Un icono de Alicante
La leyenda de la calavera de la Serra Grossa: ¿quién la pintó por primera vez?
La roca con forma de cráneo que mira a la ciudad desde la ladera norte de la sierra se ha convertido en uno de esos símbolos urbanos sin placa oficial, pero con memoria popular

La calavera de la Serra Grossa forma parte de la memoria popular de muchos alicantinos. / Carolina Escalante

Hay lugares que no necesitan aparecer en una guía turística para formar parte del paisaje sentimental de una ciudad. En Alicante, uno de ellos está en la Serra Grossa, sobre la ladera que durante años miró al antiguo Liceo Francés. Es una roca pintada de blanco, con dos ojos oscuros y forma de cráneo, visible desde la distancia. Una calavera enorme, elemental y extraña, como si la montaña hubiera decidido asomar un cráneo al aire libre.
La calavera de la Serra Grossa no es una escultura ni una obra protegida. Tampoco tiene una autoría institucional ni una explicación cerrada durante años. Es, más bien, una intervención popular sobre una roca que ya sugería esa forma. Alguien vio allí una calavera antes que los demás y decidió subrayarla con pintura. Desde entonces, el dibujo ha sido repintado, discutido, deformado, reivindicado, ensuciado y recuperado una y otra vez.
La Serra Grossa, también conocida como Sierra de San Julián, está situada frente al mar, en el acceso norte de Alicante. El Ayuntamiento de Alicante la describe como un parque forestal urbano de más de 80 hectáreas, con un perímetro de unos 5 kilómetros, utilizado por el ser humano desde la Prehistoria y hoy integrado en la red de espacios naturales de la ciudad.
El misterio de la calavera
La calavera se encuentra en la parte alta de la ladera norte de la Serra Grossa, junto al entorno del antiguo Liceo Francés.
La clave está en la propia roca. No es que se construyera una calavera desde cero, sino que se aprovechó una formación prominente que, vista desde abajo, tenía algo de cráneo. La pintura blanca hizo el resto: ojos, nariz, contorno y contraste. Lo que era una intuición visual se convirtió en un icono.
Por eso ha sobrevivido tanto tiempo en el imaginario alicantino. No es solo una pintada. Es una marca reconocible en una montaña muy urbana, pegada a barrios, carreteras, colegios y rutas de paseo. Para muchos vecinos, la calavera está asociada a la infancia, al paso por la zona de Vistahermosa, al antiguo colegio o a esos trayectos en los que uno levantaba la vista y buscaba la mancha blanca entre la vegetación.
La primera teoría: los estudiantes del Liceo
Durante años, la explicación más repetida fue que la calavera la habían pintado estudiantes del antiguo Liceo Francés. Alicante Vivo recogía esa versión como parte de la memoria popular: alguien habría aprovechado la roca para darle una apariencia distinta, como si un esqueleto gigante saliera del interior de la montaña y vigilara el patio del colegio.
La teoría tenía lógica narrativa. La calavera estaba junto al Liceo, se veía desde el centro educativo y encajaba con una travesura de alumnos. Era fácil imaginar a un grupo de jóvenes subiendo con pintura, brochas y ganas de dejar una marca visible desde abajo.
Pero, como suele pasar con las leyendas urbanas, esa versión no fue la única. Con el tiempo aparecieron nombres, recuerdos concretos y testimonios que afinaban mucho más la historia.
La versión de Paco S. y Juanillo “El Largo”
La reconstrucción más detallada aparece en el blog Envelope’s Team, obra de Gussi y Roca, que atribuye la primera pintura a Paco S., de 24 años, y a Juanillo “El Largo”, de 19. Según su crónica, ambos eran empleados de limpieza del antiguo Liceo Francés y pintaron la roca en 1987, posiblemente el 28 de diciembre, por la mañana, después de que uno de ellos enseñara al otro la forma natural de la piedra.
El relato añade un detalle muy gráfico: se pintó “por gusto al arte” y porque la roca les inspiró la imagen de una calavera. La primera fotografía, según esa misma versión, habría sido tomada semanas después, en enero de 1988, desde el patio del Liceo, con una cámara Zenit y un objetivo de 400 mm.
Esa autoría encaja también con varios comentarios recogidos en Enamorados de Alicante. Una usuaria identificada como Ainhoa S. aseguró en 2014 que la calavera la pintó su padre, conocido como “El Cholo”, amante del campo, la fotografía de naturaleza y el senderismo. Según su testimonio, no era profesor ni grafitero, sino trabajador del Liceo y padre de una alumna; la historia se habría ocultado por miedo a represalias laborales.
Otros comentarios en la misma página apuntan en la misma dirección: varios usuarios mencionan a Cholo como autor o responsable de repintados posteriores, mientras que otros mantienen versiones diferentes.
Sea como fuere, la calavera conserva su halo de misterio porque nunca nadie la explicó oficialmente y cada generación de alicantinos recibió una versión distinta.
La “A” anarquista y el primer regreso al blanco
La primera gran alteración llegó poco después de su aparición. Según Envelope’s Team, durante el curso 1988-1989 dos alumnos del Liceo pintaron en la frente de la calavera una A de anarquía en negro. La respuesta fue devolverla al blanco: Paco S. y un amigo, Tonet, habrían subido para repintarla y recuperar su aspecto original.
Ese patrón se repetiría durante décadas: alguien interviene la calavera, otro la tapa, otro la cambia, otro la vuelve a blanquear. La roca se convierte así en una especie de pizarra pública, visible desde lejos, donde se cruzan nostalgia, protesta, humor, política, vandalismo y cariño por un símbolo local.
La protesta antinuclear de 1995
Uno de los episodios más recordados llegó en 1995, en el contexto de las protestas contra las pruebas nucleares francesas en el atolón de Mururoa. Envelope’s Team cuenta que un grupo alicantino llamado Acción Directa Antinuclear aprovechó que la calavera estaba justo encima de una entidad francesa, el Liceo, para convertirla en soporte reivindicativo.

