Entrevista
Juan José Tamayo: “El Papa ha alertado del peligro que tiene en España la extrema derecha”
El teólogo presenta este martes en la sede de la UA "Cristianismo radical", un libro en el que contrapone el mensaje evangélico a la exclusión, los abusos y los discursos de odio

Lucía Feijoo Viera
Juan José Tamayo (Palencia, 1946), doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctor en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, observa la visita del Papa a España desde una doble mirada: la de una Iglesia que, a su juicio, acierta al situarse junto a migrantes, personas sin hogar y presos pero que aún conserva signos de nacionalcatolicismo y mantiene respuestas insuficientes ante los abusos sexuales. El teólogo, que este martes (19: 45 horas) presenta en la Sede Universitaria Ciudad de Alicante de la calle Ramón y Cajal su libro "Cristianismo radical" junto a Manuel Alcaraz, defiende un cristianismo liberador, feminista, ecologista, pacifista y laico frente al avance de los discursos de extrema derecha.
Pregunta: ¿Qué lectura hace de los lugares elegidos por el Papa durante su actual visita a España?
Respuesta: Han sido muy bien elegidos. Un centro de Cáritas de inmigrantes sin regularizar, gente sin hogar, con escenas hermosas de cariño, sintonía y hospitalidad. Escenas muy emotivas de inmigrantes generalmente demonizados. Posteriormente, se va a encontrar en Barcelona con personas presas y en Canarias tendrá un encuentro con inmigrantes en Arguineguín. Esa es la clave más importante: un Papa sensible a la pobreza, la marginación, las personas migrantes y quienes carecen de libertad. Es la mejor opción por las personas empobrecidas, los sectores marginados y los pueblos oprimidos. Es el horizonte fundamental que debería orientar la actividad del Papa en España.
P: ¿Ve también elementos más institucionales o de poder en esa visita?
R: Como contrapunto, observo que quedan algunos signos de nacionalcatolicismo y de Iglesia de cristiandad, como el encuentro con los Reyes, el discurso en el Palacio Real, la visita de Pedro Sánchez a la Nunciatura, la intervención del Papa en el Congreso o la procesión del Corpus Christi. Me parece que todas estas manifestaciones externas y de legitimación del poder serían muy discutibles, aunque tampoco tengo claro que ese tipo de encuentros tengan que excluirse. Pero veo un deseo de legitimación del viaje y del poder político.
P: ¿Qué le parecen los discursos que está pronunciado el Papa durante su visita?
R: Me parece que reflejan muy bien la capacidad que tiene para articular lo religioso y lo secular. Estamos en tiempos, como diría Habermas, de postsecularización. La religión no ha quedado recluida en el espacio privado y en los lugares religiosos de culto, sino que ha renacido en la esfera pública. En ese sentido, es muy importante que se transmitan en el espacio público ideas, personas y discursos religiosos, siempre que se traduzcan al lenguaje secular. León XIV tiene sensibilidad para trasladar estos discursos al ámbito popular.
La Iglesia tiene capacidad pero no responde de manera rigurosa a los abusos
P: ¿Interpreta sus críticas a los populismos como una referencia a la extrema derecha?
R: Sus críticas son a los discursos identitarios que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos, con una referencia a la extrema derecha. Ha hecho una llamada oportuna a abandonar las narrativas que dividen, polarizan y llevan a la simplificación estéril. Ya ha alertado del peligro que tiene en España la extrema derecha. Me interesa mucho también su relación con la sociedad civil. Me impresionó el encuentro en el Movistar Arena con 12.000 personas del mundo de la cultura, el deporte, la economía, la universidad, los sindicatos, el arte… Es muy importante que el Papa, que necesita abrir horizontes con todos los sectores de la sociedad, aceptara encontrarse con estas figuras.
P: ¿Qué debería implicar en España el mensaje del Papa sobre las personas migrantes?
R: Creo que las leyes de extranjería son leyes más bien antiinmigrantes, aunque los gobiernos consideren que hay que defender a los migrantes. Son leyes que disuaden su presencia. Ahí es muy importante su discurso contra la extrema derecha y su lema de la prioridad nacional. El Papa dice que el fenómeno migratorio se ha convertido en un drama que se contrapone al encuentro. También habla del respeto a la dignidad humana de las personas migrantes y refugiadas. Dice que no pueden ser discriminadas por razones de origen y etnia.
P: ¿Ese mensaje choca con las posiciones de la derecha y la extrema derecha en España?
