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García Joyeros, un negocio familiar con solera: «Los alicantinos han sabido valorar tantos años de experiencia»

De generación en generación. Los orígenes de García Joyeros se remontan nada menos que a 1929, cuando dos hermanos, Manuel y Francisco García, montaron un taller que llegó a tener 12 operarios. Hoy, transcurrido casi un siglo desde entonces, el negocio familiar sigue funcionando con la tercera generación al frente, habiéndose convertido en todo un referente en Alicante

José Vicente Morata, presidente del Consejo de Cámaras de la Comunidad, aplaudiendo a Manuel García, propietario de García Joyeros.

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Miguel Vilaplana

Miguel Vilaplana

El taller en cuestión se encontraba situado en la calle Manuel Antón, y según recuerda Manuel García, hijo y sobrino de aquellos dos artesanos del oro que decidieron ponerlo en marcha, «era el más importante y casi el único que existía en Alicante. Había otros más pequeños, pero tenían que recurrir al de mi familia cuando tenían que hacer fundición o algún trabajo más complicado, porque contaba con más medios y más herramientas».

Ese taller, a su vez, fue el embrión de la joyería que en 1945 se abrió enfrente del Mercado Central, en la calle Calderón de la Barca, negocio que, al fallecimiento de los dos precursores, heredaron Manuel García y su primo. Fue en un momento en el que, explica, «vinieron del banco a ofrecernos otro local en la calle Castaños. Nos interesó y, mientras mi primo continuó en Calderón de la Barca, yo me fui al nuevo establecimiento».

Con el tiempo, sin embargo, se separaron y cada uno continuó por su lado, sobreviviendo finalmente solo la joyería de la calle Castaños, donde el negocio continúa funcionando en la actualidad. Y aunque es Manuel el que lo sigue regentando, en realidad ya son sus dos hijos, Manolo y Carlos, los que están tomando las riendas de la joyería.

El establecimiento, con casi un siglo de trayectoria, está especializado en los relojes de alta gama

Un negocio que sigue contando con una clientela fiel, a pesar del entorno adverso existente para el comercio en general y el de las joyerías en particular. «El pequeño comercio se está perdiendo y, prácticamente, los únicos que abren y subsisten son bares y restaurantes. También muchas joyerías han ido cerrando, algo que, afortunadamente, no ha sucedido con nosotros, que continuamos al pie del cañón».

¿Y cuál es el truco para sobrevivir en un ambiente tan complicado? Manuel García señala que «ya no tenemos taller, porque nos sale más caro que comprar las joyas, aunque contamos con una persona que nos trabaja los encargos. Pero seguimos ofreciendo artículos de calidad, al tiempo que nos hemos especializado en la compra y venta de relojes de alta gama. Existe un mercado de ocasión que trabajamos, y para el que contamos con buenos clientes».

Aunque, por encima de todo eso, García considera que detrás de la pervivencia de la joyería están los alicantinos, que según sus palabras, «han sabido valorar tantos años de experiencia».

Y todo ello, a pesar de que el momento actual, para las joyerías, es especialmente complicado debido a las fuertes oscilaciones en el precio del oro. «Subió una barbaridad, y pese a que hay gente que compra lingotes a modo de inversión a largo plazo, lo cierto es que estos precios han estado disuadiendo a mucha gente de adquirir joyas», lamenta.

Manuel García agradece el premio de INFORMACIÓN, señalando que «para nosotros es una alegría muy grande que se reconozca la trayectoria de este negocio familiar».

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