La página de INFORMACIÓN que daba cuenta de la protesta antinuclear en septiembre de 1995. / INFORMACIÓN
Según esa crónica, pintaron en el lateral izquierdo el símbolo de la radiación ionizante, se descolgaron con cuerdas desde la calavera y colocaron debajo una pancarta reivindicativa de grandes dimensiones. La protesta fue efímera, pero dejó una de las imágenes más políticas de la historia de la roca.
Pasados unos años, hacia 2000 o 2001, la calavera habría sido repintada de blanco y el símbolo antinuclear quedó tapado. De nuevo, la montaña recuperaba su cráneo blanco.
Como "escaparate" de denuncias, también sirvió para mostrar el rechazo al terrorismo de ETA.

Ángeles Cáceres escribió sobre la calavera de la Serra Grossa. / INFORMACIÓN
El gris verdoso y el regreso nostálgico
La calavera también tuvo una etapa de camuflaje. Envelope’s Team recoge que en 2006, tras la venta del edificio del antiguo Liceo Francés, alguien intentó disimular el blanco de la roca con un tono gris verdoso. La intención, según esa versión, habría sido hacerla menos visible en el entorno. Sin embargo, alrededor de 2007, algún nostálgico volvió a pintarla de blanco.
Ese detalle resume bien el conflicto de fondo: para unos, la calavera es una pintada en un monte; para otros, un símbolo integrado ya en la memoria visual de Alicante. No es patrimonio oficial, pero sí tiene una tradición sentimental que explica por qué siempre reaparece.
La guerra de colores de 2014
El año 2014 marcó una nueva etapa. En junio, la calavera apareció pintada de rosa. Según Envelope’s Team, incluso se especuló con motivos variados, desde una referencia deportiva hasta una posible campaña vinculada al cáncer de mama, aunque sin una explicación confirmada.
Dos meses después, el 30 de agosto de 2014, volvió a ser pintada de blanco. Pero la calma duró poco: el 19 de septiembre amaneció de naranja fosforito. El blog lo resume como una “guerra de colores” que en apenas tres meses había cambiado varias veces el aspecto de la calavera.
El problema ya no era solo el color. Quienes subieron a verla denunciaron la aparición de numerosos grafitis en el entorno, firmas, restos de pintura, rodillos, botes y suciedad. El propio blog señalaba que aquello estaba pasando de una simple disputa cromática a una “guerra de grafitis”.
De símbolo popular a problema ambiental
La degradación del entorno preocupó incluso al Ayuntamiento. Envelope’s Team recoge una respuesta atribuida a Luis Barcala, entonces concejal de Sanidad, Consumo y Medio Ambiente, en la que aseguraba que el consistorio estaba al tanto y mostraba preocupación por los residuos que se dejaban en la zona, especialmente por el riesgo de incendios en días de sol y altas temperaturas.
Ahí aparece la otra cara de la leyenda. La calavera puede despertar simpatía, pero las intervenciones constantes, los restos de pintura y los grafitis alrededor chocan con la condición de la Serra Grossa como espacio natural urbano. La montaña no es un lienzo infinito: es un entorno de valor ambiental, de paseo y de memoria histórica.
Blanco, rojigualda, corazón rojo y partituras
Después de 2014, la calavera siguió cambiando. A finales de 2015 lucía blanca, aunque con algunos grafitis.

