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La salvadora de Van Gogh

Jo Bonger, feminista, progresista y defensora de la socialdemocracia, fue la mujer que hizo famoso a su cuñado Vicent Van Gogh.

Jo Bonger, feminista, progresista y defensora de la socialdemocracia, fue la mujer que hizo famoso a su cuñado Vicent Van Gogh.

Trece millones de euros es el precio que, según el mercado del arte, vale un cuadro pintado por Van Gogh en 1887, cuando vivía en París. Esta es la cantidad que ha ofrecido el ganador de la subasta celebrada en Sotheby’s por Escena de una calle de Montmartre. Como dice el tópico, es un artista que no necesita presentación, uno de los más populares y cotizados. Ahora bien, si no hubiera sido por Jo Bonger, esposa de su hermano Theo, posiblemente su obra nunca habría recibido el reconocimiento que tiene actualmente.

El cuadro que se acaba de licitar fue testigo del inicio de todo. El año que Vincent pintaba aquella tela, su hermano –con quien compartía piso– se enamoraba de Jo Bonger. Al proponerle matrimonio, de entrada ella le dio calabazas. Sin embargo, la futura pareja se carteaba (Theo tenía querencia por las relaciones epistolares, porque con su hermano también intercambió muchísimas cartas), y la cosa fue bien porque en 1889 se casaron.

En enero de 1890 tuvieron un niño que bautizaron con el nombre del tío. Desgraciadamente, Vincent ya había dado muestras de problemas mentales y ese mismo año se suicidó. Pocos meses más tarde, en enero de 1891, Theo murió de sífilis. Tenía 33 años y dejaba una viuda de 28, un huérfano de meses y un montón de cuadros, dibujos y cartas de Vincent.

Muchos aconsejaron a Jo que lo vendiera todo y pasara página. Ella, sin embargo, decidió hacer todo lo contrario y seguir el camino iniciado por su difunto marido: poner en valor la obra de Vincent Van Gogh. Lo primero que hizo fue abandonar París para trasladarse a Bussum, una localidad cercana a Ámsterdam donde abrió una pensión. Escogió esa población porque era un núcleo artístico muy importante. Esto le permitió entrar en contacto con gente que apreciaba la obra de su cuñado. Con aquellos primeros contactos comenzó a organizar exposiciones. Según los investigadores, entre 1892 y 1900 habría hecho una veintena. No se trataba todavía de vender cuadros sino de enseñarlos. Y lo hizo con la habilidad de combinar los más conocidos con otros menos populares, porque así se apreciaba la obra en su conjunto. En los círculos artísticos la obra de Van Gogh era cada vez más reconocida, y en la prensa iban apareciendo crónicas de aquellas exposiciones, lo que favorecía la popularización de las telas.

El siguiente paso fue internacionalizar la campaña, y contactó con admiradores y marchantes alemanes y franceses a quienes ofrecía entre un 10% y 15% de comisión de las ventas que hicieran. De todos modos, el objetivo final de Jo era que Vincent entrara en los museos. Lo empezó a conseguir en 1905, cuando el Stedlijk Museum de Amsterdam dedicó una exposición a Van Gogh.

Faltaba una pieza más para completar el retrato del pintor de Los girasoles y La noche estrellada. Había que publicar las cartas que se había intercambiado con su hermano a lo largo de su vida. Bonger se encargó de supervisar la edición de aquel material tanto en holandés como en alemán. Además, aprovechando sus conocimientos, fue quien se ocupó de la traducción al inglés. Las primeras ediciones de las Cartas a Theo iban acompañadas de una introducción biográfica escrita por ella misma que fue muy útil a los estudiosos de la obra del artista. De hecho, las reflexiones que los dos hermanos habían intercambiado en aquellas misivas ayudaron a entender mucho mejor la personalidad del pintor y las motivaciones de su proceso creativo.

Durante aquellos años, sobre todo al principio, Jo Bonger no lo tuvo fácil. Era un sector dominado por hombres y algunos la menospreciaron. Decían que no tenía conocimientos y que se movía por la aflicción sentimental de joven viuda, pero que en realidad no tenía idea y que fracasaría.

Los hechos hablan por sí mismos. Jo Bonger vendió 190 cuadros y 55 dibujos de su cuñado. Murió en 1925 y su hijo tomó el relevo para culminar el proyecto creando la fundación y el Museo Van Gogh, actualmente uno de los más visitados del mundo.

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