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El Desastre de Annual: La puerta del cambio

Mapa de Melilla en 1921, 
con Annual y el Monte 
Arruit marcados. c.a.melilla

Mapa de Melilla en 1921, con Annual y el Monte Arruit marcados. c.a.melilla

Melilla dista 86 kilómetros de Annual y 37 de Monte Arruit. Estos tres puntos conforman los vértices de un triángulo en el que ocurrió lo que algunos historiadores consideran la mayor derrota militar de nuestro país en el siglo XX. El Desastre de Annual fue la última guerra colonial española y el principio de una nueva era. El enfrentamiento entre las tropas españolas y los rifeños rebeldes por el control de Melilla comenzó el 21 de julio de 1921 en Annual y finalizó el 10 de agosto con la matanza en Monte Arruit. Este año se cumplen cien años de un hecho histórico que acabó con más de 10.000 bajas en el ejército español, encabezado por los generales Manuel Fernández Silvestre y Dámaso Berenguer, a manos del lider rifeño Abd-el-Krim, que quería la independencia del Rif. De España y Francia, que se repartieron Marruecos a través del Tratado de Algeciras, pero también del propio Marruecos.

El escritor Gerardo Muñoz, nacido en Melilla pero residente en Alicante, recoge este vía crucis de las tropas españolas, pero lo hace a través de sus protagonistas, con nombres y apellidos, cargos y el papel que tuvieron en la contienda. Desde los militares de graduación hasta los soldados rasos, que son los grandes olvidados por la historia. «Hay mucha bibliografía que cuenta lo que sucedió, los errores que se cometieron, pero yo busqué más el lado humano, que es lo que me interesa en lo que escribo».

El Desastre de nnual. Los españoles que lucharon en África (Almuzara) es el título de este volumen que ha su puesto varios años de investigación para escarbar en las historias de los que lo vivieron. Entre ellos, su propia familia. «En mi familia siempre ha habido recuerdos del Desastre de Annual, me hablaban de ello desde niño; un tío de mi madre murió en esta guerra, mi madre tenía 5 años y su hermana 3, y siempre me contaban el miedo que pasaron porque los rifeños estaban a las puertas de Melilla. Fue una conmoción nacional tremenda». Tanto es así, que el primer título del libro era España consternada, afirma.

El Desastre de Annual no fue una guerra más. Supuso un antes y un después en la historia española. «Provocó una sucesión de crisis políticas, con caídas de varios gobiernos sucesivos y fue el principio del fin de la monarquía de Alfonso XIII; de hecho, en 1923 se produjo el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera. Además, para mí esta guerra fue el preludio de la Guerra Civil». También supuso un cambio en los militares, «ya se empezaban a vislumbrar las desavenencias entre los africanistas y no africanistas; los simpatizantes de la república y los monárquicos...».

La conmoción social que provocó este hecho fue tal que el gobierno se vio obligado a abrir una investigación que encargó a Juan Picasso, tío del pintor. Conocido como Informe Picasso, un extenso trabajo documental que aún permanece inédito, ha servido a Muñoz de base fundamental para encontrar a los protagonistas de la guerra. «De los generales y los jefes era más fácil conseguir información, pero sobre los soldados de la tropa, que murieron como chinches, ha resultado más complicado porque algunos cadáveres ni se rescataron». El cementerio de Melilla y la hemeroteca aportaron luz a estos rostros. «Eran miles y miles porque el Desastre de Annual fue el principio de una guerra que duró seis años, por eso me ceñí a los más cercanos, a los del área mediterránea».

El desarrollo cronológico de los hechos se complementa en cada capítulo con los protagonistas de cada uno de ellos, a los que acompaña un resumen biográfico. «En esta guerra hubo rendiciones que fueron vergonzosas -asegura el autor, que tiene publicados 11 ensayos y13 novelas-, algunos salieron huyendo y ni plantaron cara, pero es verdad que no estaban preparados, no tenían apoyo, ni víveres, ni agua, todo fue caótico; aún así, otros resistieron y fueron hechos prisioneros luchando».

Franco, apunta el escritor, llegó a Melilla poco después del Desastre de Annual. «Participó en lo que llamaron la reconquista del protectorado y pidió que le dieran la Laureada de San Fernando (el premio más importante que se le da a un militar) porque supuestamente se había comportado heroicamente, pero testigos dijeron que fue herido y se desmayó».

Alicantinos en guerra

El libro, cuyo prólogo firma el director del Archivo Histórico de Melilla, Vicente Moga Romero, recoge la historia de algunos alicantinos que participaron en esa guerra. El nombre de muchos de ellos luce en las placas del callejero de Alicante. Es el caso de Jesús Amador Asín, capitán que estuvo en Dar Quebdani, donde hubo una rendición «vergonzosa», y fue enviado a defender una finca que contaba con un pozo de agua. «Ríete tú del Álamo, eran unos pocos y no se rindieron». Otro de ellos es el capitán José Hernández Mira, de Xixona, que murió en Monte Arruit, donde las tropas españolas aguantaron un asedio de más de un mes. Allí también acabó sus días el callosino Antonio Albert Amat, teniente de ingenieros.

José Díaz Sanchís dio nombre a una calle de Alicante. «Era conocido como Fray Melones, que era como firmaba en el periódico El Eco de Levante, donde escribía». Se presentó voluntario con 18 o 19 años y acabó sus días en la matanza de Monte Arruit. En Ichtiuen murió el alicantino José Fe Llorens, militar de carrera, que nunca huyó. El que sobrevivió fue Juan Herrera Llopis, que fue hecho prisionero por Abd-El-Krim. «Consiguió volver a Alicante y su declaración forma parte del famoso Informe Picasso».

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