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El Boeing 757-200 de Icelandair se despide de Alicante: el aterrizaje de hoy que huele a final de una era en El Altet

El vuelo desde Reikiavik tiene prevista su llegada al aeropuerto Alicante-Elche a las 16:35 y podría ser una de las últimas ocasiones de ver este modelo en operación comercial regular en la provincia

Un avión de Icelandair.

Un avión de Icelandair.

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

El aeropuerto Alicante-Elche Miguel Hernández vivirá este miércoles una pequeña cita con la historia de la aviación comercial. El vuelo de Icelandair procedente de Reikiavik tiene prevista su llegada a El Altet a las 16:35 operado por un Boeing 757-200, un modelo cada vez menos habitual en las rutas regulares europeas y que para muchos aficionados a la aviación tiene ya sabor a despedida.

No es un avión cualquiera. El Boeing 757 fue durante décadas uno de los grandes símbolos de las rutas de medio y largo radio con demanda intermedia: potente, esbelto, capaz de operar en aeropuertos exigentes y especialmente útil para compañías como Icelandair, que construyeron parte de su red conectando Europa y Norteamérica a través de Islandia.

Por eso la llegada de este miércoles no interesa solo a quienes tienen un billete. También atrae a los spotters y aficionados que siguen con atención los movimientos especiales en El Altet. La razón es sencilla: puede ser una de las últimas oportunidades de ver un 757 de Icelandair en vuelo regular comercial en Alicante y, además, en un horario cómodo para fotografiarlo.

Por qué puede ser una de las últimas veces

La explicación está en la renovación de flota de Icelandair. La compañía islandesa está acelerando la retirada de sus Boeing 757, un proceso ligado al aumento de costes, al precio del combustible y a la llegada de aviones más eficientes como el Boeing 737 MAX y el Airbus A321LR. Aviation Week ha informado de que Icelandair prevé retirar antes de lo previsto los 757 que aún mantiene en servicio, dentro de una transición hacia una flota más moderna y eficiente.

Ese cambio no es menor. El 757 ha sido durante años una pieza central para Icelandair porque encajaba muy bien con su modelo: vuelos desde Islandia hacia Europa y Norteamérica con un avión de pasillo único, buen alcance y una capacidad adecuada. Pero el mercado ha cambiado. Los nuevos modelos consumen menos, requieren menos mantenimiento y permiten cubrir rutas similares con mejores costes operativos.

En ese contexto, cada aparición del 757 en rutas como la de Reikiavik-Alicante empieza a tener algo de cuenta atrás. No significa que sea imposible volver a verlo en El Altet, porque las aerolíneas pueden hacer cambios de última hora por disponibilidad de flota, demanda o ajustes operativos. Pero sí significa que estas visitas serán cada vez menos frecuentes.

Un clásico que marcó una forma de volar

El Boeing 757-200 entró en servicio en los años ochenta y se convirtió en uno de los aviones más reconocibles de Boeing. Su fuselaje alargado, sus motores potentes y su capacidad para despegar en pistas relativamente contenidas lo hicieron muy apreciado por aerolíneas de todo el mundo.

Para los pasajeros, quizá no tenga el glamour de un gran avión de doble pasillo. Para los aficionados, en cambio, es un modelo muy especial. El 757 tiene una silueta inconfundible, una potencia de despegue muy característica y un lugar importante en la historia de los vuelos transatlánticos de pasillo único.

Durante años, este tipo de avión permitió operar rutas que no justificaban un avión más grande, pero que necesitaban más alcance y prestaciones que otros modelos de corto radio. Hoy, esa función la están heredando aviones más nuevos como el A321LR y el A321XLR, capaces de abrir rutas largas con menor consumo y mayor eficiencia.

Icelandair y Alicante: Islandia mira al Mediterráneo

La conexión entre Reikiavik y Alicante tiene también una lectura turística. Para Islandia, Alicante es una puerta al sol mediterráneo: playa, clima benigno, segundas residencias y escapadas hacia la Costa Blanca. Para Alicante, el vuelo refuerza su papel como aeropuerto internacional muy por encima de una lógica puramente nacional.

Icelandair opera vuelos semanales entre Keflavik y Alicante, una ruta que se suma al mapa internacional de El Altet y confirma la fuerza del aeropuerto como puerta de entrada al turismo europeo.

La llegada del 757 añade un atractivo extra porque ya no se trata solo de un vuelo más. Es un aparato que está saliendo poco a poco del escaparate comercial europeo y que, en aeropuertos como Alicante-Elche, puede pasar de habitual ocasional a rareza.

El Altet, un mirador para despedidas discretas

Alicante-Elche está acostumbrado a recibir aviones de compañías europeas, tráfico vacacional y rutas estacionales. Sin embargo, algunas operaciones despiertan un interés especial entre los aficionados: modelos poco frecuentes, libreas llamativas, vuelos chárter, aviones de gran tamaño o aparatos que están cerca del final de su vida comercial.

Imagen de un modelo similar al Boeing 757-200 de la compañía rusa Vim-avia, que despegó de Alicante

Imagen de un modelo similar al Boeing 757-200 de la compañía rusa Vim-avia, que despegó de Alicante / INFORMACION

El Boeing 757 de Icelandair entra de lleno en esa categoría. No llega con ceremonia oficial ni con despedida programada, pero su presencia tiene valor simbólico. Representa una etapa de la aviación en la que los aviones de pasillo único de largo alcance tenían otro sonido, otra estética y otra forma de operar.

Hoy la industria mira hacia aviones más silenciosos, eficientes y rentables. Es lógico desde el punto de vista económico y ambiental. Pero para quienes miran el cielo con atención, cada retirada deja también una pérdida: la de modelos que marcaron una época y que poco a poco desaparecen de los aeropuertos cotidianos.

Una cita para mirar al cielo a las 16:35

Si la programación se mantiene, el vuelo de Icelandair desde Reikiavik aterrizará en Alicante-Elche a las 16:35. Para los aficionados, la recomendación es clara: comprobar antes el seguimiento del vuelo y la pista en uso, porque la operativa puede variar por meteorología, tráfico o ajustes de última hora.

Lo que parece claro es que el margen para ver estos aviones se estrecha. El 757 no desaparece de golpe, pero su presencia en rutas regulares será cada vez más rara. Y eso convierte la llegada de este miércoles en algo más que un movimiento aeroportuario.

En El Altet, donde el verano trae cada año nuevas rutas, aviones llenos y mucho tráfico internacional, también hay espacio para la nostalgia. A veces, una despedida no se anuncia con pancartas. Basta con mirar al cielo y reconocer la silueta de un avión que está dejando de formar parte del paisaje.

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