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Emilio Varela en el presente

Arriba, obra de Varela y de Pancho Cossío. Abajo la sala que compara a Varela con otros artistas.

Arriba, obra de Varela y de Pancho Cossío. Abajo la sala que compara a Varela con otros artistas. pilar cortés

Emilio Varela es una de las principales figuras de la pintura de la primera mitad del s.XX. Esta convicción se afianza en la historia del Mubag, que le ha dedicado varias exposiciones, además de una sala permanente. Sin duda, en la valoración de este autor en Alicante, hubo un antes y un después con la exposición Emilio Varela Pintor Universal, que realizó el Ayuntamiento de Alicante con el Consorcio de Museos. Esta nueva iniciativa de Mubag y Consorcio se concibe como un proyecto más amplio, con un recorrido de varios años, con la itinerancia de la exposición y, con lo que creo fundamental, la comparativa con otros artistas, imprescindible para conocer la importancia de Varela en la historia de la pintura.

En el análisis de esta exposición en el Mubag, llegamos a varias conclusiones. La primera es confirmar, una vez más, la calidad incuestionable de la pintura de Emilio Varela. Siempre nos sorprende su genialidad, aunque conozcamos al detalles estas obras, su gran visión, la comprensión de la pintura de su tiempo, y cómo basándose en ella creó una obra personal, un estilo propio, una nueva mirada excelsa hacia el paisaje, natural o urbano, con una gran modernidad. La creación de su dibujo, de sus formas, se revela igualmente en la visión del retrato, del bodegón, el objeto, el juguete, el individuo.

Una de sus características fundamentales es la investigación constante. Varela recorre los espacios, distinguiendo, analizando con lucidez, el valor del color, su vibración, creando diferentes expectativas, de belleza, de composición, de lenguaje, de ideas plásticas renovadoras. También nos trasmite sus sentimientos ante la realidad, su devoción por los espacios. Varela, incluso en sus momentos más depresivos, nunca se frustra ante la realidad, sino que busca elementos de sugerencias poéticas.

Pero hablemos del diseño de la exposición. Lo primero que se nos presenta es el cartel anunciador, su diseño se basa en un laberinto, se ha creado una imagen con la superposición de dos obras de Varela, con un resultado que enmascara la obra del pintor. Varela en su experimentación siempre abrió multitud de caminos de conocimiento hacia la pintura. No sabemos lo que encerraba su mente, nos dejó su pintura, que puede tener muchas interpretaciones, menos la de laberíntica. Habría que preguntar al comisario cuál es el sentido de esta gráfica y del diseño de la instalación. En la sala también se busca esa sensación de laberinto, con un recorrido por habitáculos, una arquitectura de grandes volúmenes e iluminación que la dota de una presencia propia como obra. La disposición de las obras, a veces excesivamente juntas, busca un orden, a través de una disposición por géneros, sin embargo, la relación entre las ellas contraviene una posible lectura de los procesos de su pintura. Lo que impide, sobre todo al público no experto, seguir la investigación que lleva a Varela a sus distintas soluciones. La selección reúne algunos de sus lienzos más emblemáticos, propiedad del Ayuntamiento y de la CAM, que son de museo. También, incomprensiblemente, dos piezas cuya definición nos hace dudar de su autoría. No se entiende su selección, ni su ubicación en el recorrido. No atisbamos un criterio basado en el conocimiento de la pintura.

Pero el momento que más define el valor de la obra pictórica de Varela, novedad que aporta este proyecto, es la comparativa con obras del Reina Sofía. Varela destaca con luz propia entre autores como Váquez Díaz, Gutiérrez Solana, Pancho Cosío, Benjamín Palencia, nombres señeros del arte español. Pero no se entiende el criterio de selección de algunas piezas, sobre todo del desnudo, una obra relamida, de un virtuosismo banal, que no tiene nada que ver con Varela.

La comparativa, que realmente nos situaría en el entendimiento de la importancia de la pintura de Varela, sería la de contrastar la pincelada magistral de este pintor alicantino con la de Velázquez, Goya, Cezanne, Gauguin o Van Gogh, con los expresionistas alemanes, Kirchner, etc. De ahí la necesidad de que Varela salga de Alicante. Su pintura posee el valor para entrar en los grandes museos del mundo, y competir con lo mejor de la pintura europea de su momento.

Nos preguntamos si la institución se siente capaz de llevar a Varela al IVAM y al Reina Sofía. Una deuda reclamada con insistencia por la cultura de Alicante.

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