La Generalitat puso en marcha en 2015 una brigada anti grafitis en los parques naturales. / INFORMACIÓN
Hasta finales de 2017 se mantuvo bastante blanca, según el seguimiento de Envelope’s Team, pero a principios de 2018 volvieron a sumarse pintadas.
En julio de 2018 apareció con los colores de la bandera de España, la rojigualda. Ese mismo verano volvió a intentarse recuperar el blanco, pero se le añadió un corazón rojo en la frente, justo en la zona donde décadas antes se había pintado la A anarquista. A finales de diciembre de 2018, la calavera volvió a lucir completamente blanca.
En 2019 aparecieron nuevas pintadas con un “toque musical”, incluidas figuras que recordaban a partituras. Ese mismo año volvió a verse con la bandera rojigualda y, más tarde, otra vez en blanco, aunque con capas insuficientes y restos de colores anteriores.
La cruz templaria y los nuevos grafitis
La secuencia continuó en 2020. En julio, la calavera volvió a amanecer con los colores de la bandera española. En septiembre fue repintada de blanco y, pocos días después, alguien le añadió en la cabeza una cruz de aspecto templario. En octubre de ese año, volvió otra vez a sus colores originales.
En enero de 2021, según Envelope’s Team, apareció junto a la calavera un gran grafiti en el que se leía “Panadería del Rap”, situado muy cerca de la roca. El propio autor del seguimiento destacaba que, al menos, los colores empleados se camuflaban parcialmente con el entorno y no se veían tanto desde lejos.
La calavera, para entonces, ya no era solo la calavera. A su alrededor había nacido un pequeño ecosistema de marcas, firmas y añadidos. La intervención original seguía ahí, pero cada época le había pegado una capa nueva.
Una roca que Alicante mira como si fuera suya
En 2018, Envelope’s Team recogió también una respuesta municipal a una petición para proteger la calavera como símbolo integrado en el paisaje y la cultura de la ciudad. Según esa crónica, el Ayuntamiento no la consideró un elemento patrimonial con suficiente valor o tradición para ser protegido.
La decisión resulta comprensible desde el punto de vista administrativo: se trata de una pintada sobre una roca en un espacio natural. Pero también explica la tensión que acompaña a la calavera desde hace décadas. No es patrimonio, pero muchos la sienten como parte de Alicante. No es arte oficial, pero todos la reconocen. No debería fomentar más pintadas, pero su desaparición total probablemente provocaría nostalgia.
Ese es el lugar ambiguo que ocupa: símbolo informal, leyenda de barrio, rareza paisajística y, al mismo tiempo, foco de intervenciones que no siempre respetan la montaña.
El “campamento” azul de la actualidad
La última etapa añade otro capítulo a esa historia de capas. Hoy, junto a la calavera, llama la atención un nuevo elemento en tonos azules: una especie de “campamento” levantado a su lado.
La imagen actual resume casi cuarenta años de historia: la calavera blanca, los restos de sucesivos repintados, los grafitis próximos y ahora ese añadido azul que prolonga la discusión sobre qué debe hacerse con un símbolo popular nacido sin permiso, mantenido por la memoria colectiva y expuesto a cada nueva mano que pueda subir con pintura.
Suscríbete para seguir leyendo
- Dos averías dejan sin luz a 30.000 abonados en Alicante y provocan incidencias por toda la ciudad
- La concejala de Cultura borra la fecha del hallazgo de la Venus de Alicante tras la revelación de los operarios
- La Justicia obliga al Ayuntamiento de Alicante a pagar más de 744.000 euros en intereses tras un aluvión de sentencias por el retraso en el pago de facturas
- La playa de San Juan en Alicante, una guardería para 40 rayas látigo
- El gobierno de Barcala anula a última hora una reunión con los operarios que cuestionan los detalles del hallazgo de la Venus de Alicante
- El vicesecretario de Alicante declara que pidió eliminar los nombres de cargos del informe sobre Les Naus “por discreción”
- La Aemet mantiene los avisos por calor en Alicante: hasta 38 grados y riesgo de tormentas con granizo este fin de semana
- El eclipse solar en Alicante: la UA prepara una observación gratuita al atardecer