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Jardines ajenos

Arte y economía

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Arte y economía

¿Hay algo más desconcertante que el actual mundo del arte? Días atrás, los periódicos informaban que la sala Christie's había subastado un cuadro, Edmond de Bellamy, por un importe de trescientos ochenta mil euros. La pieza había multiplicado por cuatro su precio de salida. Lo peculiar del "caso Edmond de Bellamy" es que no ha sido pintado por un artista, sino que se trata de la obra de un algoritmo. Los creadores de la fórmula son tres jóvenes parisinos -un programador, un artista y un economista- que se proclaman dispuestos a transformar el mundo del arte. Tal como están las cosas, la tarea que les aguarda no es pequeña. En todo caso, la alianza está tan bien pensada que uno diría que reúne las proporciones precisas para el triunfo.

Si el lector piensa que nos encontramos ante unos simples aficionados con ganas de pasar el rato y ganarse unos euros, creo que se equivoca. Como puede leerse en la página web del grupo, Obvius, tal es su nombre, está interesado en las posibilidades que la inteligencia artificial ofrece a la creación. Los artistas —no hay más que repasar la historia del arte— siempre han mostrado interés por lo nuevo, y está bien que así sea. Pero, ¿basta aplicar un algoritmo para crear una obra nueva? Por muy novedoso que sea el procedimiento con el que se ha obtenido, Edmond de Bellamy no deja de ser una imitación -bastante pobre, por cierto- de la pintura de retrato.

¿Dónde está, pues, la creatividad? Obvius afirma que «somos la continuación de los artistas, usando nuevas herramientas de creación». Quizá se necesite algo más para pasar a la historia del arte.

Según ha declarado Obvius a la prensa, su pretensión es «democratizar el arte creado con ayuda de la inteligencia artificial». No acabo de ver con claridad sus intenciones. ¿Democratizar el arte? ¿Qué queremos decir exactamente cuando hablamos de democratizar el arte? ¿Cómo se democratiza el arte? Supongo que uno se ve obligado a responder algo cuando acaba de vender por trescientos ochenta mil euros una obra pintada por un algoritmo y los periodistas le preguntan. Sin discurso, no hay arte. ¿No acaba de vender Jeff Koons una obra, Rabbit, que ni siquiera es pieza única, por ochenta millones de euros? ¿Qué quedaría de Koons sin la literatura?

Hay personas que se niegan a emplear la palabra arte para nombrar ciertos objetos del mercado artístico. Olvidan que, a fin de cuentas, el arte es una convención social. No disponemos de una fórmula científica para determinar qué es arte, ni siquiera un socorrido algoritmo. "Si te sales con la tuya, es arte", afirmaba Warhol y, de juzgar por su crédito, no cabe duda de que lo consiguió. Arte es aquello que la sociedad decide llamar arte: así ha sido a lo largo del tiempo. El problema es que hoy no es la sociedad quien toma la decisión, sino la industriacultural, en la que el artista no deja de ser un productor más o menos espabilado. La aparición de un capitalismo cultural ha creado un nuevo sistema de valores, pero nosotros todavía utilizamos el viejo vocabulario para referirnos a sus obras. Quizá debamos, como algunos propugnan, contemplar el mercado del arte desde los postulados de la economía. Pero, ¿qué haríamos, entonces, con el aura?.

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