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La Ruta de la Madera de Alicante, de rockera a comercial

El cierre del pub Avalon hace ahora veinte años, que acogió numerosas tribus urbanas atraídas por la oferta musical, marcó un antes y un después en unas calles dominadas por la cultura alternativa, por el ruido y la incomodidad vecinal que derivaron en restricciones y en la proliferación de nuevos negocios

La entrada del antiguo pub Avalon en una imagen de 2002.

La entrada del antiguo pub Avalon en una imagen de 2002. / INFORMACIÓN

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Manuel Lillo

Manuel Lillo

Un ambiente irrecuperable. Es lo que la mayor parte de las personas consultadas echan de menos años después de los cambios que transformaron la Ruta de la Madera. La zona de ocio nocturno dominada por pubs de todos los estilos posibles del rock más alternativo alberga hoy comercios y restaurantes, muchos concebidos para los turistas, y mantiene apenas tres bares de la época que evocan un tiempo que ya pasó.

Todo empezó a cambiar, coinciden muchos testigos de la época, con el cierre del bar Avalon. Hace ahora veinte años Raquel Tejada, una de las camareras, acudió a abrir el local el viernes 25 de mayo y se encontró con el edificio derruido. «Nuestros jefes no nos informaron y nunca nos dieron explicaciones», recuerda esta actual administrativa, que trabaja para un banco y que desconoce, aún a día de hoy, el motivo del cierre.

El Avalon, en la parte baja de Poeta Campos Vasallo, representó el momento de más bullicio en las calles ubicadas entre Alfonso el Sabio y Benito Pérez Galdós. Entre 1999 y 2006 se sumó a la escena alternativa de la Ruta. Si hasta entonces cada tribu urbana tenía su bar de referencia, en el local citado se reunían jóvenes con estética punk, metal, rapera, hippie «e incluso bakalas y gente normal», recuerda Álvaro Sentamans, que como tantos otros clientes del local acabó trabajando en él ejerciendo de DJ ayudándose del reproductor Winamp.

Bares en la antigua Ruta de la Madera

Bares en la antigua Ruta de la Madera. / INFORMACIÓN

«Esa variedad, esa tolerancia, nunca la hemos vuelto a ver en un mismo local», explica el actual informático. Pero no solo del Avalon vivió la ruta. Andreu Terol, también informático y residente desde hace dos décadas en Inglaterra, donde vive con su mujer y sus dos hijos que se acercan a la mayoría de edad, empezó a frecuentar la ruta tras el cierre de La Posta, un pub de heavy metal de La Zona, en los alrededores de la plaza Doctor Balmis. La clausura le condujo a la ruta, concretamente a La Carcoma, para acabar visitando con asiduidad el Star Gate, «que pasó del heavy al punk»; el Gaztetxe, La Maskletà, el Evening (bar heavy que se convirtió en un pub de salsa), el Farenheit, El Camarote, el Black Dog o el Avalon.

De estos locales, y muchos otros como el Ruta 13, el Malas Artes, el Antídoto, el Cherokee (actual Stereo) o el Brujos surgieron diferentes grupos musicales. El que más éxito tuvo en aquella generación fue Konsumo Respeto, que acabó ofreciendo conciertos en México, Colombia, Argentina, Chile y Uruguay. Su vocalista, Jorge Rodríguez, recuerda que su primer concierto fue en el Avalon, que albergó a medio centenar de personas, superando de largo el límite que hoy se habría establecido. «En la ruta ponían la música que nos gustaba, había precios populares y muy buen ambiente, es normal que surgieran tantos grupos» que, en muchos casos, tuvieron en el Alacant Desperta su primera puesta de largo.

Portal actual ubicado en el antiguo pub Avalon, con una inscripición que lo recuerda.

Portal actual ubicado en el antiguo pub Avalon, con una inscripición que lo recuerda. / Jose Navarro

En aquella actuación de estreno, que se celebró en octubre del año 2000, participó también Gustavo Heredia, guitarrista del grupo telonero, Papel del Culo, que posteriormente integró Bakteria Sozial y Akto Vandáliko, grupo (este último) del que Andreu Terol fue vocalista. Heredia, actualmente carnicero y padre de dos hijas, destaca que «la apertura del Avalon», en 1999 «trajo gente muy joven que renovó el ambiente de rock que siempre se vivió».

A eso se sumó la comentada mezcla de tribus urbanas que «en otras ciudades como Valencia se llevaban a matar, pero en Alicante convivían», dice Ana Miralles, antigua camarera y visitante habitual de la ruta que «se sintió fuera de lugar» tras el cierre de aquel bar en cuyo descampado resultante de la demolición del edificio (que hoy alberga un bloque en el que se lee, con discreción, el nombre del antiguo local) se realizaron, durante semanas, botellones por parte de los clientes que se sintieron huérfanos de su espacio.

