Especies desaparecidas
Cuando las focas monje vivían en Alicante: el último cachorro documentado, muerto de un hachazo en el Albir
Uno de los episodios mejor documentados de la presencia de la foca monje data del año 1951 en la Marina Baixa

Cría de foca monje capturada en el Albir en 1951. / INFORMACIÓN
Hoy por hoy a muchos les resultaría difícil imaginar una foca monje en las costas de Alicante, aunque este mamífero formara parte durante siglos de la fauna del Mediterráneo español. Documentos históricos, fotografías, restos arqueológicos y estudios científicos nos demuestran que es una realidad: el Monachus monachus formó parte de nuestro ecosistema y estuvo presente en el litoral alicantino, reproduciéndose aún a mediados del siglo XX. El factor humano, como ha ocurrido con tantas otras especies, formó parte de su desaparición en nuestro territorio.

Una foca monje. / Vasilis Drosakis
Se trata de una de las evidencias más antiguas de que la foca monje vivió en Alicante: se encuentra en la Cova de les Cendres, en Teulada-Moraira. Estudios arqueozoológicos realizados en este yacimiento han identificado restos de animales en niveles prehistóricos, algunos de ellos atribuidos a focas monje. De hecho, el Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres de España señala que el tramo comprendido entre el cabo de San Antonio y Altea fue una zona habitual de reproducción de la especie. Según la documentación científica a la que se puede tener acceso, las focas monje no eran visitantes ocasionales de la provincia sino que contaron con el litoral alicantino como lugar donde criar y descansar.
El último cachorro de foca monje del Albir
Uno de los episodios mejor documentados de la presencia de la foca monje data del año 1951 en punta Albir, en Altea, donde quedó documentada la presencia de un cachorro acompañado por un ejemplar adulto. El zoólogo Fernando Lozano Cabo dejó constancia científica del hallazgo en 1953 en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, episodio que está considerado el último registro conocido de reproducción de foca monje en la España peninsular.
El cachorro murió a manos del farero de la zona y existen fotografías históricas del animal. En el estudio Mamíferos de la Comunitat Valenciana se recoge este hecho de la siguiente manera: "[...] Más reciente es la cita de un ejemplar juvenil muerto en la playa del Albir (Altea), sobre la que hay cierta confusión de fechas. La primera referencia es de Lozano (1953) que cuenta que “en otoño del pasado año” el farero de Altea mató un ejemplar que encontró en la costa. González y Abellá (1989) dicen que la foto que se ve en esa publicación fue tomada en enero de 1951 e identifica al ejemplar como un juvenil, señalando que “otro ejemplar que le acompañaba, posiblemente la madre, logró escapar”, por lo que propone que la última reproducción de la especie en la costa peninsular española sería en 1950. En 1987 busqué testigos de aquel suceso, localizando al farero que me confirmó que fue él quien mató a la foca de Altea en 1951 de un hachazo. El animal estaba entre las rocas de la playa del Albir y de allí saltó a la playa. Se asustó, empezó a lanzar bramidos y el farero, también asustado, la mató. Pesaba 54 kilogramos, su piel fue conservada por un sacerdote con destino a un Museo de Valencia. A través de él localicé a un viejo fotógrafo de Altea, que me facilitó copias de los negativos que conservaba del animal, tomados con su primera cámara e indicándome que fueron hechos en enero de 1949 [...]"

Foca monje juvenil muerta en Alfaç del Pí (Alicante) hacia 1950. / Francisco Coello Such
En 1953 se pedían medidas para su protección
La Real Sociedad Española de Historia Natural en un artículo de Fernando Lozano Cabo de 1953 recogía en su Boletín un texto titulado «Nota sobre la presencia de un ejemplar de Monachus monachus en las costas de Alicante» ( pp. 135-138). Se trata de la primera publicación científica sobre este acontecimiento que vino acompañada por imágenes del ejemplar fallecido. En este texto, Lozano Cabo apelaba a su protección de esta forma: "No tenemos noticia, en cambio, de que esta especie haya sido citada en las costas peninsulares mediterráneas desde las referencias de Cabrera de principios de siglo., salvo un ejemplar naturalizado existente en el Museo de la Universidad de Valencia, que vimos en 1938 y que había sido disecado unos tres años antes, y que, sin que podamos precisar la localidad exacta de su procedencia, creemos recordar que fué capturado en la misma costa valenciana. Por eso estimamos de interés esta noticia, que puede significar, si la captura no es casual, que la especie sigue estando presente en aquellas costas. Sería por ello interesante tomar las medidas oportunas para la protección de otros ejemplares que pudieran aparecer, cursándose las órdenes necesarias por las autoridades de Marina correspondientes".

Imagen de la foca muerta publicada por la Real Sociedad Española de Historia Natural / RSEHN
No fue, sin embargo, el último registro de foca monje en la provincia y se documentaron algunos posteriores, entre ellos un ejemplar muerto en Torrevieja en 1965 y avistamientos en la década de 1970.
Las cuevas del “llop marí”
La memoria de estos animales también permanece en el mapa. En valenciano, la foca monje fue conocida tradicionalmente como “llop marí”, lobo marino. Investigaciones publicadas en la revista científica Galemys han documentado topónimos relacionados con la especie en lugares como Dénia, Xàbia, El Campello, Tabarca y Torrevieja. En la costa de la Vega Baja existe incluso documentación de 1789 que menciona una Cala del Lobo Marino.

Cría de foca monje, uno de los diez mamíferos más amenazados del mundo, nacida en 2009 en una reserva de Mauritania que financia el Gobierno español, un acontecimiento que por primera vez desde el siglo XV tuvo lugar en una playa. / EFE
El factor humano, clave en su desaparición
No se puede hablar de la desaparición de la foca monje del Mediterráneo sin relacionarlo con la actividad humana de forma estrecha. Durante décadas estos animales fueron perseguidos deliberadamente: algunos pescadores la consideraban una "competidora" y la culpaban de romper las redes. Se sumaron a su caza otras circunstancias como las capturas accidentales y la transformación de un litoral a manos de los humanos, donde el ecosistema era cada vez menos tenido en cuenta.
Hoy por hoy, la foca monje todavía sobrevive en zonas del Mediterráneo y Atlántico oriental, aunque convertida en uno de los mamíferos marinos más amenazados de Europa.
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