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LA CALLE ES NUESTRA

La plaza de los Luceros: el Alicante que vibra entre mascletás, historia y nuevos desafíos

Nacida con el ensanche de la ciudad y presidida por la fuente de Daniel Bañuls, el emblemático espacio sigue siendo el escenario de fiestas, celebraciones deportivas, reivindicaciones y cambios sociales

Vídeo | Así es la plaza de los Luceros Alicante en "La calle es nuestra"

Alex Domínguez

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Lydia Ferrándiz

Lydia Ferrándiz

Alicante tiene símbolos, pero pocos tan reconocibles como la plaza de los Luceros. A diario es un cruce de avenidas y de prisas, pero en junio, durante las Hogueras, se transforma en el epicentro emocional de la ciudad. Allí retumba la mascletà, nacen los desfiles y se concentran miles de personas que sienten que Alicante se explica mejor desde ese espacio urbano coronado por la fuente de Daniel Bañuls.

La plaza ocupa la confluencia de General Marvá, Federico Soto, Alfonso el Sabio y la avenida de la Estación y, en el centro, se alza el monumento inaugurado en 1931, una fuente monumental que terminó dando nombre popular al lugar y que muchos alicantinos siguen llamando, simplemente, "la plaza de los caballos". Para muchos vecinos, Luceros forma parte de su propia identidad. "Para los alicantinos es muy importante la plaza de los Luceros", asegura Toñi Parra. Un sentimiento compartido por otra vecina, Mari Carmen Sevila, que señala la relación de varias generaciones de alicantinos con este espacio: "Como soy de Alicante y la he visto siempre, claro que me encanta".

Cuando vienen mis familiares, lo primero que hacemos es traerlos al centro, a la plaza de los Luceros

Karina Serrano

— Vecina

Para muchos residentes, la plaza no es solo un espacio urbano, sino el escenario habitual de encuentros, celebraciones deportivas y fiestas populares. La percepción de icono también la comparten quienes llegaron de fuera y acabaron haciendo de Alicante su casa. "Soy argentina y llevo 28 años aquí, cuando vienen mis familiares, lo primero que hacemos es traerlos al centro, a la plaza de los Luceros", cuenta Karina Serrano. De noche, asegura, "es una belleza".

Del ensanche urbano al monumento de Bañuls

Antes de convertirse en la plaza actual, el espacio era poco más que un solar surgido del ensanche urbano de finales del siglo XIX. El Ayuntamiento aprobó su urbanización en 1915 y durante un tiempo sirvió incluso como campo de fútbol provisional o recinto de espectáculos. Su primera denominación oficial fue plaza de la Independencia, aprobada en 1908 para conmemorar el centenario de la Guerra de la Independencia, y durante la Segunda República pasó a llamarse plaza de Cataluña.

Tras la Guerra Civil, en 1940, el Ayuntamiento adoptó el nombre de plaza de los Luceros, la denominación aludía a los cuatro luceros representados en la base de la fuente, pero también tenía una carga simbólica que la conectaba con una estrofa del himno falangista, el "Cara al Sol". Con la llegada de la democracia, hubo intentos de modificar el nombre, aunque finalmente se mantuvo al considerarse que había perdido aquellas connotaciones políticas.

Me gusta como se reúne la gente, me gusta la escultura de Bañuls, los caballos, los edificios, todo

Lola Cortés

— Vecina

Pero la gran transformación de este espacio había llegado con el concurso convocado en 1929 para embellecer el lugar. El proyecto ganador, "Levante", del escultor alicantino Daniel Bañuls, dio forma a la fuente que hoy domina la plaza. La obra representa al Levante español y combina símbolos terrestres y celestes: caballos en la base, figuras femeninas asociadas a las Hespérides y un árbol coronando el conjunto. "Me gusta como se reúne la gente, me gusta la escultura de Bañuls, los caballos, los edificios, todo", afirma Lola Cortés, vecina de Alicante. Cristina Gilabert cree que el monumento tiene un poder inmediato de atracción: "Si vas a cualquier ciudad y ves una plaza así, te llama la atención".

Pero la plaza guarda además un episodio trágico de la Transición: el asesinato de Miquel Grau el 16 de octubre de 1977. El joven alicantino murió tras recibir el impacto de un ladrillo lanzado desde un edificio por un militante de extrema derecha mientras colocaba carteles para la manifestación del 9 d’Octubre. El caso se convirtió en un símbolo de la violencia política durante la Transición y sigue muy presente en la memoria colectiva de la ciudad con una placa que recuerda el hecho en la propia plaza de Luceros.

