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Las embajadas sellan el último duelo por el castillo de San Blas en Alicante

La capitulación cristiana de la mañana y la rendición mora de la tarde cierran cinco días de grandes desfiles, música y humor en el barrio

Representantes del bando cristiano, durante una de las embajadas celebradas ante el castillo de San Blas

La Embajada Cristiana en San Blas llena el barrio alicantino de fiesta y tradición / Héctor Fuentes

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Borja Campoy

Borja Campoy

San Blas ha despedido este lunes sus Fiestas de Moros y Cristianos con el último combate por el castillo. La Embajada Mora de la mañana ha abierto la jornada con la batalla y la capitulación cristiana, antes de que el bando de la cruz recuperara por la tarde la fortaleza con la Embajada Cristiana y la rendición de las huestes de la media luna. El doble acto ha puesto el broche a cinco días en los que el barrio ha pasado del humor de la Retreta a la solemnidad de las grandes entradas.

La jornada ha comenzado a las 10 horas con la ofensiva mora. Tras el intercambio de parlamentos y los disparos de arcabucería, los cristianos han terminado entregando el castillo a sus adversarios. La escena ha vuelto a recrear uno de los momentos más tradicionales de la celebración, con la lectura de las capitulaciones y el relevo simbólico del poder en la fortaleza levantada al final de la avenida de los Condes de Soto Ameno.

El desenlace ha llegado a las 20 horas. La Embajada Cristiana ha invertido entonces el resultado de la mañana y ha escenificado la reconquista del castillo. El combate ha concluido con la capitulación mora y ha devuelto la plaza al bando cristiano, cerrando el relato histórico y festero que cada año sirve de desenlace a la programación de San Blas.

Las embajadas han puesto el punto final a una edición que comenzó el jueves con el acto más desenfadado. La Retreta llenó las calles de disfraces, charangas y humor, con las 21 filaes dispuestas a aparcar durante unas horas los trajes oficiales y el rigor de los días grandes. Moteros, pescadores, deportistas, personajes de cine y seguidores de Rosalía desfilaron por el barrio en una noche pensada para liberar tensión antes de la llegada de los boatos y las escuadras.

El viernes, la música tomó el relevo con la Entrada de Bandas Antonio Carrillos. Dieciséis agrupaciones recorrieron las calles hasta concentrarse frente al castillo, donde se celebró el homenaje a los festeros fallecidos. El recuerdo fue especialmente emotivo para Vicente Sala Blasco, capitán moro de 2024, fallecido pocos días antes de las fiestas. Todas las bandas interpretaron después al unísono el Himno de San Blas, dirigido desde lo alto de la fortaleza por Juan Miguel Muñoz Cabrera.

La Nit de l’Olla y el tradicional desfile de las escobas abrieron paso al fin de semana de las entradas. El sábado fue el turno del bando cristiano, que volvió a imponerse al intenso calor para llenar las calles de música, historia y espectáculo. La Filà Almogávares, Capitanía Cristiana 2026, recreó la expedición de Roger de Flor y la llegada de sus tropas a Constantinopla en el año 1303.

El boato relató el recibimiento de los almogávares por el emperador Andrónico II Paleólogo, el conflicto con los mercenarios genoveses y la posterior marcha hacia Anatolia. Uno de los momentos más aplaudidos fue la aparición del capitán cristiano, Joan Davó Pareja, en su carroza y acompañado por la banda de Lloc Nou de Fenollet al ritmo de la marcha “L’Ambaixador Cristià”. La Filà Templarios cerró el cortejo como Alferecía Cristiana.

La media luna tomó el protagonismo el domingo. La Filà Marrakets, Capitanía Mora 2026, abrió la Entrada Mora con una recreación del esplendor de Marrakech y de la corte almorávide. Entre incienso, palmeras, jaimas, sedas y animales exóticos, el boato representó la despedida de Yusuf ibn Tashfin antes de iniciar la expedición hacia Al-Ándalus.

El desfile alcanzó su momento culminante con la llegada del capitán moro, José Miguel Olcina, acompañado por su favorita, Amparo Llorens, y por la Unió Musical Ontinyent, que interpretó “Capità de Capitans”. La Filà Abbasidas, con Mari Francis Riqué López como alférez, cerró una Entrada que volvió a reunir a numeroso público en las calles.

Tras el humor, la música, los homenajes y los grandes desfiles, las embajadas han devuelto este lunes la fiesta a su argumento esencial, con dos bandos frente a frente y un castillo que cambia de manos antes de regresar al lado cristiano. San Blas ha cerrado así otra edición de una celebración que combina historia, pólvora, identidad de barrio y el trabajo de cientos de festeros.

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