Yayo Herrero, antropóloga: "La eclosión de la ultraderecha tiene que ver con una forma distópica de responder a la crisis ecosocial"
La profesora en la Universidad de Cantabria (Madrid, 1965) participa este jueves a las 19:00 en la clausura de la XV edición del curso académico del Máster Interuniversitario en Cooperación al Desarrollo. Un acto que se celebrará en la Sede Universitaria Ciudad de Alicante, ubicada en la calle San Fernando número 40, que servirá para presentar el trabajo 'Metamorfosis, una revolución antropológica', y que será presentado por Carlos Gómez Gil, doctor en Sociología y coordinador académico del master interuniversitario en cooperación al desarrollo que se imparte en la UA.

La antropóloga Yayo Herrero. / Carme Ripollés
PREGUNTA: Viene a Alicante a protagonizar un coloquio titulado “La necesidad de impulsar la sostenibilidad de la vida”. ¿En qué consiste?
RESPUESTA: Hay que pensar en cómo recomponer la vida en común dentro de un planeta herido si reconocemos que la vida humana es inevitablemente dependiente de bienes y de recursos de la tierra. Formamos parte de una trama de la vida sin la cual no podemos vivir. Una persona no puede aspirar a vivir en solitario: necesitamos cuidados, asistencia, educación y cosas que hay que satisfacer colectivamente. Sin embargo, al haber intentado establecer un marco cultural en el cual parece que el individuo se basta a sí mismo y que además mira a la Tierra a la que pertenece desde la superioridad y la instrumentalidad, estamos generando un problema ecosocial cuyos síntomas estamos viendo. El enfoque de sostenibilidad de la vida supone poner en el centro aquello que hace que la vida se pueda sostener para todo el mundo y no de cualquier manera, sino con dignidad.
P: El libro que presenta es un llamamiento a combatir “las respuestas derrotistas ante las múltiples crisis de nuestro presente”. ¿A qué se debe ese pesimismo?
R: Justamente, de lo que trata el libro es de combatir una idea de pesimismo y una idea de optimismo un poco simplona que desde mi punto de vista se encuentra en la sociedad. Hay una crisis ecológica ante la que se dan respuestas distópicas para resolverla por la vía de quien tiene más poder con vidas mas inalcanzables para todo el mundo y con gente que se está quedando fuera. Parte de las guerras que tenemos ahora se desarrollan sin que se oculte que lo que hay detrás es el petróleo, y eso da cuenta de este momento en el que vivimos. A ello hay que sumar que estamos en un momento marcado por la precariedad de nuestro país.
P: ¿Y cómo hay combatir todo eso?
R: En primer lugar, reconociendo donde estamos. Me preocupan son los discursos falsamente tranquilizadores que prometen soluciones sencillas a problemas complejísimos. Después, hay que pensar en como recomponer los lazos rotos con una naturaleza cuyos límites están superados. Nunca más vamos a vivir sin cambio climático o con los recursos que había en los años sesenta o setenta. Por tanto, necesitamos pensar en economías que pongan en el centro las necesidades de la gente, que piensen en primer lugar qué hay que producir, cómo y cuándo en un contexto de límites y en el que somos 8.500 millones de personas que aspiramos a comer, a tener vivienda y una vida decente. Hay que pensar en un modelo que no solo enriquezca a algunos sectores y organizar todo eso a través de la redistribución y el reparto y la garantía de condiciones de vida. No es imposible hacerlo en el plano económico ni en el plano tecnológico. Lo que sí que es necesario es darle la vuelta a un marco cultural que llama “éxito” a tener todo aquello que se desea sin pararse a preguntar si lo hay para todos.
P: Habla también de “las razones por las que han emergido la ultraderecha y otras fuerzas devastadoras de la vida en la Tierra”. ¿Por qué cree que han emergido?
R: La eclosión que ha habido de estos populismos de ultraderecha tienen que ver con una forma de responder a la crisis ecosocial, que a mi juicio es distópica. Y que está basada en una premisa: no hay un problema de límites ni de redistribución, sino que el único problema es que sobra gente. Es decir, la respuesta a un modelo que ha sobrepasado los límites se puede basar en el reparto y en la justicia o puede ser una respuesta basada en el blindaje de los privilegios de una parte de la población y en señalamiento como chivos expiatorios de otros sectores a los que se señala.
P: El capitalismo también es objeto de crítica en su libro. ¿Se refiere al capitalismo como tal o al modelo que impera actualmente?
R: Yo hablaría de un capitalismo que nace en una sociedad profundamente androcéntrica. La cultura occidental, en un momento determinado, construye una mirada sobre la tierra y la naturaleza desde la superioridad, como si la Tierra de la que formamos parte fuera un almacén de recursos o un vertedero al que arrojarlo todo. El capitalismo es hijo de esa mirada androcéntrica, una forma de entender la economía que no reconoce límites, y eso se liga a una mirada patriarcal en la que no solamente los hombres mandan más que las mujeres: es una mirada que no reconoce que la vida humana es vulnerable, que no se puede sobrevivir a la infancia o a la vejez si no nos ocupamos de los demás y que han sido las mujeres las que históricamente han ejercido este papel cuidador fundamental. De esa visión androcéntrica y antropocéntrica nace el capitalismo.
P: Por último, apuesta por una “metamorfosis”. ¿Será aplicable en algún momento?
R: La metamorfosis en la que pensamos plantea una profunda transformación. Si es posible aplicarla dependerá de las transformaciones que seamos capaces de poner en marcha. Vamos a vivir con menos energía, materiales y recursos, queramos o no, porque la forma de vivir de una parte minoritaria del planeta ha hecho que se sobrepasen los límites. La clave es como hacer frente a esto, si de no una forma distópica o fascista, con cada vez más gente arrinconada; o de una forma en la que apostemos por transformaciones con redes de economía solidaria, banca intercooperativa y experiencias que se dan en el mundo en cantidades más grande de lo que parece. Eso no quiere decir que sea la práctica dominante en casi ningún lugar y, visto como están las cosas, habrá que hacer mucho esfuerzo.
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