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Juana Francés, de los almacenes a la sala

Al morir, la pintora donó su obra al MACA, a Zaragoza, el IVAM y el Reina Sofía, pero los lotes que recibieron los museos de València y Madrid siguen injustamente arrumbados en sus sótanos

Exposición en el MACA, en 2018

Exposición en el MACA, en 2018

El MACA inauguró hace unos días Atravesar la materia de improviso, su tercera exposición dedicada a Juana Francés; de esta artista alicantina el museo tiene la fortuna de conservar uno de los cuatro lotes del gran legado que dejó en herencia tras su fallecimiento en 1990 a cuatro museos y colecciones españolas localizados en ciudades con las que la artista mantenía vínculos emocionales y biográficos. Los lotes son similares respecto a la representación de épocas y discursos plásticos de la pintora.

La artista Juana Francés en su estudio en el año 1958.

Para la región que la vio nacer, Juana Francés preparó dos lotes: uno de ellos fue a parar al IVAM, museo que por entonces arrancaba su andadura; la donación de entrada fue certera ya que durante los años siguientes el IVAM fue uno de los más interesantes y punteros museos europeos de arte moderno y contemporáneo. Lo dirigía la tristemente desaparecida Carmen Alborch, teniendo al timón, junto a un joven Vicent Todolí que regresaba tras trabajar en el Whitney de Nueva York, a un grupo de jóvenes conservadores y conservadoras cuya relevancia se pone en evidencia por los museos y centros de arte que han dirigido en Europa. La actual directora del IVAM, Nuria Enguita, era una de esas conservadoras.

Además de liderar la renovación plástica en los 50, fue un hito frente a la escasa presencia de mujeres españolas como sujetos activos

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El segundo de estos lotes se sumó a la colección que había donado Eusebio Sempere a la ciudad de Alicante, lo que sería el germen y el alma del actual MACA, un pequeño y bello museo con una exquisita colección en la que nos hemos formado varias generaciones de profesionales del arte alicantinos. Gracias Sempere, siempre.

Detalle de la obra Jefecontable (1966) y la caja

Los lotes restantes viajaron a Zaragoza y Madrid. Aragón estaba en el proceso de crear una institución dedicada al estudio y conservación de la obra de Pablo Serrano, la pareja de vida de Juana Francés, así la pintora demostraba su agradecimiento y su afinidad con esas tierras. El lote madrileño descansa por su parte en la ciudad en la que Francés se formó y pasó la mayor parte de su vida, concretamente en los almacenes del Reina Sofía, otro museo que en 1990 estaba en un proceso de tránsito: de centro de arte hacia su conformación actual, museo con colecciones.

Espero que las declaraciones sobre que los feminismos y las mujeres estén más presentes sean una realidad

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La generosidad demostrada por Francés se hace más evidente si comparamos su donación con las de otros colegas de profesión que, para hacer efectiva la entrega de sus piezas al patrimonio público, suelen acordar a cambio que se genere un museo en torno a su obra, o al menos una sala monográfica dentro de la institución. Así lo exigió Marcel Duchamp en el Museo de Filadelfia, Brancusi en las colecciones francesas (hoy su atelier está reconstruido en el Pompidou), la familia de Joaquín Sorolla en el museo que el Estado abrió en 1925 en su residencia madrileña, o la de José Guerrero en Granada a principios del milenio.

Serigrafía sobre papel Sintítulo (1976)

Como digo, al haber donado su colección sin exigir nada a cambio, no todas las instituciones se han sentido obligadas o han tenido la sensibilidad de escuchar su voz, de estudiar, exponer, e incluso de hacer algo tan sencillo como producir colectivamente el catálogo razonado de su obra. Sí lo han hecho las instituciones más pequeñas de Zaragoza y Alicante. El MNCARS o el IVAM, los museos que cuentan con músculo presupuestario y con los espacios que precisaría la producción de una muestra retrospectiva que valorizara y contextualizara la obra de Juana Francés, treinta años después de recibir la herencia guardan casi sin desprecintar el legado de la artista alicantina. La situación es tan extraordinaria que al trabajar con obras de Juana Francés para A contratiempo. Medio siglo de artistas valencianas, 1929-1980 en el IVAM, desde la dirección del museo se sorprendían de la calidad de un metacrilato de los años 70 que seleccioné entre las piezas de su lote y, sobre todo, se extrañaban de no conocerlo.