R: El Papa exige una respuesta coordinada y eficaz y reclama una vía segura para las personas migrantes. Está en clara oposición a las políticas de la extrema derecha y de un sector muy importante de la derecha que ha hecho alianzas para gobernar, una alianza que es probable que se produzca tras las elecciones generales de 2027. Por eso me sorprenden los aplausos cerrados que le han dado los grupos de Vox y el PP, que en la práctica llevan políticas antiinmigratorias que no respetan al migrante por su origen, etnia y cultura.
P: ¿La extrema derecha defiende valores contrarios al cristianismo?
R: Sin duda. La extrema derecha política, económica, social y cultural europea constituye una amenaza para la democracia. Desde el punto de vista cristiano, sus posiciones defienden valores contrarios a los valores originarios del cristianismo. Anteponen el odio al amor, la venganza al perdón, la dialéctica amigo-enemigo a la amistad, el racismo y la xenofobia a la hospitalidad y, frente al respeto a las diferencias culturales y a las identidades de los pueblos, imponen la intolerancia y la uniformidad.
P: ¿Está preparada la Iglesia para afrontar los abusos sexuales?
R: Por supuesto que está preparada, pero no responde adecuadamente a la gravedad del crimen de los abusos sexuales. La Iglesia tiene capacidad, pero no responde de manera rigurosa. El problema de fondo es que ha faltado compasión hacia las familias que dejaron a sus hijos en manos de congregaciones religiosas que se comportaron de forma criminal.
P: ¿Cómo ha actuado la jerarquía católica desde que emergieron los casos de pederastia?
R: Empezaron negándolos, ocultándolos y guardando silencio. Luego reconocieron que habían sido permisivos con los pederastas, cambiándolos de países y parroquias sin informar de su comportamiento violento. Luego descubrimos que hubo complicidad. A esto se añade la negativa a colaborar con la justicia y a hacer una investigación sobre los casos de pederastia. Esas actitudes deben cambiar radicalmente porque es uno de los mayores crímenes que se pueden cometer contra personas indefensas.
P: ¿Qué debería exigir el Papa a los obispos españoles?
R: Ahí el Papa tiene que exigir radicalidad en las respuestas. Habló de la llaga abierta durante el viaje en avión pero en el Palacio Real y en el Congreso no ha hecho ninguna referencia a la pederastia. Sí ha trasladado unas exigencias a los obispos españoles, a los que les ha dicho que es una plaga y uno de los mayores dramas de la Iglesia. Debería exigir una respuesta firmada en un documento público. Cada persona herida tiene que encontrar escucha, justicia y reparación.
P: ¿Le convence la respuesta de la Iglesia a las víctimas durante esta visita?
R: Los obispos, que son los que conocen el tema y tienen la documentación, deben llevar a cabo un trabajo de prevención y cuidar a las personas agredidas y violentadas en su dignidad. Por eso me sorprende que no se haya hecho una convocatoria abierta a todas las asociaciones de víctimas y que solo al final, cuando las asociaciones han levantado la voz, hayan reaccionado diciendo que se van a reunir con las víctimas. Pero ha sido una reunión selectiva, con determinadas víctimas, con nocturnidad y poca claridad. No ha habido cambio de la jerarquía en relación con este tema.
Las leyes de extranjería son leyes más bien antiinmigrantes
P: En su libro "Cristianismo radical", ¿a qué deriva del cristianismo intenta responder?
R: Una de las preocupaciones a las que intento responder es que se está reforzando un cristianismo más tradicional, conservador e insensible a los problemas de nuestro tiempo. Un cristianismo que se recluye en el ámbito privado y no integra a los excluidos. Un cristianismo que no reconoce a los colectivos LGTBIQ+, que margina y discrimina cada vez más a las mujeres, cuando son el 80 % de quienes siguen las prácticas cristianas.
P: ¿Qué cristianismo propone frente a esa deriva?
R: Propongo un cristianismo liberador de la opresión y la marginación, feminista, que reconozca la igualdad entre hombres y mujeres, incluyendo a las mujeres en los ámbitos directivos de la Iglesia. Un cristianismo ecologista, que reconoce el cambio climático y la dignidad de la Tierra. Y pacifista, que se confronta directamente con las posiciones belicistas de Trump y Netanyahu, reafirma el compromiso con la paz desarmada y condena todas las guerras. Un cristianismo compasivo con las víctimas y, finalmente, laico, que reconozca la autonomía de la política y de las realidades temporales y que no sea dogmático.
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