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Teatro

Del «shock» al Covid-19 en los Cuadernos de Dramaturgia Contemporánea

cuadernos

Llegado 1996 se acometía la cuarta edición de la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos de Alicante con una novedad que se añadía a los espectáculos escénicos y actividades paralelas. La aparición de una revista para recuperar materiales generados en anteriores y futuras convocatorias abría un recurso inédito en el evento: Cuadernos de Dramaturgia Contemporánea se estrenaba como publicación anual que no tardaría en consolidarse. En 2020, año del covid-19, alcanza su número 25.

La colección completa de sus volúmenes acumula algo más de 4.000 páginas que recogen 314 artículos, 65 monólogos, transcripciones de debates y mesas redondas, resultados de encuestas, actas de premios y breves memorias de la propia Muestra, con fotografías en algunos números. El protagonista principal no es otro que el teatro contemporáneo español, y especialmente sus autores y autoras.

Nombres como los de los dramaturgos Juan Mayorga, Alfonso Sastre, Rodolf Sirera, Guillermo Heras, Laila Ripoll, Alberto Conejero, José Ramón Fernández, Paloma Pedrero, Itziar Pascual, Pablo Iglesias Simón, Paco Bezerra, Ignacio Amestoy, César Oliva, Nieves Rodríguez, Juan Luis Mira, Gabi Ochoa, Paco Sanguino o Josi Alvarado, entre otros, han dejado impresa su firma en algún lugar de la revista, que a día de hoy reúne un notable repertorio que facilita el conocimiento de reflexiones y debates seguidos en el teatro español desde los años noventa. No solo comparten los índices entre ellos: también han concurrido críticos como Eduardo Pérez Rasilla, Juan Antonio Ríos, Virtudes Serrano, Magda Ruggieri o Neil Diago, y traductores como Fernando Gómez Grande, David Ferré, Susan P. Berardini o John Sanderson. La nómina no es exhaustiva, pero sí representativa de su significado como espacio de encuentro profesional.

Las primeras líneas del número inaugural ya consignaban su punto de partida y propósito: «Nace una nueva revista. Una aventura más que se suma a las ya emprendidas por quienes intentan que el teatro español tenga una adecuada cobertura en el mundo editorial». Como miembros del Comité de Redacción figuraban Guillermo Heras, director de la Muestra desde su origen a la actualidad, Fernando Gómez Grande y Juan Antonio Ríos, quienes siguieron apareciendo en los créditos hasta el número 17 de 2012, pasando a partir de entonces a constar en la coordinación un Equipo de Dirección sin especificar sus nombres.

El primer número tenía y conserva un atractivo especial, acrecentado con los años por tratarse de su arranque, pero también por el hecho de que incluyera textos de Guillermo Heras, del hoy académico de la RAE Juan Mayorga o de Rodolf Sirera, entre otros, acompañados de un dossier de artículos sobre Alfonso Sastre, con colaboración del propio autor y una antología de textos suyos tras ser uno de los tres primeros dramaturgos homenajeados en la Muestra –los otros eran Buero Vallejo y Francisco Nieva–, y la transcripción del coloquio sobre traductores que había moderado Gómez Grande el año anterior.

Especial interés documental posee el artículo de Juan Mayorga Teatro y shock en el que el dramaturgo, que acreditaba todavía una obra escasa pero suficiente para vaticinar su creciente éxito posterior -es en la actualidad el autor español vivo más representado internacionalmente-, reivindicaba «un teatro creador de la memoria y de conciencia» que constituyera además «una decisión moral y política» frente a la imposición cada vez más globalizada del «teatro del shock», como él lo llamaba, que buscaba someter al espectador al impacto del espectáculo y poco más, como si se tratara de un «bombardeo incruento, del que su cuerpo saldrá sudoroso, y su alma intacta».

en los Cuadernos de Dramaturgia Contemporánea

El inicio por tanto de Cuadernos de Dramaturgia Contemporánea ofrecía un lugar impreso para la discusión y la constancia, poco menos que notarial a lo largo de sus números, de la evolución seguida por el teatro contemporáneo desde la última década del siglo XX. Por eso Guillermo Heras valora positivamente la trayectoria de la revista con la perspectiva de sus veinticinco números. «Ha sido un recorrido por estos años de diferentes corrientes, sensibilidades y creaciones -declara- que han ido aportando todos estos oficiantes de la dramaturgia y la crítica poniendo el punto de mira, siempre, en sus formas más actuales de expresión».

El testimonio de esta evolución teatral, con nuevas generaciones de autores y autoras que han irrumpido en la dramaturgia española, ha permitido tomarle el pulso cada año al pensamiento teatral, ofreciendo hoy una panorámica loable. Caracterizada por incluir artículos y textos no muy extensos, el hecho de que muchas intervenciones en actos de la Muestra se hayan incorporado después a sus páginas ha supuesto un rescate de no pocas aportaciones orales que, de otro modo, solo hubieran quedado en la transitoria memoria de sus asistentes.

El número 25 es un ejemplo de la reacción de la publicación a cada contexto. En esta ocasión era obligado abordar otras preocupaciones ante los imprevistos retos de la crisis del covid-19. «Hemos llegado al número 25 -explica Heras, a propósito de su edición- con una encuesta especial sobre el futuro de la dramaturgia después de la pandemia y en cierta medida ese es un reflejo del verdadero objetivo de los Cuadernos a lo largo su historia: dar a conocer en primera persona las opiniones, reflexiones y estudios de los protagonistas de la dramaturgia española, en sus diferentes generaciones, así como la mirada de críticos y estudiosos para conocer su visión sobre el desarrollo de la misma».

Las más de cuatro mil páginas de la revista contribuyen a dejar un legado escrito, pues, del debate permanente y posiciones sobre la dramaturgia contemporánea española. Su digitalización es, sin duda, el empeño pendiente que proporcionaría el acceso abierto a la colección. Los volúmenes, de grosor desigual, han oscilado entre las 257 páginas que tuvo el número 15 en 2010 y las 107 páginas del último número, preparado en esta ocasión en un ambiente de incertidumbre y con dedicatoria en recuerdo de Juan Alfonso Gil Albors, Josep Maria Benet y Luis de Castro, fallecidos este año, y en homenaje a las víctimas del covid-19 y a los servicios sanitarios. Hasta la portada del número 25 dejará testimonio del momento, al reproducirse la imagen oficial de la Muestra 2020 con un hombre y una mujer besándose con las mascarillas puestas. Todo un símbolo del idilio de amor que tantos y tantas mantienen con el teatro.

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