Fíjate si ha cambiado, la plaza primero era de tierra, se podía aparcar y luego la han ido haciendo más ajardinada

Reme Berna

— Vecina

Luceros también ha sido escenario de grandes cambios urbanos. En 2006, la construcción de la estación subterránea del TRAM obligó a desmontar la fuente para restaurarla y recolocarla después sobre la nueva infraestructura con unas obras que alteraron durante años el aspecto de la zona. "Recuerdo Alfonso el Sabio completamente excavada, con una gota fría aquello parecía un lago. Fíjate si ha cambiado, la plaza primero era de tierra, se podía aparcar y luego la han ido haciendo más ajardinada", rememora Reme Berna.

El corazón de las mascletás

Si hay un momento en que Luceros cambia por completo de piel es durante las Hogueras. Cada día, del 18 al 24 de junio, a las 14.00 horas, la plaza se convierte en el epicentro de la mascletà. Ahí, miles de personas llenan las calles para sentir el estruendo, el ritmo y el "terremoto final". La experiencia para los alicantinos es física y emocional. "Se nota en el cuerpo, es que botas", describe Toñi Parra. Karina Serrano recomienda vivirla al menos una vez desde las barreras más cercanas a la fuente: "Ahí es donde más se siente y donde vives la emoción de la gente".

Para los alicantinos, la mascletà no es un simple espectáculo pirotécnico. "Hay que explicarle al que viene de fuera que la mascletà no son fuegos artificiales, es una seña de identidad nuestra", subraya Reme Berna. Otros vecinos, como Dolores Sarabia, prefieren mantenerse a distancia: "No me pidas que venga a la mascletà porque a mí eso no me va".

El sitio no es el ideal, los disparos son demasiado fuertes, pero no encuentran una nueva ubicación

Cristina Gilabert

— Vecina

Aunque la intensidad del espectáculo ha obligado al Ayuntamiento a tomar medidas para proteger el monumento. Desde 2014, los caballos de la fuente se cubren durante las fiestas con grandes estructuras metálicas de aislamiento acústico y vibratorio. La decisión no ha acabado con el debate. "Hay que mantenerla, es muy bonita", sostiene Toñi Parra, aunque admite que la polémica sobre el impacto de las mascletás sigue viva. Lola Cortés cree que "las haría en otro sitio porque daña el monumento", mientras que Cristina Gilabert coincide en que "el sitio no es el ideal, los disparos son demasiado fuertes, pero no encuentran una nueva ubicación". El futuro de las mascletás es un asunto judicializado, aunque la resolución no afectará a estas fiestas.

Además, durante las Hogueras, los balcones con vistas a Luceros se convierten en un bien cotizado donde el alquiler de un balcón para ver la mascletà puede alcanzar los 1.000 euros diarios. "Menudo negocio se ha montado", comenta con ironía Reme Berna.

Entre bares y comercio perdido

Fuera de las fiestas, Luceros es también un termómetro de los cambios que vive Alicante. La expansión de los apartamentos turísticos y de la hostelería ha modificado el entorno de la plaza donde cafeterías y restaurantes ocupan cada vez más espacio en una zona que antes tenía mayor presencia de comercio tradicional, con locales como Magesbi, Floristería Los Claveles o Caché, que han sido los últimos en bajar sus persianas en la plaza. "Se echa de menos el comercio de toda la vida, van cerrando y eso nos duele un poco a los alicantinos", lamenta Toñi Parra. Karina Serrano coincide: "Cada día hay menos, queda una librería y poco más".

Se echa de menos el comercio de toda la vida, van cerrando y eso nos duele un poco a los alicantinos

Toñi Parra

— Vecina

Algunas voces son más críticas con la evolución del centro urbano. "Desgraciadamente, no es solo la plaza, esto es un parque temático desde el Mercado Central hasta abajo", afirma Lola Cortés, quien considera que la ciudad corre el riesgo de perder parte de su identidad comercial.

Más de un siglo después de su creación, Luceros sigue siendo el punto donde Alicante se mira a sí misma. Ha cambiado de nombre, de aspecto y de contexto histórico, pero continúa concentrando celebraciones, protestas, recuerdos y encuentros cotidianos. Para algunos es la plaza de los caballos, para otros, el epicentro de las Hogueras. Para muchos alicantinos, simplemente, es el lugar donde la ciudad vibra con más fuerza.

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