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Miguel Herrero Herrero

«Con el cine interactivo y virtual habrá una inmersión total en la película»

Los avances de la tecnología podrían plantarnos en breve ante un séptimo arte muy novedoso

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Con apenas treinta años de edad, resulta sorprendente tu polifacética trayectoria cinematográfica llena de festivales, películas y libros ¿Cómo nació tu vocación cinéfila? ¿Tuviste algún maestro que alimentara tu curiosidad por el cine?

Recuerdo varias escenas. La primera fue cuando, siendo muy pequeño, mi padre proyectaba películas en súper 8 en la pared del comedor. Se me quedó grabado con fascinación. Luego fue la primera película que vi en el cine: El rey león. El cine aunaba todas las artes y a mí me gustaba la literatura, la fotografía y la música, en esos años era saxofonista y me estaba formando como maestro de música. Principalmente ha sido un proceso autodidacta, ver, leer y hacer mucho. Lo he ido compaginando con cursos, seminarios, master classde cine en varias especialidades. El crítico, periodista, escritor y profesor Antonio Sempere me dio la confianza para creer más en mí cuando estaba empezando.

Cuando la mayoría de los festivales apuestan por el glamour y una oferta limitada a la proyección de largometrajes o cortometrajes, destaca, por coherencia y diversidad, vuestra programación con una serie de actividades como debates, exposiciones o talleres de formación. ¿Cómo fue el proceso que te llevó a crear el FICS?

El festival surgió en un momento que acababan de cerrar muchos cines en Elda, en Villena, en Alicante, etc., y fue justo cuando yo empezaba. Vi que el interior de la provincia de Alicante estaba muerto culturalmente. Competí con Dosis (2005), mi primer cortometraje, en el Festival Internacional de Cine Independiente de Elche. Me gustó mucho y me lo pasé genial. Gracias esa experiencia tuve la osadía de presentar a los 19 años un proyecto del I FICS al Ayuntamiento. Sorprendentemente tuvo muy buena acogida. Hay que agradecer a la corporación municipal que confiaran en mí, siendo tan joven y con tan poca experiencia. He intentando mantener siempre un gran abanico de actividades para todo tipo de público, pese a tener un presupuesto muy reducido, comparado con otros festivales.

¿Qué balance haces de estas nuevas ediciones? ¿Cuáles son los nuevos retos para el futuro?

Cada año hemos ido subiendo un escalón más. Lo difícil y lo que más ha estado costando es, cada vez que aumentamos algo, poder mantenerlo en las próximas ediciones. Esta novena edición ha sido la mejor del festival, la más grande en actividades, más participantes (1.754 de 94 países), la más larga (del 26 de junio al 31 de julio). En cuanto a los retos, el primero es celebrar los 10 años del festival con varios eventos especiales. Estoy también con un ambicioso libro y unas proyecciones especiales complementarias, que serán además itinerantes para otros festivales de cine y congresos. También, si no para la 10ª, para la 11ª, cuando se pueda, veo el festival capaz de abrir la competición de largometrajes, no solo de cortometrajes y proyectos de largo como hemos ido haciendo.

Proyecto USA es una road movie sobre un viaje por Estados Unidos, de Nueva York a Los Ángeles, junto a tres amigos. ¿La idea de la película fue previa al viaje o se fue fraguando durante el viaje? ¿Lo planteaste como un diario o hubo una planificación narrativa?

Cuando teníamos veintipocos años surgió la idea en común de recorrer Estados Unidos de costa a costa en coche. Vi que eso era una película y había que rodarla. En general me gustan la mayoría de road movies y el hecho de vivir y rodar una era muy emocionante. El viaje y la película ya iban unidos. Hicimos una preproducción de unos ocho meses. Escribí un tratamiento previo de tan sólo unas 15 páginas. La mayoría eran sobre un posible itinerario de viaje, ideas, localizaciones, atmósferas y conceptos. El rodaje se llevó a cabo en menos de un mes, en agosto, durante el cual fui realizando, con la ayuda de Sergio Pérez Esteve, un blog sobre el viaje (www.proyectousa.com). No sabíamos lo que nos íbamos a encontrar en muchas localizaciones ni lo que nos iba a suceder. Es realmente una aventura en toda regla. Luego la postproducción me ha llevado más de ocho meses. El guión como tal se ha ido construyendo en las tres fases. Es algo arriesgado, estar en la cuerda floja en todo momento. Lo bueno es que tienes mucha más libertad creativa y se crean en ocasiones escenas muy auténticas, juegas mucho con la intuición y la improvisación. Llega a ser más divertido y se crea una película fuera de lo convencional, aunque se puede resentir en varios momentos su unidad, su estructura, etc. Creo haber aprendido mucho de la experiencia.

