ESTUPEFACIENTES
Proliferan en la red social X los anuncios de venta de drogas con Alicante y Elche entre las ciudades de “reparto”
Numerosos mensajes ofrecen cannabis, cocaína, ketamina, MDMA, DMT y setas alucinógenas y derivan los supuestos pedidos hacia grupos de mensajería, teléfonos y correos electrónicos

Algunos de los mensajes ofreciendo drogas que campan por X. / INFORMACIÓN

Alicante y Elche aparecen incluidas en una larga lista de ciudades españolas dentro de numerosos anuncios que ofrecen abiertamente drogas en la red social X (antes Twitter). Las publicaciones utilizan un lenguaje propio del mercado clandestino, prometen productos “premium” y animan a los usuarios a abandonar la plataforma para cerrar la supuesta compra mediante aplicaciones de mensajería, números de teléfono o direcciones de correo electrónico.
Una revisión de numerosas publicaciones muestra una estructura casi idéntica: una sucesión de términos relacionados con distintas sustancias, seguida de nombres de ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Sevilla, Málaga, Murcia, Palma, Alicante, Las Palmas, Bilbao, Córdoba, Vigo, Valladolid, Gijón, Granada, Elche, Oviedo o Leganés.
En algunos casos, los mensajes incluyen imágenes e incluso vídeos de cogollos de marihuana, bolsas, setas alucinógenas, pastillas, polvo blanco o cartuchos para vapear.
Otros se limitan a repetir palabras clave y ciudades, una fórmula que parece diseñada para aparecer en búsquedas relacionadas con drogas y localidades concretas. Varias cuentas publican textos prácticamente iguales y conducen a canales externos donde, según aseguran, se tramitan los encargos.
Alicante como reclamo en anuncios masivos
Los anuncios mencionan simultáneamente numerosas ciudades españolas y, en ocasiones, localidades de diferentes países, sin aportar información verificable sobre vendedores o puntos de entrega.
Todo apunta a que los nombres geográficos se utilizan como reclamo para captar a personas que busquen expresiones como “cannabis Alicante”, “cocaína Alicante” o “weed Elche”. Una misma publicación promete entregas en más de una veintena de ciudades, por lo que se trataría o bien de una red nacional o incluso internacional, o bien intentos de estafa.
No es posible confirmar que todos los perfiles pertenezcan a vendedores de droga. Tras algunos tuits puede haber redes reales de distribución, pero otros podrían perseguir únicamente el cobro anticipado, la obtención de datos personales o el traslado de la víctima a canales donde resulte más difícil hacerse con su dinero.
Qué significan “plug”, “ZAZA”, “snowflake” o “vape carts”
Los anuncios mezclan nombres conocidos con expresiones del argot anglosajón. Una de las más repetidas es “plug”, utilizada para referirse al vendedor, proveedor o contacto que suministra drogas. Cuando una cuenta se presenta como “weed plug” o “legit plug”, intenta transmitir que es un distribuidor de confianza.
Palabras como “weed”, “bud”, “ZAZA”, “loud”, “dank” o “sativa” se emplean para ofrecer cannabis. “Bud” significa cogollo, mientras que “ZAZA”, “loud” y “dank” suelen utilizarse como términos comerciales para presentar la marihuana como especialmente potente o de alta calidad.
Las expresiones “coke” y “snowflake” aluden habitualmente a la cocaína. “Snow”, “flake” o “snowflake” juegan con su aspecto de polvo blanco y permiten anunciarla sin utilizar siempre su denominación directa.
Los “vape carts” son cartuchos para cigarrillos electrónicos, mientras que “THC liquid” hace referencia a líquidos que supuestamente contienen tetrahidrocannabinol, el principal componente psicoactivo del cannabis. El término “edibles” identifica alimentos elaborados con cannabis, como gominolas, chocolates o galletas.
También aparecen “hash”, equivalente a hachís; “shrooms”, usado para hongos alucinógenos; “ket”, abreviatura de ketamina; y las siglas MDMA y DMT, correspondientes a sustancias psicoactivas. “Whips” es un término más ambiguo, aunque en este contexto suele asociarse a cápsulas o recipientes de óxido nitroso.
El CBD, por su parte, no equivale automáticamente a una sustancia ilegal. Es un compuesto del cannabis sin los efectos intoxicantes propios del THC, aunque en estos mensajes aparece incorporado a catálogos que también ofrecen cocaína, ketamina y otras sustancias controladas.
