historiografía a través de fenómenos como la digitalización, del que no ha escapado casi ningún ámbito.

Linares se incorporó al Archivo Municipal el 1991. Entonces se encontraba en los bajos del Ayuntamiento y en 1991 comenzó el traslado a su ubicación actual, en la calle Labradores. Un edificio emblemático, que había pasado incluso por las manos de la familia Maisonnave, fue vendido al Consistorio para la nueva utilidad. "Aquí se ganó espacio, se ganó capacidad y se construyeron depósitos con buenas condiciones de climatización y humedad", detalla el técnico, que recuerda el anterior archivo como un lugar "con una acumulación de papeles que llevaban allí muchos años y con muy poca seguridad".

Su primera jefa fue María Jesús Paternina, entonces directora del archivo y conocida por haber sido una de las grandes protagonistas de la conservación de la historia de Alicante -como también lo es la directora actual, Susana Llorens, bajo cuyo mandato se jubila Linares. El cambio de ubicación coincidió con el centenario de la ciudad, celebrado en 1992, y ya entonces "se creó esa conciencia de recuperar la memoria gráfica", la que el técnico más valora a través de fotografías como las de Paco Sánchez, Eugenio Bañón o Manuel Cantos. Las donaciones de particulares también contribuyeron, y aún lo hacen, a la ampliación del fondo.

Fotografía de Manuel Cantos del Castillo de Santa Bárbara.

Fotografía de Manuel Cantos del Castillo de Santa Bárbara. / Jose Navarro

La cara más visible del archivo expresa su especial interés por la fotografía. Que no es solo suyo, porque es un género muy demandado por los visitantes del archivo. "Es el documento de moda para hacer trabajos y publicaciones porque la fotografía es muy llamativa", afirma. Linares destaca la obra de Paco Sánchez, "un fotógrafo de gran calidad que abarca desde los años treinta hasta los setenta del siglo XX, cuando murió". De él valora "su relación con los intelectuales de la época y sus imágenes de paisajes y de la Guerra Civil".

El otro fotógrafo que destaca, Manuel Cantos, "trabajó desde finales del siglo XIX hasta 1930 y tiene imágenes del puerto, del castillo o del antiguo paseo de los Mártires", la actual Explanada, que descubren la ciudad de Alicante que desapareció hace décadas y las pocas cosas de entonces que aún quedan de la ciudad.

Pero no solo de fotografías vive el archivo. "Guardamos desde pergaminos municipales del siglo XIII hasta los expedientes de hace unos años, documentos de obras particulares, de apertura de establecimientos, actas del Ayuntamiento y todo el fondo de Hogueras", en el que se incluyen carteles, bocetos o expedientes. En total, seis kilómetros y medio de estanterías para acumular el material. "Como de aquí a la playa de San Juan", calcula el técnico que se aproxima a la jubilación.

Además de la fotografía y de los padrones para investigar los nombres y el lugar de residencia de los antepasados, Linares asegura que las consultas en el archivo son "de todo tipo", y no establece un orden de preferencia del público. "Ahora tenemos a un investigador que estudia el comercio de la nieve, muy importante entre los siglos XVI y XVII cuando traían este material desde Alcoy por La Carrasqueta, en carros con leña para que aguantara", añade.

Boceto de una hoguera de 1934.

Boceto de una hoguera de 1934. / Jose Navarro

Otros documentos solicitados son los planos de arquitectura de los edificios históricos de Alicante. "Hay muchos estudiantes que consultan los de Juan Vidal, Miguel López o Guardiola Gaya", dice en referencia a arquitectos históricos con presencia en Alicante. "Pero hay interés por todas las materias", afirma, y pone como ejemplo "la gran cantidad de visitantes que acuden al archivo para buscar información sobre Hogueras" para redactar artículos en llibrets. "Gente que a lo mejor no tiene la oportunidad de publicar en una revista científica y que lo hace en llibrets, donde cada vez se mejora más la edición y la temática", explica.

