El asesino del pentagrama es la primera novela publicada en papel del polifacético e interdisciplinar Sergio Mira Jordán (Novelda, 1983): es músico, pero también compositor, poeta, pero también novelista; dramaturgo, pero también guionista. Aunque lo conocía fundamentalmente como poeta, lo cierto es que Sergio Mira se ha revelado en los últimos años como un buen narrador, como ha demostrado en Trece vidas (novela inédita sobre la vida de tres supermodelos, Claudia, Eva y Dominique, inédita hasta la fecha, pero de la que se pueden leer dos capítulos en la página web del autor: www.sergiomirajordan.com), la novela de carretera en clave de manual de autoayuda La mirada del perro (hasta el momento, solo accesible en formato electrónico) y la recién publicada El asesino del pentagrama, que ha salido en la colección Estrella negra, que dirige Carlos Augusto Casas, de la editorial madrileña Cuadernos del Laberinto.

En realidad, El asesino del pentagrama reúne en un mismo título las dos grandes pasiones de Sergio Mira: la música y la literatura. Sergio habla en la novela de un mundo que conoce a la perfección, el de la docencia en un Conservatorio Profesional de Música. Sin duda, hay dos características de El asesino del pentagrama que llaman mucho la atención: que sea una novela criminal protagonizada por un profesor de música, David (divorciado y padre de una hija adolescente, que narra en primera persona toda la historia), y que esté ambientada en una localidad del valle del Vinalopó llamada Del Monte, trasunto literario de Novelda. Allí, en esa ciudad de provincias, y en torno al Conservatorio Maestro Alcaraz, se inicia una serie de crímenes que tienen las famosas Variaciones Goldberg, de Johann Sebastian Bach, como patrón.

El asesino del pentagrama recuerda, debido a su condición de novela negra ambientada en provincias, a las historias de Francisco García Pavón sobre Manuel González, alias Plinio, Jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso, y su inseparable don Lotario, un veterinario sin apenas trabajo a causa de la mecanización del campo. Ahora bien, el hecho de que sea la Guardia Civil, en concreto el sargento Beltrán, quien se encargue de la investigación de los asesinatos, remite inmediatamente a la pareja del cuerpo más famosa de nuestra literatura, la creada por Lorenzo Silva y compuesta por Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.

Los treinta capítulos de la novela, precedidos por un preludio y rematados por un postludio y una bibliografía agradecida, se leen en un suspiro, y hay en ellos un relato bien trabado y construido. El asesino del pentagrama tiene todos los ingredientes imprescindibles de una buena novela. No me extrañaría tampoco que, en un futuro no muy lejano, se creara una ruta literaria de El asesino del pentagrama que permitiera visitar los lugares de Novelda donde se desarrolla la acción, desde la parroquia de San Pedro hasta el conservatorio de música, pasando por bares, cafeterías, restaurantes y, sobre todo, un amplio abanico de gentes.

Sin duda, Sergio Mira ha salido airoso de su primera incursión en la novela negra. Además, ha sabido construir un relato con unos mimbres que conoce bien, lo que se traduce en una historia repleta de erudición musical, sin que resulte, por ello, de difícil comprensión para el neófito. Háganme caso y vayan a dar una vuelta por las páginas de El asesino del pentagrama, o, lo que es lo mismo, por las calles de Del Monte.