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Dos caras

La Almadraba, una playa que suspende de día y luce de noche

Los bañistas reclaman una regeneración del arenal y al caer el sol el nuevo entorno gana vida con deporte, familias y paseantes

La Almadraba suspende como playa y aprueba como paseo

La Almadraba suspende como playa y aprueba como paseo / Pilar Cortés

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Borja Campoy

Borja Campoy

Alicante

La Almadraba parece una playa distinta según la hora a la que se visite. Por la mañana, las sombrillas se reparten con holgura entre un arenal apelmazado, charcos de agua estancada y bañistas que reclaman una regeneración. Al caer el sol, la escena cambia. El paseo y las zonas de estancia se llenan de paseantes, grupos de yoga, zumba y baile, familias y amigos que disfrutan de las luces y la brisa del mar. Un mes después de su apertura, el nuevo espacio litoral convence como paseo, aunque sigue dejando dudas cuando se pone a prueba como playa.

Con una aportación de arena, la playa quedaría mucho más aprovechable para los bañistas

Esther Campos

— Bañista de la Almadraba

A media mañana, la imagen dista de la habitual en una playa alicantina en plena temporada alta. No llegan a medio centenar de personas y las sombrillas aparecen muy separadas, mientras un gran charco de agua estancada ocupa parte del arenal. Yolanda Navarro valora que el entorno haya quedado «muy bonito» y sea tranquilo, aunque lamenta que la arena permanezca apelmazada y que el agua esté sucia. «Es extraño que venga tan poca gente», resume.

A partir de las ocho, el paseo se llena de deporte, baile y vecinos buscando la brisa marina

José Luis Cabezuelos

— Usuario del paseo de la Almadraba

La principal queja se concentra en el estado del arenal. Esther Campos reclama que se aporten camiones de arena para que la playa resulte «más aceptable y acogedora», porque ahora prefiere colocarse bajo las palmeras y evitar esa zona. Ángeles Maestro comparte el diagnóstico: valora la mejora del entorno, aunque considera que la actuación ha quedado incompleta. «Para entrar en el agua está todo embarrado y huele a cieno», lamenta. Ambas coinciden en que una regeneración permitiría aprovechar mejor una cala tranquila que, pese a su nuevo aspecto, sigue resultando poco atractiva para muchos bañistas.

El agua permanece estancada, sucia y con malos olores por la escasa entrada de corrientes

Luisa Cejuela

— Bañista de la Almadraba

Mariano San Martín expresa la sensación de muchos usuarios: «El parque ha quedado precioso; la segunda fase es mejorar la arena y regenerar la playa». El equipo de gobierno de Alicante atribuye el encharcamiento a una escollera construida hace unos 30 años, que habría alterado el relleno natural y favorecido la aparición de charcos. Su retirada, sostiene, corresponde a Costas. Desde la Concejalía de Turismo se asegura además que, si después las corrientes no devolvieran la playa a su estado natural, el ministerio estudiaría rellenos u otras soluciones. Costas, preguntada por una posible regeneración del arenal, se limita a indicar que inspeccionará la actuación para valorarla y que no ha recibido quejas.

El nuevo parque ha dado vida a la zona y ofrece un espacio seguro para reunirse al fresco

Esperanza Carrión

— Usuaria del paseo de la Almadraba

Cuando cae el sol, la Almadraba cambia de ritmo. Las sombrillas desaparecen y el calor concede una tregua, mientras el nuevo entorno empieza a llenarse de paseantes, familias y grupos que buscan la brisa del mar. Las críticas al arenal quedan entonces en segundo plano y el protagonismo pasa a las pasarelas, la iluminación y las zonas de estancia. La playa cuestionada durante la mañana se transforma al anochecer en un paseo lleno de actividad.

El entorno ha quedado bonito, aunque la arena huele a cieno y se hace incómodo el baño

Ángeles Maestro

— Bañista de la Almadraba

A partir de las ocho, la actividad se multiplica. Hay vecinos que caminan junto al mar, familias que ocupan las zonas de estancia y grupos que aprovechan el espacio para hacer yoga, zumba, pilates o bailar. José Luis Cabezuelos celebra que Alicante disponga por fin de un lugar «libre y verde» en una zona que antes estaba muy deteriorada. «Con la brisa del mar es maravilloso», destaca. Para él, la transformación ha dado a la Almadraba el ambiente que le faltaba y ha convertido el anochecer en su momento de mayor afluencia.

