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Leonard Cohen, el poeta que iluminó la canción

La biografía Soy tu hombre desmenuza la figura del cantautor canadiense cuando se cumplen dos años de su desaparición

Leonard Cohen, el poeta que iluminó la canción

Leonard Cohen, el poeta que iluminó la canción

Cuando el director ejecutivo de la discográfica CBS se enteró que el productor John Hammond, un profesional en cuya nómina como promotor-descubridor aparecían nombres como Billie Holiday y Bob Dylan, se proponía fichar a Leonard Cohen, le espetó: «¿Quieres contratar a un poeta de 32 años? ¡Estás loco!». Hammond, a pesar de las críticas negativas, siguió con su proyecto y Leonard Cohen editó su primer disco, Songs of Leonard Cohen (1967) en la editorial norteamericana. Durante una de las primeras sesiones de grabación, para la historia musical ha quedado la frase que pronunció Hammond: «¡Atención, Dylan!».

Los nombres de Cohen y de Dylan han corrido a menudo en paralelo, cuando no, en sentido opuesto o rivalizando, en ese cruce entre canción y literatura, entre melodía y poesía. A diferencia de los textos de Dylan, ese torrente de imágenes proyectadas como si se tratara de un cuadro de Jackson Pollock, Cohen contrapone unas solidas letras, bellamente construidas que revelan las pasiones y dudas, relámpagos de oscuridad, los descensos y ascensiones de un creador que ya contaba con una importante carrera literaria como escritor y poeta cuando decidió pasarse al mundo de la música. De aquel joven poeta, enamorado de la poesía de Lorca, nacido en el seno de la influyente comunidad judía de Montreal, al trovador de la bohemia neoyorquina de los años sesenta y otros caminos posteriores, la escritora y biógrafa Sylvie Simmons recorre todos los meandros de un creador que sin buscarlo- ni pretenderlo- ha acabado siendo guía referencial para sucesivas generaciones de músicos, cuyo traspaso a la música, tuvo más que ver con una forma de ganarse mejor la vida que proyecto vocacional, y que a pesar de ese «incidente», su obra no ha dejado de ganar adeptos, ya sea en boca de un grupo de música independiente que en la gala de un programa de futuros talentos musicales.

Aunque la figura de Cohen ha merecido unas significativa atención biográfica y no menos abundantes ensayos musicales, Soy tu hombre. La vida de Leonard Cohen (Lumen) se encuentra entre los retratos más acertados y minuciosos del cantautor canadiense. Como biógrafa autorizada Simmons desmenuza la obra de Cohen, ficción, poesía, canción, como una suma e ingredientes de un mismo combate artístico a través de numerosas entrevistas, músicos, colaboradores, escritores, etc. Y tratándose de un creador que ha dejado algunas de las canciones más bellas de amor -y desamor-, con una fama bien ganada de seductor, las crónicas amorosas constituyen un segmento significativo del texto a través de nombres como la noruega Marianne Jensen a la que dedicará su celebrada So long, Marianne o Suzanne Verdal, inspiradora de otras de sus canciones más recordadas, Suzanne; sus días de bohemia en el Hotel Chelsea de Nueva York y encuentros sexuales con una volcánica Janis Joplin o mucho menos afortunados, con la modelo y musa de la Velvet Underground, Nico, a la que imagina como «la apoteosis de la madre tierra nazi». Aunque la relación con la modelo alemana resultó fallida, Cohen consiguió convertirla en degustadora de la cocina macrobiótica. Otra de sus relaciones estelares será con su compatriota, la también cantautora Joni Mitchell. Una breve relación que será recordada años después por Mitchell dejando la canción The Gallery en forma de ajuste de cuentas. Otras relaciones amorosas conocidas tendrán como protagonistas a la actriz Rebecca de Mornay o la cantante de jazz de origen hawaiano Anjani Thomas en los últimos años.

Cantor y cronista de nuestro tiempo, Leonard Cohen, desde una independencia creativa fuera de toda sospecha, ha ido destilando su particular manifiesto humanista, notas, versos, pensamientos que han puesto de relieve su consistencia al paso del tiempo. Sin una voz poderosa pero capaz de despertar todo el arco de las emociones, sin necesidad de artilugios, sin trampa ni cartón, a lo largo de este medio siglo ha ido depositando sus canciones desde ese rincón íntimo del creador para convertirlas en mensajes universales. Desde la ternura, la ironía o adentrándose en las zonas más oscuras del corazón humano, hasta ese último vis-a-vis con los misterios del más allá, Estoy a punto, señor ( You Want it Darker), la obra de Cohen ha supuesto un triple o cuádruple salto mortal en el universo de la llamada canción de autor, alcanzando fronteras y territorios hasta aquel momento desconocidos, siempre avalada por esa riqueza poética de sus composiciones.

Música, poeta, modelo del artista, intelectual y bohemio, aspirante a maestro zen y eterno seductor, Cohen ha desafiado, saliendo airoso, los estragos que siempre producen el paso del tiempo; así, a finales de los ochenta regresaba a los escenarios- unos retornos puntuales que se sucederán en el futuro después de periodos de «abstinencia escénica»- con los sonidos más sofisticados del álbum I'm Your Man.

Una madurez profesional y vital, contaba ya 54 años, proyectada en una imagen atractiva y seductora. Paradójicamente el álbum Various Positions, que no había obtenido en su momento reconocimiento comercial, acabaría lanzando una de sus canciones más celebradas, Hallellujah, versionada por artistas como Jeff Buckley, John Cale y Rufus Wainwright, para pasar tiempo después al cancionero de programas de gran audiencia como The Voice y American Idol. La propia carrera artística de Cohen se vería relanzada por el éxito de la canción, volviendo a la escena musical en conciertos por todo el mundo.

El voluminoso retrato biográfico no obvia algunas de las historias más curiosas de la trayectoria musical como su encuentro con el productor Phil Spector con motivo de la grabación de la álbum Death of a Ladies Man cuando esté apuntándole con una pistola la cabeza, le dice: «Tú sabes que te quiero, Leonard», y el cantante le respondió, «espero que sí, Phil». O cuando un periodista, hurgando en esa doble alma de intelectual y seductor irreductible le preguntó: «Prefiere hacer el amor o hacer de poeta». «Depende de la chica», contestaba Cohen con su fina ironía lírica.

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