El voladero de Alicante donde las rapaces vuelven a aprender a ser libres
El Centro de Recuperación de Fauna de la Santa Faz estrena una instalación poco común para que las grandes rapaces completen su rehabilitación antes de ser liberadas

Jose Navarro
Antes de volver al cielo, algunas aves tienen que aprender de nuevo a usarlo. Un águila herida, un halcón con una fractura o un búho real que ha pasado semanas en recuperación no pueden salir del Centro de Recuperación de Fauna de la Santa Faz y desaparecer sin más. Primero necesitan probar las alas, recuperar músculo, ganar distancia y medir otra vez el aire. Volver, en definitiva, a comportarse como animales capaces de sobrevivir en libertad cuando llegue el momento de la suelta.
Ese es el sentido del nuevo voladero inaugurado en Santa Faz, una instalación pensada para que las grandes rapaces completen allí la última fase de su recuperación antes de ser liberadas. El centro ya contaba con jaulas de vuelo, algunas con casi 30 años, pero el nuevo espacio permite trabajar con más garantías esa transición entre el tratamiento veterinario y el regreso al medio natural. Es, en la práctica, el tramo final del hospital, el lugar donde el animal deja de estar solo curado y empieza a estar preparado.
Estos centros hacen una labor fundamental para recuperar biodiversidad y reforzar especies amenazadas
"Es como las personas, cuando tenemos una pierna escayolada dos o tres meses y después necesitamos un periodo de rehabilitación", explica Alejandro Izquierdo, responsable del centro. Hasta ahora esa fase se hacía en jaulas amplias, pero más limitadas. Con el nuevo voladero, las grandes rapaces pueden ejercitarse mejor, fortalecer la musculatura y llegar a la suelta en mejores condiciones. "Pensamos que van a salir mucho mejor de aquí", resume Izquierdo.
Aves heridas
Al centro no llegan animales por una sola vía ni con un único problema. Llegan aves heridas, enfermas o desorientadas; pollos que se han caído del nido; rapaces con fracturas; tortugas o pequeños mamíferos incapaces de valerse por sí mismos. A veces los lleva un particular que los encuentra en la calle, en el campo o en una urbanización. Otras veces intervienen bomberos u otros servicios. La Santa Faz funciona así como una puerta de entrada para la fauna silvestre de Alicante que, por accidente, enfermedad o pura fragilidad, ha quedado fuera de su sitio.