La madera, las palmeras y la iluminación se han integrado en la playa sin romper su carácter

Estefanía Miralles

— Usuaria del paseo de la Almadraba

El diseño del paseo ha terminado por disipar muchas de las dudas que despertó durante las obras. Estefanía Miralles admite que temía una actuación poco natural y difícil de integrar, aunque ahora destaca la madera, las palmeras, los colores y la conservación del arbolado. También valora unas pasarelas que, iluminadas al caer la noche, recorren un entorno antes abandonado. «La gente tenía miedo de que fuera un mazacote, pero ha quedado muy bien», señala.

La arena apelmazada, el agua sucia y la falta de transparencia alejan a muchas familias

Yolanda Navarro

— Bañista de la Almadraba

Clara Luna Muñoz conoce bien la diferencia entre el antes y el después. Recuerda que el antiguo camino estaba «hecho polvo», sin iluminación y obligaba a hacer equilibrios entre las piedras para avanzar junto al mar. Ahora destaca la comodidad y la accesibilidad de un paseo que permite acercarse a la Almadraba al salir del trabajo y caminar con tranquilidad. Aunque echa en falta más plazas de aparcamiento y considera excesiva parte de la iluminación, cree que la reforma ha recuperado un espacio hasta ahora poco aprovechado. «Ha quedado original y bonito; vale la pena venir y darse un paseo a gusto», afirma.

Ahora se puede caminar con comodidad por un entorno antes deteriorado y oscuro

Clara Luna Muñoz

— Usuaria del paseo de la Almadraba

La reforma también ha convertido la Almadraba en un nuevo punto de encuentro. Esperanza Carrión disfruta ahora del lugar con su grupo de amigas, sentadas al fresco y tomando una cerveza mientras escuchan las chicharras y los pájaros. Destaca además que la iluminación le permite sentirse segura cuando acude más tarde y que las pasarelas facilitan caminar sin dificultad. «Ha dado vitalidad al sitio y ahora hay otro ambiente», celebra. A su juicio, el entorno ya no sirve únicamente para ir a la playa, sino también para reunirse, descansar y pasar la tarde junto al mar.

La zona de baño continúa marcada por el fango, los charcos y la escasa profundidad

Mariano San Martín

— Bañista de la Almadraba

La mirada de Marlene Zeitgovel, alemana afincada en Alicante, refuerza esa transformación. Asegura que el nuevo entorno le recuerda a otros rincones del Mediterráneo, como Italia o Grecia, por el uso de materiales naturales, la vegetación y el recorrido iluminado junto al mar. También valora que se haya ganado una zona verde en una ciudad donde, a su juicio, faltan espacios de este tipo. «La pasarela parece un paseo griego, con sus luces», compara. Para ella, la actuación ha creado un rincón especial que «abraza» al visitante y proyecta una imagen más amable de Alicante.

La vegetación, los materiales naturales y las luces evocan un paseo mediterráneo entre Italia y Grecia

Marlene Zeitgovel

— Usuaria del paseo de la Almadraba

El contraste entre la mañana y la noche deja la conclusión compartida de que la actuación ha recuperado el entorno, aunque no ha resuelto los problemas de la playa. Los bañistas valoran el nuevo paseo, las zonas verdes y la comodidad de los accesos, al tiempo que reclaman una regeneración del arenal y una solución para el agua estancada. Al caer el sol, esas carencias pierden protagonismo y la Almadraba se consolida como lugar de paseo, deporte y encuentro. La reforma ha dado vida a un espacio antes degradado; la asignatura pendiente sigue estando en la arena y en el agua.

Cuando termina de caer la noche, las luces dibujan el recorrido de madera y la brisa acompaña a quienes todavía caminan, conversan o hacen deporte frente al mar. La Almadraba ha recuperado movimiento y se ha convertido en un espacio que invita a quedarse. La imagen cambia apenas unos metros más abajo, donde el fango, los charcos y la falta de arena recuerdan que la transformación no está completa. De noche, el paseo luce; de día, la playa sigue esperando.

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