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Institutos de Alicante y Elche registran más de 43.000 voces para ayudar a comunicarse a personas con trastornos en el habla

El Ministerio de Educación se implica en la iniciativa para desarrollar una inteligencia artificial que facilite entender a pacientes con un ictus, parálisis cerebral o discapacidad

El proyecto LARA recopila más de 43.000 muestras de voz de usuarios con dificultades para expresarse

Jose Navarro

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A. Fajardo

A. Fajardo

Lo que comenzó como un proyecto educativo impulsado por tres institutos de Formación Profesional (FP) de Alicante y Elche se ha convertido en una de las iniciativas más ambiciosas del país para mejorar la comunicación de personas con trastornos en el habla mediante inteligencia artificial (IA). Cuatro años después de sus primeros pasos, el proyecto LARA ha logrado recopilar más de 43.000 muestras de voz de usuarios con dificultades para expresarse, por sufrir diferentes patologías o secuelas de las mismas, una base de datos sin precedentes que permite entrenar algoritmos capaces de interpretar lo que estas personas quieren decir

La iniciativa nació en la provincia de Alicante de la mano de los institutos Gran Vía de Alicante, Severo Ochoa y Victoria Kent de Elche, pero ha dado el salto al ámbito nacional tras obtener más de 100.000 euros de financiación del Ministerio de Educación. Actualmente, también participan el IES Polígono Sur de Sevilla y el IES Albarregas de Mérida.

«Antes solo teníamos una aplicación para capturar voces. Ahora hemos desarrollado una segunda fase, una aplicación de salida, porque la inteligencia artificial ya es capaz de reconocer patrones gracias a las más de 43.000 muestras de voz que hemos conseguido recopilar», explica Emma Sancho, profesora del IES Gran Vía y una de las coordinadoras del proyecto.

El objetivo es dar respuesta a una realidad que afecta a miles de personas. Los asistentes de voz y sistemas de reconocimiento actuales funcionan correctamente cuando la dicción es clara, pero presentan enormes dificultades para entender a usuarios con parálisis cerebral, secuelas de ictus, enfermedades neurológicas o cualquier trastorno que altere la pronunciación.

Para resolver este problema, los estudiantes de diferentes ciclos formativos trabajan junto a asociaciones, centros ocupacionales y profesionales de la logopedia. Los usuarios participantes graban periódicamente frases diseñadas para recoger distintos fonemas y patrones de habla.

Los impulsores y alumnos del proyecto LARA, en la presentación de sus resultados este miércoles en el MARQ

Los impulsores y alumnos del proyecto LARA, en la presentación de sus resultados este miércoles en el MARQ / Jose Navarro

Cada grabación se almacena en la nube, previa autorización expresa de los participantes, y pasa después por un proceso de limpieza y tratamiento de datos. «Cuantas más muestras tenemos, mejor podemos entrenar a la inteligencia artificial y reducir los sesgos que puedan aparecer», señala Sancho.

El sistema ya ha demostrado ser capaz de identificar qué quiere decir una persona incluso cuando su vocalización resulta difícil de entender para alguien ajeno a su entorno. Actualmente, el resultado se muestra en formato escrito, aunque la aspiración es que en el futuro pueda generar también una respuesta por voz en tiempo real. La filosofía del proyecto se resume en el lema que lo ha acompañado desde sus inicios: "Comunicarse es un derecho y no un privilegio".

Los impulsores de LARA buscan que las personas con dificultades en el habla puedan desenvolverse de forma más independiente, sin necesidad de recurrir constantemente a terceros para hacerse entender.

La aspiración es que en el futuro pueda generar también una respuesta por voz en tiempo real

«Muchas veces estas personas necesitan pictogramas o la ayuda de alguien que interprete lo que quieren comunicar. Lo que pretendemos es que puedan relacionarse con mayor autonomía porque cognitivamente tienen todas las capacidades, pero encuentran barreras en la comunicación», destaca Sancho.

Las personas usuarias voluntarias que ceden su voz, a través de un conjunto de frases, ayudan a crear una base de datos de voces asociadas a diferentes fonemas. Posteriormente, se seleccionan subconjuntos de estos audios para entrenar diferentes modelos para que funcionen mejor con un colectivo o entidad concreto. Que el modelo pueda generalizar y, a partir de la voz de una persona usuaria aprenda a interpretar la voz de otra, es el gran reto del proyecto.

Alumnos alicantinos que se han implicado en el proyecto para facilitar la comunicación a personas con trastornos en el habla

Alumnos alicantinos que se han implicado en el proyecto para facilitar la comunicación a personas con trastornos en el habla / Jose Navarro

El reto: encontrar empresas para comercializarlo

Pese a los avances conseguidos, los responsables reconocen que el futuro de la iniciativa depende ahora de la incorporación de empresas capaces de transformar el trabajo desarrollado en una herramienta plenamente operativa. Los fondos públicos se han destinado a equipamiento tecnológico, desplazamientos, actividades formativas y desarrollo técnico. Sin embargo, los centros educativos no pueden asumir por sí solos los costes que supondría mantener servidores, escalar la tecnología o comercializar la aplicación.

«El proyecto LARA es educativo. Necesitamos que entren empresas públicas o privadas que continúen el trabajo realizado porque no podemos sostener toda la infraestructura necesaria», advierte Sancho. Mientras tanto, la recogida de voces continúa. Lejos de haber concluido, los impulsores consideran que esta fase nunca termina. En inteligencia artificial, más datos significan mejores resultados.

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