En el libro Hiperficción, cuyo subtítulo es De Borges a Nolan. Del cine interactivo a la realidad virtual propone una interesante incursión por la estética fragmentaria y laberíntica cultivada por multitud escritores y cineastas. ¿Cuáles de ellos destacarías y de qué modo te han influido?

Hay muchos. Por un lado Laurence Sterne que escribió Las opiniones del caballero Thristram Shandy me parece algo inaudito y genial. Julio Cortázar es uno de mis escritores favoritos, lo que hizo en Rayuela, sobre todo, es soberbio; a la larga se le reconocerá aún más. El grupo Oulipo, con autores como Raymond Queneau o Italo Calvino, me parece fascinante. Los creadores de los libros de Elige tu propia aventura abren posibilidades inimaginables. Por la parte del cine: el uso del inconsciente en las películas de Buñuel, las estructuras laberínticas de David Lynch, el collage pulp de Tarantino, el cine de Jim Jarmusch, de todos en mayor o menor medida me siento influenciado. En general, bien analizadas expanden la consciencia, aportan nuevas posibilidades creativas y narrativas.

La imaginación del cine total ha sido un mito que encontramos en Gómez de la Serna, Huxley, Bradbury o Bioy Casares, pero en tu libro hablas de técnicas experimentales de proyección cinematográfica, como el sensorama o el cine expandido. ¿En qué consiste el cine interactivo y hasta qué punto crees que esta idea modificaría la experiencia del espectador?

El cine interactivo es algo pionero, que han ido realizando varios cineastas independientes en diversos países. Principalmente desde la década de los 90 aunque hay casos incluso a finales de la década de los 60. La idea realmente es sencilla. Imagínate que estás en una sala de cine y en un momento determinado el protagonista te pregunta a ti que tiene que hacer, tienes que decidir por él, el hecho es que desde tu propio móvil, por ejemplo, escoges una opción por él y la película continúa según lo que tú has decidido. Las posibilidades son inimaginables. La película se convierte en un híbrido entre cine y videojuego. La experiencia del espectador es total, jugando un papel activo. La película se convierte en una obra con múltiples itinerarios y opciones posibles. Si se combina esto con la llegada de los primeros dispositivos de realidad virtual, en 2016, la experiencia del espectador puede ser muy intensa. Sería una inmersión total en la película en la que tú eres partícipe.

Aunque el cine se utiliza en ocasiones como recurso docente para ilustrar ciertos contenidos, apenas se estudia el lenguaje cinematográfico y su historia, ¿no crees que el cine es todavía una asignatura pendiente en la escuela?

El cine y el lenguaje audiovisual, a la larga, se irán imponiendo en los colegios. Estamos en la era de la imagen. Me he ido dando cuenta que la gente ya no lee, solo ve. Los textos los evitan. Sólo imágenes. Tiene una fuerza muy importante y es algo básico saber interpretarlas. Nos tragamos miles de películas, programas, anuncios, etc., pero la mayoría de la población no «ve» más allá en esos contenidos. En cualquier obra audiovisual hay muchas capas que hay que saber «leer». Muchas personas, al tener tantos canales de televisión, ya no saben qué quieren ver y qué es lo que están viendo. Ven fragmentos de obras, finales de películas, partes de programas, escenas de series, segundos de anuncios, etc. Es como un zapping continuo, una búsqueda que sólo tiene como objetivo pasar el rato, sin un sentido y sin ver en ocasiones la obra completa. Se está pidiendo que el espectador sea activo, que decida qué quiere ver, cuándo quiere verlo, etc. Me da la sensación que muchos no lo saben, les da igual, y se crean «zombis» ante la pantalla.

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