«Mi padre luchó hasta el final, sabía que lo estaban buscando»
Familiares de víctimas del doble terremoto en Venezuela relatan desde Alicante la incertidumbre, la impotencia y el dolor con el que han vivido los rescates y la situación límite del país cuando se cumplen diez días del trágico suceso

Venezolanos en Alicante: así viven la tragedia del terremoto a miles de kilómetros / Rafa Arjones
La noche en la que Alicante ardía para despedir sus Hogueras, miles de venezolanos comenzaron una pesadilla de la que todavía no han despertado. Eran las 00:05 horas en España, apenas cinco minutos después del disparo de la palmera desde el castillo de Santa Bárbara que marca el inicio de la Cremà, cuando al otro lado del Atlántico, a las 18:05 horas del 24 de junio, día de San Juan, un doble terremoto sacudió Venezuela. El último balance oficial eleva la tragedia a al menos 2.954 fallecidos y 16.592 heridos.
En la provincia de Alicante, donde residen más de 25.600 ciudadanos venezolanos, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), aquellos primeros minutos fueron de incertidumbre, incredulidad y desesperación. Muchos descubrieron lo ocurrido a través de las redes sociales. Después llegaron las llamadas que no entraban, los mensajes de WhatsApp que nunca se entregaban y las interminables horas pendientes de un teléfono que no dejaba de guardar silencio.
Al principio pensaba que era IA. Me pasé toda la noche revisando vídeos
Patria Márquez, de 42 años, lleva cuatro años viviendo en Alicante. Historiadora de profesión, llegó a la ciudad por motivos laborales. Aquella noche estaba a punto de acostarse cuando, como hace habitualmente, abrió Instagram. Lo primero que apareció en su pantalla fueron vídeos del aeropuerto de Maiquetía completamente destruido. «Pensé que era algo fake o hecho con inteligencia artificial», recuerda.
Pero siguieron apareciendo más imágenes. Entre ellas, un vídeo grabado por unos pescadores desde el que podía verse cómo la zona donde vivía su padre había desaparecido.

Patria Márquez ha perdido a su padre, Omar Márquez, como consecuencia del doble seísmo. / Rafa Arjones
Entonces le escribió un mensaje: «¿Papá, tembló allá?». Nunca llegó. Tampoco los que envió a sus hermanos. «Me pasé toda la noche revisando vídeos. Me temía lo peor», relata.
Su padre, Omar Márquez, de 72 años, ingeniero geólogo y profesor universitario todavía en activo, vivía en La Guaira, una de las zonas más castigadas por el doble seísmo. Residía en la séptima planta de un edificio de trece alturas que, explica Patria, «se parecía al Hotel Meliá de Alicante, era un edificio alargado». Cuando comenzó el terremoto estaba en casa.
Su hermano consiguió, tras horas de dificultades, llegar hasta el lugar. El edificio se había desplomado por completo. Comenzó a preguntar por supervivientes. Encontró con vida a Enrique, un vecino que vivía en la misma planta que su padre. Después empezaron a aparecer entre los escombros objetos que reconocían como parte de la vivienda familiar: libros, vajilla… También unas columnas amarillas que Omar había pintado en el interior del piso. «Todos los pilares eran blancos, pero esas columnas nos dieron la señal de que estábamos en su casa», explica.
Un rescate de horas
Poco después fueron llegando más familiares para colaborar en las labores de rescate. Abrieron tres huecos entre los escombros y los más delgados se introducían para intentar localizar supervivientes.
Su hermano no dejó de llamarle. «Papá, ¿estás ahí?». Nadie respondía. Sin embargo, Patria asegura que, cada vez que le hablaban, escuchaban sonidos.
Finalmente lograron sacarlo a las siete de la mañana, casi trece horas después del terremoto. Ya no tenía vida. Los servicios de emergencia les explicaron que había fallecido hacía pocas horas. «Él luchó hasta el final. Sabía que lo estaban buscando», afirma emocionada.
En medio del dolor encuentra un pequeño consuelo. «Me da tranquilidad dentro de tanto desastre. Hay gente que todavía tiene esa esperanza y el corazón en un puño porque sus familiares aún no han aparecido».
El duelo a distancia
Y es que a miles de kilómetros de distancia, el duelo resulta todavía más difícil. «Funciono en piloto automático», reconoce. «Es cruel. Tu mundo se paraliza y el resto sigue. Hay que seguir trabajando, pagando, haciendo la compra… No tienes el acompañamiento de tu familia porque estás lejos.» Ni siquiera han podido despedirse. «No hemos podido hacerlo con un océano de por medio», lamenta mientras recuerda que tenía previsto viajar a Venezuela el próximo año para reencontrarse con su padre.
David Olivares también conoció la tragedia por las imágenes del aeropuerto de Maiquetía. Después escuchó las primeras noticias en la radio. Conforme pasaban las horas, la angustia fue creciendo.
En un primer momento intentaron sacar a nuestros familiares con palas y con las manos
«Vimos que había familiares nuestros afectados, concretamente cuatro sobrinos, entre ellos un niño de nueve años. Ahí ya se nos encendieron todas las alarmas». Durante horas permanecieron pendientes de una de sus sobrinas. «Estuvimos escuchándola con el último aliento a través de los escombros».
Los primeros en intentar salvarla fueron los propios vecinos. «Con palas, con las manos e improvisando herramientas hicieron todo lo posible, pero no pudieron».
La tragedia también golpeó a su hija. «Perdió a su suegra, a su suegro y a su cuñada. Ella acababa de estar aquí, en España, con nosotros, conociendo a sus dos nietos. Cuando se fue la abrazamos y le dije que se quedara, que la necesitábamos nosotros, sus nietos, su hijo… Hacía muchos años que no nos veíamos». Como tantos otros, tampoco pudieron contactar con sus familiares. «Todo colapsó: la luz, las comunicaciones… Además allí también se celebraba la noche de San Juan».
Mi primo tuvo que extraer de los escombros a su hermana y sus sobrinos
Su hija, Clara María Olivares, denuncia la falta de medios durante los primeros días tras la catástrofe. «Ha pasado una semana y no hay forenses suficientes ni rescatistas. La ayuda internacional está llegando ahora, pero por parte del Gobierno mucha desolación. Ha sido una labor titánica de cada vecino y de cada familiar».
Su propio primo tuvo que recuperar con sus manos los cuerpos de cuatro familiares. «Tuvo que sacar él mismo a Paola, Noemí, Óscar y Óscar Manuel, de nueve años. No es justo. Al menos debería haber personal capacitado para acompañar a las familias. Era su hermana y eran sus sobrinos».
Una tragedia que golpea a todos
Aunque no todos los venezolanos residentes en Alicante han sufrido pérdidas directas, la tragedia ha golpeado prácticamente a toda la comunidad.
José Gregorio Ortega, que vive en Alicante desde hace cinco años, explica que «la comunidad venezolana está sufriendo mucho». Aunque sus familiares no se encontraban en la zona afectada, sí tiene amigos y conocidos que han perdido seres queridos. Recuerda además que Venezuela lleva «26 años sufriendo una crisis que ha obligado a ocho millones de venezolanos a salir del país».
Gerardo Estrada sí consiguió confirmar que su familia estaba bien, aunque las primeras horas fueron de enorme incertidumbre. «Intenté contactar con ellos y fueron horas muy angustiosas». Las consecuencias materiales en su caso fueron menores, pero asegura que prácticamente todos los venezolanos conocen a alguien que ha fallecido.

