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Miradas alicantinas

Un puente levadizo en la dársena

Las vías del tren del puerto a su paso por la Puerta del Mar.

Las vías del tren del puerto a su paso por la Puerta del Mar. / INFORMACIÓN

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Alfredo Campello

Alfredo Campello

En 1967 la fachada marítima de Alicante era muy diferente a la actual. El apeadero del Trenet de la Marina ocupaba con sus vías y andenes buena parte del acceso este de la ciudad, y el tráfico que accedía a la ciudad por Jovellanos y Juan Bautista Lafora tenía que armarse de paciencia en una sencilla calle de doble sentido. Una recia balaustrada de piedra y artísticas rejas metálicas y una bonita pasarela trataban de enmascarar lo que con los años se había convertido en una barrera urbanística entre la playa del Postiguet y la ciudad.

A mediados de los años 60 se planteó la solución. La estación del Postiguet se trasladaría al Cocó, junto a la estación de la Marina, donde se construiría una estación de clasificación ganándole terreno al mar y a la playa. El paseo de Gómiz quedaría así liberado de vías, locomotoras y vagones. Es en este momento cuando se rescata una vieja iniciativa de los primeros años de la Dictadura: la construcción de un puente levadizo ferroviario que uniera los dos brazos de la dársena interior del puerto liberando la Explanada de vías.

El tema del terraplenado de la playa del Cocó generó más ríos de tinta en la prensa del momento que el propio puente levadizo. El periodista Fernando Gil, firme defensor de la integridad de la playa, entrevistó (o más bien interrogó) al exalcalde Fernando Flores que explicó en Información que el tema de la nueva estación de clasificación en el Cocó le vino impuesto en su día desde Madrid. «Era la solución del mal menor. Pensando que durante la marcha del proyecto conseguiríamos su modificación. (…) No había duda. El proyecto, o se hacía así o no se hacía».

Las vías del tren del puerto a su paso por la Puerta del Mar.

Las vías del tren del puerto a su paso por la Puerta del Mar.

La playa de vías de la avenida Juan Bautista Lafora quedaría reducida a una vía única paralela a la nueva carretera que uniría la Estación de la Marina con el Puerto a la que se le preveía escaso uso. Por su parte, la vía paralela a la Explanada y a Canalejas sería sustituida por el puente levadizo. El Ayuntamiento presentó a Madrid esta iniciativa con un coste estimado de entre 110 y 150 millones de pesetas ofreciéndose a sufragar el 25 % de la obra. La Diputación por su parte ofreció otros 10 millones.

Mientras, la urbanización de la Puerta del Mar y de la avenida de Juan Bautista Lafora continuaba a buen ritmo. A finales de 1967 se estaba asfaltando la amplia avenida y se ajardinaban las nuevas isletas que, como si de una cicatriz se tratara, quedaban atravesadas todavía por la línea del ferrocarril del puerto. El Ayuntamiento no cejó en su empeño por eliminarla paralizando para ello las obras del paseo de Gómiz.

En enero de 1968, a la espera de la aprobación por parte del Ministerio de Obras Públicas del ansiado puente levadizo, el Ayuntamiento acordó eliminar la molesta e infrautilizada vía de servicio al puerto que unía la estación de la Marina con el muelle de levante. La solución pasaba por mantener la vía de la Explanada, unirla mediante un nuevo giro al muelle portuario pasando por delante de la Comandancia de Marina y por detrás de la Aduana. Poco después, debido a la dificultad del giro previsto, se acordó modificarlo pasándolo por la derecha de la Comandancia, ganándole terreno al mar en lo que hoy es la Plaza de Francisco Tomás y Valiente y retranqueando uno de los tinglados. Pese a que se anunció que los trenes solo circularían en horario nocturno, en abril de 1980 fue Fernando Gil, una vez más, quien protestó enérgicamente en su sección «La Terreta» por la circulación a paso de tortuga de un tren cargado de unos veinte vagones cisterna por todo el frente litoral a las cuatro y media de la tarde generando un caos de tráfico y una imagen lamentable para una ciudad turística.

Con esta solución, tildada de provisional, se despejó todo el paseo de Gómiz que pudo ser reurbanizado, se levantaron los pabellones de baños, se construyó el Scalextric y se eliminó el cruce del tren por los jardines de la Puerta del Mar. En cambio, se mantuvo la vía paralela a la Explanada y se generó un nuevo giro que partió en dos el paseo marítimo dedicado en aquel momento al Conde de Vallellano en agradecimiento a las gestiones realizadas para la mejora urbana de la fachada marítima.

Un puente levadizo en la dársena

Las vías del tren del puerto a su paso por la Puerta del Mar. / INFORMACIÓN

Y una vez más, la solución que debía ser provisional quedó como definitiva. El puente levadizo quedó descartado a las pocas semanas. Qué sorpresa, ¿verdad?

Las peligrosas vías permanecieron al aire, ya sin uso, hasta noviembre de 1988, momento en el que fueron retiradas, dejando un notorio desnivel en el asfalto presente hasta la reciente reforma de la avenida y paseo de los Mártires de la Libertad. De esta forma se puso a fin a los frecuentes accidentes de moto que se producían al quedar las ruedas encajadas en el rail y también a los tropezones al cruzar por los pasos de peatones.

A mediados de la década de 1990, con la primera reforma del paseo marítimo y el desvío de la avenida por detrás de la antigua lonja, desaparecieron los últimos vestigios de la vía de servicio del puerto que quedaban en el paseo marítimo y junto al parque de Canalejas.

Años después se habló nuevamente de unir ambos brazos de la dársena, pero esa es otra historia que puede que les cuente algún día.

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