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REFERENTE EN EL SÉPTIMO ARTE

Del lienzo a la pantalla

El pintor nacido en Fuendetodos da nombre a los premios del cine español por lo cercano de su pincelada a este arte que le ha rendido homenaje en multitud de ocasiones

portada

Del lienzo a la pantalla, la figura de Francisco de Goya sigue presente de manera obvia con los premios del cine español, pero también con los homenajes e inspiraciones a los que ha dado lugar su obra. Hace cuatro años, Fernando Sanz Ferreruela, profesor de la Universidad de Zaragoza, junto a Javier Lázaro, ya escribió Goya y el audiovisual, un inventario en el que recogieron alrededor de 250 películas y documentales, cortometrajes, etcétera, relacionados con el pintor. 

«Más allá de su influencia en la pintura posterior a él, su huella en otros creadores españoles -escritores, cineastas-, es muy llamativa. Esa negrura y esa violencia que tenía su mirada sobre el mundo impactó mucho a grandes talentos como Valle-Inclán, Solana, Rafael Azcona, Berlanga o, desde luego, Luis Buñuel y Carlos Saura», apunta Luis Alegre, escritor, periodista y cineasta. 

Adelantado a su tiempo, sí, pero no hasta el punto de llegar al mundo audiovisual. Entonces, ¿a qué se debe que los premios del cine español lleven su apellido? La Academia del Cine Español optó por ello, aconsejada por el director artístico Ramiro Gómez, quien señaló que el concepto de la pintura de Goya era cercano al cine. Aún así, no fue un proceso sencillo la elección del nombre de unos premios en los que pocos confiaban en un principio. Hablamos del año 1986 e incluso se barajó la posibilidad de nombrarlo en honor al cineasta Luis Buñuel, lo que habría supuesto conflictos legales porque ya existían unos premios con dicho nombre. 

Curiosamente, el propio Buñuel había escrito por encargo un guion para una película sobre Goya que nunca llegaría a realizarse, según recuerda Luis Alegre, que va más allá. Y es que muchos años después Buñuel admitió que aquel guion no valía nada y que lo mejor que pudo pasar es que no se acabara haciendo aquella película en la que, sin embargo, el calandino puso bastante empeño buscando productores durante más de una década. Donde sí hubo un homenaje claro y rotundo por parte del cineasta fue en El fantasma de la libertad, con una referencia a los al cuadro de Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808 en el inicio de la producción pero también por el tono grotesco y burlón que domina durante toda la producción. 

No sería, en cualquier caso, Buñuel el único que plasmaría en sus películas los cuadros de Goya. En Jamón, jamón, largometraje dirigido por Bigas Luna y rodado en los Monegros con Penélope Cruz y Javier Bardem, el cineasta rindió homenaje al famoso Duelo a garrotazos de Goya. Y también lo hizo Carlos Saura en Llanto por un bandido y, desde luego, en Goya en Burdeos, un biopic sobre el pintor. Saura recrea el artista en su exilio de Burdeos con una visión analítica de su vida desde la vejez. Aún así, la producción de Saura abarca toda la existencia del artista: incluye la época de Volavérunt, pero también los salones aristocráticos del Madrid de Carlos III, el sufrimiento y las consecuencias que conlleva la Guerra de la Independencia, el exilio del artista y de otros liberales como Leandro Fernández de Moratín durante el reinado de Fernando VII y su fallecimiento en la capital aquitana, tal y como señala Eva Otero Vázquez en un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela sobre Goya y el cine. 

En el mismo año, 1999, que vio la luz Goya en Burdeos, Bigas Luna realizaría la adaptación al cine de Volaverunt, una novela de Antonio Larreta que tenía a Goya de protagonista. 

Son muchas las referencias, directas o indirectas las que el cine español ha realizado a uno de sus grandes genios. «A mí la película que más me gusta es Goya en Burdeos, de Carlos Saura, con un genial Paco Rabal al que Saura le dijo que interpretara a Goya pensando en Buñuel, dadas las afinidades evidentes entre los dos genios sordos y aragoneses. Además Paco Rabal había conocido muy bien a Buñuel y lo imitaba a la perfección», rememora el propio Luis Alegre. 

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