La venezolana Glorimary Hl, durante la misa que se ofició en la Concatedral de Alicante esta pasada semana por las víctimas. / Rafa Arjones
«Cada venezolano tiene amigos o personas cercanas que han muerto. Lo que sentimos es angustia, impotencia y ganas de estar allí. Desde Alicante estamos ayudando en todo lo que podemos». Ese sentimiento colectivo también lo resume Glorimary Hl, que describe una comunidad rota por la distancia y la impotencia. «Lo que estamos viviendo los venezolanos es frustración, querer hacer y no poder porque estamos fuera».
Lo que estamos viviendo es frustración, querer hacer y no poder porque estamos fuera
Agradece la llegada de los equipos internacionales de rescate. «Estamos muy agradecidos con toda la comunidad internacional que ha podido ir a mi país a devolver esperanza, un soplo de vida».
Porque, asegura, prácticamente nadie ha quedado al margen del desastre. «Todos tienen una persona afectada. Además era un día festivo, para rematar».
A más de 7.000 kilómetros de Venezuela, los teléfonos siguen siendo estos días el principal vínculo entre quienes emigraron y una tierra que continúa buscando a sus desaparecidos. En Alicante, mientras la vida sigue su curso, la comunidad venezolana permanece pendiente de cada actualización y de cada rescate de los suyos.
Suscríbete para seguir leyendo
- Dos averías dejan sin luz a 30.000 abonados en Alicante y provocan incidencias por toda la ciudad
- La Aemet avisa de una ola de calor en Alicante: temperaturas asfixiantes y noches tórridas
- El gobierno de Barcala anula a última hora una reunión con los operarios que cuestionan los detalles del hallazgo de la Venus de Alicante
- El entorno de una zona residencial de Alicante se convierte en un macrobotellón al aire libre
- Alicante dividida por el calor: la Aemet activa la alerta naranja y amarilla en la provincia
- Santa Pola, el municipio de moda en verano
- La Aemet mantiene los avisos por calor en Alicante: hasta 38 grados y riesgo de tormentas con granizo este fin de semana
- Caos en la Plaza de Toros de Alicante para ver la final del Mundial entre España y Argentina
