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Anthony Goicolea

Universo obsesivo de jóvenes indignos

Marni spring_summer

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En una suerte de autorretratos, Anthony Goicolea utiliza su propia imagen que a menudo llega a multiplicar para configurar una serie de ficciones manipuladas digitalmente que transcurren en decorados de interiores privados donde se nos muestra una legión de muchachos, aparentemente clonados, que confieren a las imágenes una atmósfera de desconcierto y del perturbador misterio que existe en las tramas de las películas con niños siniestros como en Los niños de Brasil, de Franklin Schaffer(1978); El pueblo de los malditos, de John Carpenter (1995) e incluso aquellos que protagonizan la película española ¿Quién puede matar a un niño?, dirigida por Narciso Ibáñez Serrador en 1976.

El artista ha creado otro ejército de niños indignos tan tenebroso como los que aparecen en los filmes mencionados, aunque dotados de una extraña sutileza; dedicados a una inaudita vida en la edad escolar, los sorprendentes niños de Goicolea, realizan insólitos juegos de maldad, fríos en apariencia, como así mismo esconden misteriosos secretos que parecen suceder únicamente en la infancia y que exploran las pulsiones de la sexualidad adolescente con evidentes formas homosexuales. Imágenes de sus primeras producciones que han recorrido el mundo y le han dado reconocimiento internacional.

De origen cubano, nacido en 1971 en Atlanta (Georgia, EE UU), educado en la Universidad de Georgia, donde estudió pintura, fotografía y escultura; a mitad de los 90 se marchó a vivir a Nueva York donde comienza su trayectoria.

A pesar de contar con multitud de figuras en cada una de sus obras, se trata en realidad de autorretratos de gran complejidad temática y de realización, en la que todo sucede con naturalidad, como si fueran acciones cotidianas que cualquiera pudiera llevar a cabo, usando la arquitectura del cuerpo humano para construir paisajes que crean mundos implicados en lo naturalmente fantástico.

Pool pushers

En la actualidad, aún siguiendo con la misma inquietante temática, deja de lado su propia imagen para utilizar a jóvenes modelos que continúan formando parte de turbadoras aventuras.

Se ha hablado de que la obra de Cindy Sherman podría ser una influencia, ya que ambos tratan el tema del autorretrato, poniendo énfasis en las narraciones de carga sexual, aunque visualmente son muy personales, pues cada uno trabaja con caracteres propios. Sobre todo, se ve esta influencia en su primera serie Faire tales (1997), donde a través de veintiséis piezas en blanco y negro, el propio artista se convierte en diferentes personajes de cuentos populares, utilizando un discurso de insinuaciones sospechosas de deseos ocultos.

Ha realizado innumerables exposiciones en salas públicas y privadas como el Museo de Arte de Brooklyn, Museo Guggenheim, MOMA y Museo Witney, en Nueva York. Asimismo cuenta con otras exposiciones en museos, centros de arte y galerías de Europa y Asia. En nuestro país lo tuvimos en la Galería Luis Adelantado de València, Fabien Frins Gallery de Marbella, Galería Senda de Barcelona y La Casa de América en Madrid, entre otras.

The probable evolution of time

Con maneras propias, su serie de paisajes parece estar inspirada en el artista italiano Giovanni Segantini (1858-1899) donde aparecen ciertas características con una inevitable simbología que lo aproxima a otros pintores simbolistas como Casper David Friedrich (1774-1840), aunque quizá no haya sido consciente de ello en el momento de crearlas. No obstante, pienso que lo realmente inspirador en la obra de Goicolea es el trabajo que realiza el fotógrafo francés Bernard Faucon (1950), a través de imágenes que funcionan a modo de tableaux vivants. A pesar de estas referencias, Goicolea construye un lenguaje visual propio, en el que relata las extrañas cuitas de adolescentes que pululan dentro de un universo obsesivo, donde se exploran temas como la nostalgia y la memoria, la propia identidad y la sexualidad.

En los últimos años, sin dejar de lado la fotografía, realiza cuadros con acrílico y grafito, aunque sus obras continúan siguiendo la estela de lo inquietante; sus figuras resultan todavía más siniestras y sombrías con el trazo del lápiz.

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