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Centenario de un genio

El más divertido de todo el imperio

El último austrohúngaro fue Luis García-Berlanga, que uso la mención a la antigua dinastía europea de Sissí Emperatriz en todas sus películas

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Nunca explicó la reiterada mención al Imperio Austrohúngaro en sus películas. Fue una mezcla de socarronería y superstición. El arquitecto Javier Goerlich, hijo de Franz Goerlich -el último cónsul austrohúngaro en València-, construyó el edificio familiar del antiguo Hotel Londres. Pero lo que determinó la muletilla en todas su cinematografía fue la suerte que le dio la mención en Bienvenido Mister Marshall. 

Bienvenido, Mister Marshall (1953). Al principio cuando la voz en off que recorre el pueblo llega a la escuela y enfoca el aula se oye: «Es un mapa tan antiguo que todavía existe el Imperio Austrohúngaro».

Novio a la vista (1954). Se menciona dos veces, al principio cuando al protagonista se examina sobre el imperio austrohúngaro. Y al final cuando va al examen de recuperación, explica los límites del Imperio Austrohúngaro.

Calabuig (1956). Cuando el pueblo prepara la defensa contra la «invasión», el farero investiga en la carta de navegación de que nacionalidad es la flota: «Dos palitos, Imperio Austrohúngaro!».

Los jueves, milagro (1957). A mitad de la película, en la tertulia de las fuerzas vivas del hotel-balneario se escucha: «Me lo va a decir a mí que he leído la historia de Blasco Ibáñez. Fue el año que se perdió el Imperio Austrohúngaro».

Plácido (1961). Uno de los pobres dice a la familia de acogida de Nochebuena: «Tenía que haberme conocido en la guerra austrohúngara».

El verdugo (1963). En la escena de la boda, el organista pregunta al cantante si esa noche estrenan «El idilio austrohúngaro».

Las pirañas (La boutique, 1967). «¡Éste cacharro está hecho un trasto, debió pertenecer al Imperio Austrohúngaro!».

¡Vivan los novios! (1970). Tras la boda, la pareja recibe un regalo del banquero suizo: «soldaditos de plomo austrohúngaros».

Tamaño natural (1973). En el baile del dentista con la muñeca vestida de boda, suena el conocido Valls de Strauss, vienés y típico del Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, la capital del antiguo Imperio Austrohúngaro.

La escopeta nacional (1978). Canadell cuando está paseando por la finca se fija en el monumento al avión rojo del Imperio Austrohúngaro.

Patrimonio nacional (1981). «Se lío con una húngara o austríaca», dice la mujer del marqués de Leguineche. 

Nacional III (1982). En Biarritz, tras despojarse de la escayola donde lleva los billetes, Luis José Leguineche se escucha: «pareces un general austrohúngaro».

La vaquilla (1985). La mención aparece al inicio de la película, cuando los franquistas anuncian por altavoz las fiestas del pueblo donde se interpretará el pasodoble «Suspiros Austrohúngaros».

Moros y cristianos (1987). Un off desde los altavoces del supermercado anuncia la oferta de productos austrohúngaros.

Todos a la cárcel (1993). En la previa de la fiesta en el patio de la cárcel, se oye en off: «En la caseta 33, el Frente de Liberación Austrohúngaro».

París-Tombuctú (1999). En el oficio de misa, al final de la película, se señala al turista checo o austrohúngaro.

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