Cambios

Aún hay locales que sobreviven en la Ruta de la Madera, bautizada con aquel nombre por el material del que se dotaban los locales de ocio. Resiste con esta estética El Tributo, en la esquina que une las calles Capitán Segarra con Juan de Herrera. Su propietaria, Yolanda Berenguer, adquirió el local en 2007 después de estrenarse en el barrio y de haber frecuentado la ruta durante los años anteriores. «Había muchos locales y era otra época, pero todo ha ido cambiando». La hostelera relaciona este desenlace con la falta de concesión de nuevas licencias y con los cambios en los horarios.

Estas modificaciones han evitado la proliferación de locales del estilo, y provocan que los clientes de toda la vida se mantengan en los que siguen abiertos. De hecho «el tipo de cliente es el mismo, tanto el antiguo como el nuevo», dice la propietaria de este bar de música metal.

Negocio de hostelería actual en la calle Poeta Campos Vasallo de Alicante.

Negocio de hostelería actual en la calle Poeta Campos Vasallo de Alicante. / Jose Navarro

Otro superviviente es el Jendrix, que abrió en 1993 y ha soportado a todas las crisis. «Lo que más ha cambiado es que hemos pasado de ser una zona de 40 bares a quedar solo unos pocos, el cliente es más mayor que antes y la calle está mucho menos masificada», relata su propietario, Juli Mohedano. La desaparición de locales la relaciona con las restricciones del Ayuntamiento, que en 2003 suspendió licencias a nuevos pubs en la ruta tras las quejas vecinales por el ruido, especialmente en la calle, debido a las aglomeraciones de clientes.

Problemas vecinales

La ley antitabaco también afectó las costumbres de una clientela que en buena parte acabó desistiendo, dice este hostelero, que valora «la tolerancia de unos años en los que no se entendía la vida sin estar en la calle». Claro que aquella tendencia tenía también su contrapartida. Además del ruido los residentes denunciaron actitudes incívicas constantes, como el botellón, las peleas, los robos u orinar en vía pública. Vicente Armengol, presidente de la Asociación de Comerciantes Corazón de Alicante, señala estos problemas del pasado y celebra la creación de nuevos comercios, que han apaciguado la zona. «El aire que ha ido cogiendo es distinto y positivo, con hostelería y servicios que no molestan a los vecinos», indica.

Local de consigna de maletas en la Ruta de la Madera.

Local de consigna de maletas en la Ruta de la Madera. / Jose Navarro

Locales de brunch pensados para turistas, panaderías modernas, restaurantes exóticos y algún comercio tradicional son la partitura actual de la antigua ruta, que vivió una evolución «como la que ahora se vive en la calle Castaños, con muchísima gente y con vecinos molestos», recuerda Cristina Arroyo, que regentó El Salón en la calle José Gutiérrez Petén, entonces llamada García Morato, y que subraya que en su local siempre procuraron «que la gente no saliera a beber al exterior» para evitar molestias.

Actualmente, las quejas «son escasas», dice Jesús Martín, presidente de la Asociación de Vecinos Mercado-Plaza España, que señala la calle Manuel Antón como mayor fuente actual de problemas por la «actitud incívica» derivada no de los bares, sino del tardeo. «Curiosamente», apunta, del Clan Cabaret, cerrado hace tres años, o de la sala Stereo, aún en activo, «apenas llegan quejas» pese a propiciar el ocio nocturno. El problema, según él, son las actitudes individuales.

Recorte de prensa de 1996 sobre problemas en la Ruta de la Madera.

Recorte de prensa de 1996 sobre problemas en la Ruta de la Madera. / INFORMACIÓN

Actitudes negativas que en su momento se combinaron con un espíritu colectivo que hizo de la ruta la segunda casa de muchos jóvenes. Mercedes Ramos, propietaria del Exilio, bar de punk ubicado en el Casco Antiguo y que recoge el testigo musical de parte de lo que fue la Ruta de la Madera, recuerda sufrir el robo de su móvil y la respuesta de muchos de los presentes. «Gente que no me conocía de nada buscó a quien lo había robado: eso ya no se ve tanto», cuenta.

Tampoco la costumbre de acudir en solitario al bar en una época sin móviles y en la que «sabías que siempre encontrarías a alguien», rememora Álvaro Sentamans.

Al fin y al cabo, según Jorge Bueno, antiguo camarero y frecuente en aquella zona, «la ruta era la alternativa al barrio y a las zonas de moda en Alicante, pero casi todo desapareció». Algunos bares aún evocan lo que aquello fue y, según Juli Mohedano, se necesitan los unos a los otros. «Si algún día nos quedamos solos nos arruinaremos», ya que, afirma el dueño del Jendrix, la ruta «no sería lo que es sin ser la suma de muchas cosas diferentes».

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