La Albufereta de Alicante que imaginan los estudiantes: sombra, accesos y una nueva conexión con el mar
Alumnos de Arquitectura de la UA proponen itinerarios, zonas de estancia y espacios de encuentro en un entorno condicionado por los desniveles y la fragmentación litoral

Jose Navarro
La Albufereta vuelve a mirarse como un espacio por resolver. Entre la Serra Grossa, la playa, la avenida de Villajoyosa, los edificios levantados hace medio siglo y una línea litoral difícil de atravesar, el barrio ofrece tantos problemas como posibilidades. Un grupo de estudiantes de Arquitectura de la Universidad de Alicante ha trabajado durante los últimos meses sobre ese territorio para imaginar nuevos accesos, más sombra, zonas de descanso, espacios públicos y formas de conectar mejor la ciudad con el mar.
Los proyectos no son actuaciones previstas ni tienen una traducción inmediata, pero sirven para abrir un debate que los vecinos llevan tiempo reclamando. La Albufereta es un barrio singular, construido en buena parte en los años 70 con iniciativa privada y condicionado por su configuración, los desniveles, la presencia de grandes edificios y las limitaciones de la Ley de Costas. Esa combinación, según los residentes, ha pesado sobre el mantenimiento y la capacidad de mejora del entorno.
Los proyectos se cosen entre sí para crear una red de espacios públicos accesibles
Rafael Pinilla, portavoz vecinal de Serra Grossa-Albufereta, resume el diagnóstico con una mezcla de realismo e ilusión. “El mayor problema es que, aunque es un barrio construido con iniciativa privada en los años 70, con peculiaridades como la propia edificación, está abandonado por su complejidad y por los grandes obstáculos que supone la Ley de Costas para hacer cualquier mejora”, explica. Pinilla cita como excepción positiva la vía verde, que ha recuperado una zona antes degradada y que demuestra el potencial del entorno. También recuerda que el Ayuntamiento tiene un proyecto de rehabilitación de la calle Sol Naciente aunque los vecinos aseguran que todavía no han visto avances.
He intentado relacionar las zonas de sombra y descanso con el agua y el viento
Ese contacto con el barrio ha sido una de las claves del ejercicio académico. Los estudiantes han recorrido la zona con los vecinos, han identificado problemas concretos y han trabajado sobre ellos desde una mirada libre, a medio camino entre la imaginación y la propuesta urbana. Algunas ideas pueden resultar utópicas, admite Pinilla, pero otras podrían tener recorrido. Entre las que más interés han despertado aparecen una plaza pública para el encuentro vecinal o una zona inundable vinculada al barranco de la Albufereta. “Son proyectos que ilusionan a los vecinos”, señala.
Algunas ideas parecen utópicas pero otras podrían tener recorrido para mejorar el barrio
El profesor de la UA Arturo Calero explica que sus alumnos son de primer curso y que esta ha sido su primera experiencia ante un proyecto arquitectónico. Para trabajar el territorio, los estudiantes han seccionado la Albufereta y han revisitado sus distintos puntos con el objetivo de aportar una visión propia sobre cada tramo.

Un estudiante participante en el proyecto expone, este martes, su trabajo a los compañeros / Jose Navarro
El diagnóstico ha sido amplio: accesibilidad, poca permeabilidad en algunos espacios, fragmentación de la costa, emergencia climática, problemas de la playa cuando llueve y recuperación de ámbitos degradados como La Británica. “Es toda una suerte de proyectos que se cosen unos con otros para generar una red de espacios públicos que le den accesibilidad a este territorio”, resume Calero. La zona se ha dividido en 28 secciones, desde La Británica hasta la Almadraba, con propuestas que van desde pequeñas intervenciones en accesos a la playa hasta actuaciones paisajísticas para conectar la Serra Grossa con el mar.
Hemos usado colores y formas del paisaje para crear toldos y zonas infantiles
Otros trabajos se insertan en edificios o en su entorno inmediato para activar espacios abandonados o poco utilizados. Ahí entra la mirada del profesor Andrés Silanes, cuyo curso ha trabajado sobre el edificio Helios. Su grupo ha planteado dos escenarios de futuro para el inmueble: uno vinculado a arquitecturas más duras y mediterráneas y otro relacionado con soluciones más ligeras. Cada alumno ha reconfigurado una planta de la torre a partir de esos parámetros, de forma que el resultado conjunto dibuja una especie de nueva torre colectiva.
Compartir espacios puede ser una oportunidad para repensar cómo vivimos
Silanes explica que los alumnos han trabajado con escenarios de futuro más compartidos, tanto en la forma de habitar como en los materiales, el clima, la energía y la sostenibilidad. La reflexión va más allá del edificio concreto y conecta con debates actuales sobre la vivienda. La idea de compartir espacios, sostiene, puede verse no como una renuncia, sino como una oportunidad para redefinir la manera de vivir en edificios ya existentes.
Las sombras y los espacios de estancia pueden generar más actividad social
La mirada de los alumnos traslada esos debates a propuestas más visuales. Celine Laffitte ha trabajado sobre la Serra Grossa y ha detectado la necesidad de crear zonas de sombra y descanso. Su proyecto intenta relacionar elementos arquitectónicos con el agua y el viento, mediante piezas que se mueven o sistemas de recolección de agua. María Vecina también ha puesto el foco en la falta de sombra, tanto en zonas de paso como de estancia, y plantea usar materiales que dialoguen con la sierra y el mar para crear espacios donde vecinos y visitantes puedan reunirse.
Miquel Frau, por su parte, partió de los paseos por el barrio con los vecinos. Allí detectó problemas en accesos a las playas, pasarelas y escaleras en mal estado. Su proyecto explora soluciones inspiradas en el propio paisaje, desde el encuentro de las rocas con el mar hasta los tonos de ladrillo de los edificios. Con esas formas y colores plantea un sistema constructivo que podría servir para toldos, parques infantiles y nuevos elementos de estancia.
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