De una red social abierta a canales privados
La dinámica observada utiliza X como escaparate público. El anuncio se difunde en una plataforma donde puede localizarse mediante búsquedas, palabras clave o nombres de ciudades, pero la conversación se traslada después a aplicaciones privadas o cifradas.
Esta salida de la plataforma cumple varias funciones. Evita que en la publicación pública aparezcan conversaciones completas sobre precios y entregas, permite cambiar rápidamente de contacto cuando se cierra una cuenta y dificulta que otros usuarios vean las posibles reclamaciones de compradores que no hayan recibido el producto.
En las publicaciones analizadas se observan invitaciones a escribir mediante canales de mensajería, llamar a determinados teléfonos o enviar correos para recibir un supuesto menú, conocer precios o concretar el reparto. La insistencia en términos como “premium”, “legit”, “fast delivery” o “trusted” intenta generar una sensación de profesionalidad y fiabilidad dentro de una operación que permanece completamente opaca.
Los anuncios incumplen las normas de X
La propia política de X establece que la plataforma no puede utilizarse para vender, comprar o facilitar transacciones de bienes y servicios ilegales. Entre los productos expresamente incluidos figuran las drogas y sustancias controladas.
La empresa señala que puede suspender una cuenta incluso en la primera revisión si determina que ha incumplido esta norma. También sostiene que busca de forma proactiva posibles infracciones para someterlas a revisión humana, además de actuar sobre los contenidos denunciados por los usuarios.
La permanencia de publicaciones de esta naturaleza plantea dudas sobre la eficacia de los sistemas de detección, especialmente cuando los mensajes contienen nombres explícitos de sustancias, imágenes y llamadas directas para realizar pedidos.
El uso de abreviaturas y jerga puede dificultar la moderación automática, pero buena parte de los anuncios combina ese vocabulario con términos tan reconocibles como “coke”, “MDMA”, “DMT”, “hash” o “THC”. A ello se suma la repetición masiva de mensajes y ciudades, un comportamiento próximo al spam que también está contemplado por las políticas internas de la red social.
La venta digital de drogas no es un fenómeno teórico
Las fuerzas de seguridad españolas han desarticulado durante los últimos años diferentes organizaciones que utilizaban redes sociales y aplicaciones de mensajería para vender estupefacientes.
En 2024, la Policía Nacional desmanteló en Granada un grupo que promocionaba marihuana mediante redes sociales y realizaba posteriormente los envíos a través de empresas de paquetería. En la operación se intervinieron 115 kilos de cogollos, 148 plantas, cerca de 35.000 euros y un arma de fuego.
La Guardia Civil y la Gendarmería francesa detuvieron también a 22 personas vinculadas a una organización que vendía droga mediante Telegram, cobraba en criptomonedas y utilizaba servicios postales para distribuir los pedidos. Los registros permitieron intervenir cocaína, marihuana, armas y dinero en efectivo.
Otra operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía Nacional descubrió una red dedicada a la venta por internet de gominolas y aperitivos impregnados con drogas sintéticas. Entre los artículos intervenidos había vapeadores con líquidos de cannabis y paquetes que contenían cocaína.
Estos precedentes no permiten afirmar que las cuentas ahora detectadas formen parte de organizaciones similares, pero sí demuestran que las redes sociales, la mensajería privada, las criptomonedas y la paquetería se han convertido en herramientas empleadas por grupos dedicados al tráfico de drogas.
Un posible delito contra la salud pública
El artículo 368 del Código Penal castiga a quienes cultiven, elaboren o trafiquen con drogas, así como a quienes promuevan, favorezcan o faciliten su consumo ilegal. Las penas varían según la sustancia, su peligrosidad, las cantidades y las circunstancias en las que se desarrollen los hechos.
La publicación de un anuncio no permite por sí sola conocer si existe droga, si se han producido ventas o quién se encuentra detrás de la cuenta. Esa determinación corresponde a las fuerzas de seguridad y, en su caso, a los tribunales. Sin embargo, la oferta pública de cocaína, ketamina, MDMA u otras sustancias, acompañada de vías de contacto para efectuar pedidos, constituye un indicio que puede ser comunicado tanto a la plataforma como a la Policía o la Guardia Civil.
Mientras tanto, Alicante continúa apareciendo como una palabra más en catálogos clandestinos que prometen repartir de todo y en cualquier lugar. Un escaparate digital en el que resulta difícil distinguir entre traficantes reales, perfiles automatizados y estafadores, pero que permanece a la vista de cualquier usuario que simplemente busque Alicante o Elche en el buscador de X.
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