Un final de curso en el infierno: Alicante, entre las aulas al rojo vivo que denuncia Greenpeace por el calor extremo
Un estudio de la organización ecologista alerta de que los colegios e institutos españoles no están preparados para unas temperaturas que ya golpean antes de que acabe el curso

Alicante, entre las aulas al rojo vivo que denuncia Greenpeace por el calor extremo / GREENPEACE
El calor ya no espera al verano para colarse en las aulas. Alicante aparece entre los territorios incluidos en el estudio de Greenpeace sobre el peligro de las altas temperaturas en los centros educativos españoles, una denuncia que pone el foco en una realidad cada vez más repetida: colegios e institutos donde estudiar, dar clase o salir al patio se convierte en una prueba de resistencia cuando sube el mercurio.
En el caso de Alicante, donde Greenpeace ha visitado esta semana un instituto de Benissa, la temperatura en el interior de las aulas a mediodía ya era similar a la máxima registrada ese día, de 28 ºC. En el patio, se han registrado temperaturas cercanas a los 40 °C, que llegan a superar los 50ºC en algunas pistas deportivas.

Colegio al rojo vivo en Benissa. / GREENPEACE
El calor llega antes de que acabe el curso
Según denuncia Greenpeace en su estudio ‘Al rojo vivo: el peligro del calor en las aulas españolas’, las temperaturas veraniegas se han adelantado y ya afectan de lleno a los meses de mayo y junio, cuando todavía hay clases, exámenes y temarios por cerrar.
La organización advierte de que muchos centros no están adaptados a este nuevo escenario climático. El calor se acumula en las aulas, donde alumnado y profesorado pasan varias horas al día, y puede afectar directamente al bienestar, la concentración y el aprendizaje.
Alicante, en el mapa del problema
El estudio de Greenpeace incluye imágenes térmicas tomadas en centros educativos de cinco provincias, entre ellas Alicante, junto a Barcelona, Madrid, Ourense y Sevilla. La organización utiliza ese material para mostrar cómo las altas temperaturas no son una molestia puntual, sino un problema que condiciona la actividad diaria dentro y fuera del aula.
La cuestión no se limita al interior de los edificios. Greenpeace también señala el estado de muchos patios escolares, dominados por cemento, hormigón y falta de sombra, justo cuando las recomendaciones sanitarias aconsejan evitar la exposición al sol y la actividad física en las horas centrales del día.
“Condiciones que jamás aceptaríamos para nosotros mismos”
El informe recoge testimonios de familias que denuncian la falta de reacción ante una situación que consideran insostenible. Ana Martínez, madre y miembro del AFA de un colegio público del noroeste de Madrid, lo resume con dureza: “Se me encoge el alma al comprobar hasta qué punto hemos normalizado unas condiciones para nuestros niños y niñas que jamás aceptaríamos para nosotros mismos”.
Martínez describe aulas donde los menores pasan horas sudando sobre los pupitres, abanicándose con cualquier cosa a mano, mientras los docentes imparten clase en condiciones muy difíciles. También habla de patios sin árboles, donde los niños buscan refugio bajo la escasa sombra de una canasta.
No basta con abrir ventanas
Greenpeace insiste en que el problema no se resuelve con medidas improvisadas como bajar persianas, abrir ventanas, llevar ropa más ligera o recurrir a abanicos de papel. La organización sostiene que el calor extremo en los centros educativos exige soluciones estructurales, no parches.
Entre las medidas que plantea están la climatización eficiente y descarbonizada de los edificios escolares, la mejora del aislamiento, la creación de sombras y la naturalización de los patios, con más vegetación y espacios capaces de reducir la temperatura.

Imagen térmica del patio de un centro escolar en Alicante. / GREENPEACE
Qué pide Greenpeace
La organización reclama coordinación entre administraciones y presupuestos suficientes para adaptar los centros educativos a las nuevas condiciones climáticas. Según Greenpeace, la burocracia y la falta de recursos no pueden seguir justificando que niños, niñas y docentes afronten jornadas lectivas en espacios que no garantizan el confort térmico ni la seguridad.
La advertencia de fondo es clara: el calor en las aulas ya no es una incomodidad pasajera de final de curso. En ciudades como Alicante, donde las altas temperaturas forman parte del calendario escolar cada vez antes, la adaptación de los centros se ha convertido en una cuestión de salud, aprendizaje y calidad educativa.
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