Otros documentos cotizados son los del siglo XVIII, especialmente en décadas pasadas, cuando "fue muy trabajada por los profesores y catedráticos de la Universidad de Alicante", en la que Linares se formó. O las hemerotecas, con prensa histórica desde el siglo XIX, aunque "la más consultada es la de los años veinte y treinta, sobre todo la de la Guerra Civil".

La modernidad trajo consigo la digitalización de documentos, que apaciguó la presencialidad en el archivo. La demanda de documentos visibles a través de móviles y ordenadores creció conforme la costumbre se consolidó. Linares recuerda que "no todos los documentos están digitalizados", que "no todo está en internet", y subraya el placer de "consultar documentos originales físicamente". Aunque "eso ha cambiado mucho" y "la gente pide cosas por WhatsApp, por e-mail y por teléfono para trabajar a distancia".

Imagen de Manuel Cantos del antiguo Portal de Elche.

Imagen de Manuel Cantos del antiguo Portal de Elche. / Jose Navarro

Para adaptarse a esta dinámica y para aprovechar las ventajas de la digitalización, el Ayuntamiento dispone de una nube en el que se depositan estos fondos tras años trabajando con disquets y CD-rom. De hecho, buena parte de la jornada laboral en el archivo se dedica precisamente a la digitalización y al escaneo de documentos para "conservar las fuentes y catalogarlas para que sean accesibles", ya que "un fondo sin catalogar es un fondo perdido". Hacer fichas "fondo por fondo, expediente por expediente para poder hacer búsquedas por nombre, por materia, por calle y por año" conlleva un esfuerzo que impide que el archivo abra al público más de 15 horas semanales, tres horas de lunes a viernes (de 10:00 a 13:00), un periodo destacadamente menor al de otros fondos en la provincia.

Preguntado por si el archivo necesita más gente, Linares responde que son seis personas fijas y que, "evidentemente, cuantos más trabajadores mejor", pero matiza que eso no depende de ellos. Con sus recursos atienden al público, que tiende a regresar y que en ocasiones conoce el fondo a edad temprana. Un caso, en este sentido, es la visita de los foguerers más pequeños de la hoguera Mercado Central, que "vinieron a ver fotografías antiguas para el llibret infantil".

Otros nuevos visitantes están más entrados en años, fundamentalmente los turistas y "especialmente los de crucero, que vienen a ver exposiciones sobre todo en verano". Linares se sorprende cuando descubre el interés que les despierta la historia de Alicante. "Uno de los últimos ejemplos fue el de una diseñadora gráfica brasileña que se quedó boquiabierta viendo los carteles de Hogueras de los años veinte". El técnico afirma, en este sentido, que "en los últimos años se ha notado que hay turistas cultos con interés por la historia de Alicante", tal como han demostrado con sus visitas al archivo.

Mirada al pasado

Sin embargo, preguntado por los mejores momentos en el archivo, Linares destaca sus relaciones con "periodistas, profesores e intelectuales". Especialmente con los tres últimos cronistas, con quien ha tenido la oportunidad de interactuar. De Enrique Cerdán Tato recuerda que "hablar con él era como escuchar un relato literario de manera constante: contaba sus anginas de pecho como si fueran una novela". De Enrique Cutillas su "interés por la Santa Faz y su predisposición a todo el mundo que lo necesitara", virtud que también le otorga a su antecesor. Y de José María Bonastre, de quien también valora su "generosidad" y, recuerda las horas que pasaba "consultando hemerotecas", una de sus principales actividades. La figura de cronista de la ciudad, amortizada en su momento, ya no existe en Alicante, aunque el técnico duda de si tendría sentido recuperarla "teniendo en cuenta el papel que ejerce la Universidad".

Treinta y cinco años después de incorporarse al archivo, y con la jubilación a las puertas, Linares se muestra "muy agradecido de trabajar con el patrimonio documental de la ciudad, del que he disfrutado". La suya ha sido la cara más visible del fondo por ocupar la planta principal, por la que acceden los investigadores y en la que tienden a quedarse para trabajar. Cuando pasen los días de Hogueras ya no contarán con su principal orientador en el fondo de la calle Labradores.

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