Otro paradigma

Es obligada una muestra retrospectiva de gran calado de una artista fundamental de la segunda mitad del siglo XX

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En estos momentos nos encontramos con un posible cambio de paradigma, ya que el MNCARS se encuentra en el proceso de reformulación de su colección permanente. No me consta, puedo estar equivocada, que la obra de Juana Francés haya participado de algunos de los relatos que los distintos directores y directoras que han pasado por la institución han presentado para la colección permanente. La permanente es, junto con una marcada política de exposiciones temporales, la más importante aportación y huella que desde esta institución ha hecho cada uno de estos profesionales a la historia del arte. Montajes de la colección ha habido muchos: el primero, de María Corral, fue algo polémico; otros han sido poco ambiciosos al seguir a pies juntillas los manuales de nuestra historia del arte más reciente; los hay que se quedaron en el tintero como el de Juan José Lahuerta; finalmente es preciso citar las distintas formulaciones que ha llevado a cabo Manuel Borja durante más de una década al frente del museo, a mi entender el único display que ha intentado situarse dentro de lo que denominamos museografía crítica y que ha entendido la permanente como temporal. Espero que las declaraciones de Borja Villel sobre que los feminismos y las artistas mujeres van a estar más presentes en la colección se hagan realidad, y que uno de los hitos ilustrativos de este cambio sea la inclusión de la obra de Juana Francés dentro de las colecciones permanentes del MNCARS, tal y como hizo el pasado año con las artistas pop españolas.

Juana Francés, en los 80

El IVAM, por su parte, bajo la dirección de José Miguel Cortés llegó a presentar en prensa, y así lo recogía en su momento el diario Información, un futuro caso de estudio con la obra de Juana Francés que vendría a comisariar mi colega María Jesús Folch; nunca se llevó a cabo ni se explicó por qué. Pese al buen hacer de Folch, como demostró sobradamente en su exposición sobre Ana Peters, este formato resulta pertinente para atravesar un determinado momento de un artista (como se hizo por ejemplo con Miquel Navarro), pero no tanto para generar un proyecto retrospectivo de artistas que han tenido una abundante producción. Falta ambición cuando de artistas mujeres se trata.

Vista de la muestra actual en el MACA. Alex Domínguez

El IVAM, bajo la dirección de Cortés, anunció un estudio con la obra de Juana Francés, pero nunca se llevó a cabo ni se explicó por qué

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Quizá no haga falta en Alicante, pero deseo dar unas pinceladas de por qué me parece fundamental que la obra de Juana Francés esté presente en las salas de nuestros museos y por qué considero obligada una muestra retrospectiva de gran calado. Esta pintora, aparte de haber generado una interesantísima obra figurativa a principios de los años 50, fue fundadora del grupo El Paso junto con otros colegas de su generación como Saura, Canogar, Millares, Rivera, Feito, y otros; este colectivo supuso un soplo de aire fresco en el arte que se producía en España como alternativa a la vuelta al orden propuesto desde las plataformas institucionales franquistas. Francés fue, por tanto, una figura fundamental del regeneracionismo artístico que experimentó España a finales de los años 50 (utilizo la palabra regeneracionismo de forma intencionada debido a que El Paso miraba tanto a los informalismos europeos y al expresionismo abstracto americano como a la tradición de la llamada Escuela Española de Pintura que ha estudiado brillantemente Javier Portús). Es decir, miraban hacia fuera pero desde la presunta diferencia hispánica sobre la que había pontificado la Generación del 98 y aledaños.

La Tierra, el hombre y la noche (1960).

Una renovadora infrarrepresentada

Pero es que Juana Francés no sólo participó de esa renovación, sino que también recogió el relevo de aquellas españolas que durante los años 20 y 30 supusieron la primera generación profesionalizada de artistas del Estado español. Creadoras que tras la Guerra Civil, o bien se resguardaron en una especie de exilio interior, como Ángeles Santos, o debieron abandonar España por razones políticas, como Maruja Mallo, Manuela Ballester y tantas otras. Nuestras españolas de los años 20 y 30 fueron mucho más que simples creadoras plásticas; su presencia en la escena pública supone una parte esencial de la modernización que durante esos años experimentó España en la línea de otros países de su órbita. Es decir, durante una etapa de la dictadura especialmente cruda, los años 50, Juana además de liderar la renovación plástica fue un hito frente a la escasa presencia de las españolas como sujetos activos en los medios de comunicación, en las exposiciones tanto nacionales como internacionales, en el debate creativo, etc.

Juana Francés, sobre el año 1976. MACA

Además de dar las gracias a Rosa Castells, directora del MACA, por su excelente labor y su sensibilidad ante la obra de Juana Francés, deseo que este artículo sirva de llamada de atención para aquellos museos que conservan obra de la pintora. A mi entender tienen la obligación moral de visibilizar su obra en sala. Incluir a esta artista dentro de sus discursos posibilita un relato más genuino de cómo fueron los años 50 en el arte español. Porque Juana Francés participó en las más importantes citas que nos visibilizaron en el exterior como las Bienales Hispanoamericanas, la Bienal de Sao Paulo o la Bienal de Venecia, así como en relevantes exposiciones colectivas de los años 60 en el Guggenheim de Nueva York o en la Tate Gallery de Londres. Las artistas españolas no pueden seguir estando infrarrepresentadas en nuestros museos. El ejemplo de lo que ha ocurrido con la polémica exposición Invitadas en el Museo del Prado pone en evidencia que las actuales generaciones de creadoras, de historiadoras y, en general, de españolas y españoles, no vamos a aceptar que se siga ninguneando nuestro pasado, nuestra genealogía cultural.

de los almacenes a la sala

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