El pasado año el Centro de Santa Faz atendió a un 26 % más de animales que en el ejercicio anterior / Jose Navarro
A partir de ahí empieza un circuito que se parece más a un hospital que a un refugio. El animal se revisa, se estabiliza y recibe el primer tratamiento. Si llega en muy mal estado, pasa por la UCI del centro; si necesita más tiempo, queda en jaulas donde puede hacer una vida controlada hasta valerse por sí mismo. Después llega la recuperación, la alimentación, la observación diaria y, cuando es posible, la preparación para la suelta. El objetivo no es mantenerlo allí, sino devolverlo al lugar adecuado, con alimento suficiente y opciones reales de sobrevivir.
Santa Faz completa la recuperación de animales silvestres antes de devolverlos al medio natural
Uno de los últimos pacientes llegó desde Santa Pola el 17 de mayo. Es un flamenco con una luxación, el ala vendada y pocas ganas de comer, así que el personal del centro tiene que alimentarlo por sonda cada tres horas. La escena resume bien el trabajo menos visible de la Santa Faz. No hay épica inmediata ni sueltas espectaculares, sino cuidados repetidos, vigilancia y paciencia. Antes de volver a una salina, una laguna o cualquier otro humedal adecuado, algunos animales necesitan simplemente tiempo, alimento y una recuperación lenta.
Fauna silvestre
La nómina de pacientes cambia con los días pero en Santa Faz cabe casi todo el mapa pequeño de la fauna silvestre alicantina. Hay águilas calzadas, águilas culebreras, halcones peregrinos o búhos reales pero también gaviotas, cercetas, patos, erizos, tortugas, vencejos y golondrinas. Algunos patos, por ejemplo, aparecen en piscinas de urbanizaciones de la playa de San Juan y acaban en el centro. Otros animales llegan desde ramblas, carreteras, nidos o playas, siempre con la misma necesidad básica de que alguien los recoja, los cure y les dé una oportunidad de regresar.
Cada estación cambia también el tipo de urgencia. En esta época del año abundan los pollos de cernícalo o de mochuelo que se caen del nido, además de vencejos y golondrinas que todavía no pueden salir adelante por sí solos. El centro los alimenta, los termina de criar y los libera después en lugares adecuados. En otros momentos llegan más aves marinas, rapaces con fracturas, animales intoxicados o ejemplares debilitados por causas muy distintas. La rutina del centro se adapta así al calendario natural de las especies.
Las grandes rapaces necesitan rehabilitación para recuperar musculatura y salir de aquí en mejores condiciones
Ese trabajo crece, además, sobre una presión cada vez mayor. El centro de recuperación de Alicante atendió en 2025 a 6.668 animales, frente a los 5.290 del año anterior, lo que supone un incremento del 26 %. El dato sitúa a Santa Faz como el centro de la Comunidad Valenciana que más aumentó su actividad en términos porcentuales. Más que una estadística aislada, la cifra refleja una realidad visible en jaulas, salas de cura y llamadas de aviso. Cada vez llegan más animales silvestres que necesitan atención.
Por eso la actividad no se detiene. El Centro de Recuperación de Fauna de la Santa Faz permanece abierto los siete días de la semana, los 365 días del año, porque los avisos no entienden de festivos ni de horarios administrativos. Un animal herido puede aparecer en una carretera, una playa, una piscina, un nido o una zona agrícola cualquier mañana. La respuesta tiene que estar preparada siempre, desde la primera atención hasta el momento en que el ejemplar puede iniciar su recuperación.
Red autonómica
Santa Faz forma parte de la red de centros de recuperación de fauna silvestre de la Generalitat, junto a La Granja de El Saler, en Valencia, y Forn del Vidre, en Castellón. Cada uno atiende a los animales que llegan desde su ámbito pero la nueva instalación de Alicante le da ahora un papel singular en la fase final de recuperación de grandes rapaces. Ejemplares tratados en otros puntos de la Comunidad Valenciana pueden completar aquí el entrenamiento de vuelo antes de ser devueltos al medio natural.

Las instalaciones permanecen con sus puertas abiertas los 365 días del año para atender a los ejemplares encontrados / Jose Navarro
El vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Vicente Martínez Mus, destaca que estos centros hacen "una labor fundamental" que no siempre es conocida por la ciudadanía. "Vienen todos los animales que se encuentra cualquier persona y no sabe cómo tratar", explica. A partir de ahí, el objetivo es "devolverlos al medio ya curados" y reforzar, en el caso de las especies amenazadas o en retroceso, su recuperación. Para el conseller, esa tarea ayuda a proteger la biodiversidad y a evitar que determinadas poblaciones sigan perdiendo presencia en el territorio.
Al final, todo el recorrido conduce al mismo punto: abrir una puerta y que el animal pueda marcharse. El éxito de Santa Faz no se mide en retener aves, flamencos, erizos o tortugas, sino en verlos desaparecer de nuevo en el paisaje del que salieron. El nuevo voladero resume esa filosofía. Allí, antes de la suelta, las grandes rapaces ensayan el regreso a lo que eran, animales capaces de levantar el vuelo, cazar, orientarse y sobrevivir sin ayuda. El centro solo completa su trabajo cuando ya no hace falta. Solo entonces deja de ser refugio y vuelve a ser una estación de paso.
La red de centros de recuperación de fauna silvestre está gestionada por Vaersa, la empresa pública de la Generalitat Valenciana. Cualquier persona que encuentre un animal silvestre herido o desvalido puede llevarlo directamente al centro más cercano o llamar para que el servicio acuda a recogerlo. En Santa Faz, esa atención permanece activa los 365 días del año, como parte de una cadena que empieza muchas veces con un aviso ciudadano y termina, cuando la recuperación es posible, con el regreso del animal al medio natural.
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