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Dos anclas halladas junto a Tabarca apuntan al posible naufragio de un barco romano hace más de 2.000 años

Un equipo de la Universidad de Alicante plantea que las piezas podrían pertenecer a una embarcación hundida frente al yacimiento subacuático de Els Farallons, aunque advierte de que solo una excavación podrá confirmarlo

Uno de los investigadores junto a las posibles anclas en el entorno subacuático de Tabarca.

Uno de los investigadores junto a las posibles anclas en el entorno subacuático de Tabarca. / J.A.Moya

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Sara Rodríguez

Sara Rodríguez

Bajo las aguas que rodean la isla de Tabarca todavía quedan historias por contar. Algunas descansan ocultas entre las rocas y las praderas de posidonia desde hace más de dos mil años. Es el caso de dos anclas de piedra localizadas en el paraje submarino de Els Farallons que, según un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Alicante, podrían pertenecer a un barco romano hundido frente a la isla en torno a la primera mitad del siglo I antes de Cristo.

La investigación, publicada en la revista científica Sagvntvm, está liderada por el catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Alicante Jaime Molina Vidal y cuenta con la participación de los investigadores Alberto J. Lorrio Alvarado, José Antonio Moya Montoya, Hugo Corbí Sevilla, Javier Martínez-Martínez, Alejandro Pérez Prefasi y José Manuel Pérez Burgos, además de Felio Lozano Quijada, del servicio de mantenimiento y protección de la Reserva Marina de la isla de Tabarca. El trabajo analiza en detalle las dos anclas de granito (conocidas técnicamente como potalas) y el contexto arqueológico en el que aparecieron.

Otra imagen de uno de los investigadores junto a una de las supuestas anclas romanas.

Otra imagen de uno de los investigadores junto a una de las supuestas anclas romanas. / J.A.Moya

Las dos anclas han sido documentadas en la zona oriental de la isla de Tabarca, un área conocida como Els Farallons, donde desde hace años se habían localizado abundantes fragmentos de ánforas romanas. Durante la campaña arqueológica, los investigadores han medido, fotografiado y realizado modelos tridimensionales de ambas piezas, además de extraer pequeñas muestras para conocer el origen de la piedra con la que fueron fabricadas. Posteriormente, las han devuelto exactamente al mismo lugar donde se encontraban.

Uno de los aspectos que más ha llamado la atención del equipo ha sido la extraordinaria similitud entre las dos anclas. Ambas están realizadas en granito cuidadosamente trabajado y pulido, presentan dimensiones muy parecidas y se encuentran separadas entre sí por una distancia de entre 16 y 18 metros. Además, los análisis mineralógicos indican que el granito procede de afloramientos situados en distintos puntos del Mediterráneo occidental, como el Golfo de León, Córcega, Cerdeña o Italia.

Recreación de las posibles anclas.

Recreación de las posibles anclas. / J.A.Moya/U.V

Precisamente esa separación entre ambas piezas constituye uno de los argumentos principales de la investigación. Los autores consideran que esos 16 o 18 metros podrían coincidir con la eslora aproximada de una embarcación romana de tamaño medio dedicada al transporte comercial, una hipótesis reforzada por la presencia de abundante material cerámico de la misma época en el entorno inmediato.

La prospección submarina ha permitido recuperar principalmente fragmentos de ánforas destinadas al transporte de vino procedentes de Italia. El conjunto está dominado por ánforas Lamboglia 2 y Dressel 1, recipientes utilizados entre finales del siglo II a.C. y mediados del siglo I a.C. Los investigadores calculan que el 92 % del material anfórico recuperado pertenece a ese periodo tardorrepublicano, mientras que únicamente apareció un fragmento posterior cuya presencia introduce cierta incertidumbre cronológica, aunque no altera el predominio del conjunto romano republicano.

Escenarios

Antes de plantear la hipótesis del naufragio, el estudio analiza otras posibles explicaciones para la presencia de las dos anclas en el fondo marino. Una de ellas sería que hubieran formado parte de antiguas artes de pesca, aunque los investigadores la consideran poco probable porque este tipo de instalaciones utiliza habitualmente numerosas piedras de fondeo mucho menos elaboradas que estas.

Detalle de la supuesta ancla.

Detalle de la supuesta ancla. / J.A.Moya

También descartan que se trate simplemente de dos anclas perdidas accidentalmente por embarcaciones que faenaban en la zona. Argumentan que, de haberse producido una pérdida fortuita, lo normal sería encontrar una única ancla y no dos piezas prácticamente idénticas. Además, recuerdan que el lugar donde han aparecido está especialmente expuesto al viento y no reúne buenas condiciones como fondeadero habitual.

Una zona complicada

La ubicación tampoco es casual. Els Farallons constituye una prolongación rocosa que aflora muy cerca de la superficie y genera corrientes y rompientes en distintas direcciones. Esa configuración convierte el enclave en un lugar especialmente rico para la pesca, pero también peligroso para la navegación, circunstancia que explicaría un posible hundimiento en época romana. De hecho, las cartas náuticas actuales ya recogen otros naufragios en las inmediaciones.

Los investigadores insisten, sin embargo, en la cautela. Aunque la homogeneidad del contexto arqueológico, la similitud de las anclas, su proximidad y la escasa consistencia de las hipótesis alternativas apuntan hacia la existencia de un pecio romano, por ahora no se han localizado restos estructurales de la embarcación ni materiales orgánicos que permitan una datación directa. La confirmación definitiva dependerá de futuras excavaciones arqueológicas en las cubetas sedimentarias del yacimiento submarino.

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