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David Cobas (Abraham Boba): «La poesía está libre de connotación, al escribir una canción sé dónde y cómo se va a escuchar»

David Cobas.  Sara Condado

David Cobas. Sara Condado

David Cobas es Abraham Boba. En realidad, el autor que acaba de publicar su primer libro de poemas (Cobas), Esto no es una canción (Espasa), difiere poco del músico y compositor de León Benavente, la banda de indie-rock más celebrada de España. Cuando el músico acababa de grabar un disco siempre aparecía el escritor con ganas de hacer versos. Durante años, los poemas se fueron acumulando y en noviembre de 2019 David Cobas pensó que había llegado el momento de editarlo. Buscó cosas y escribió otras nuevas, el resultado es que el 95 por ciento de Esto no es una canción es escritura reciente.

El título del libro es Esto no es una canción, es lo mismo que dice en el primer verso, un verso que se repite en varios de los poemas. ¿Es necesario insistir tanto en diferenciar al poeta del músico y compositor?

No. Es simplemente un encabezamiento que me ha servido de título. La idea de esa primera parte del libro, en la que se repite el verso, era escribir un poema largo, el realidad es el mismo poema, fragmentado, en que va apareciendo otra historia y otros formatos. Al final me acabó dando el título de todo el poemario. Aunque quizás también tenga algo que ver con eso, con dejar claro que es un poemario, no una recopilación de canciones, algo que hacen muchos músicos.

Abraham y David no se diferencian demasiado.

Son la misma persona. Cuando utilizas un seudónimo para firmar trabajos parece que lo que buscas es crear un personaje, yo nunca me lo he planteado así. De hecho la gente más cercana me llama Abraham, David, Boba, Cobas… De hecho pensé firmar el libro solo con mi nombre real pero me parecía despistar demasiado al público ya que en realidad Abraham y David son el mismo.

¿Dónde está el límite entre un poema y una canción?

Son lenguajes muy cercanos que muchas veces se tocan pero a nivel de oficio son totalmente distintos. Mi forma de escribir canciones está ligada a una melodía, a una armonía y a una estructura de canción, que en muchas ocasiones intento pervertir hasta llegar a canciones casi recitadas. Esos elementos te obligan a llevar una métrica, un fraseo y una temática que acentúe el contexto musical en que se van a desarrollar esas canciones. En poesía, aunque no desarrollo la rima clásica porque es un terreno que no sabría hacer bien, no está ese contexto. Al final la diferencia es que cuando escribo canciones tengo un instrumento, papel y bolígrafo y al escribir poemas no está el instrumento, no hay ese contexto musical y eso te da más libertad para desarrollar otras temáticas.

Pero en el libro aparecen temáticas parecidas a las de las canciones de León Benavente, por ejemplo el verso «la verdad es lo contrario a la democracia».

Sí, al final son los mismos temas. A los que escribimos nos acaban saliendo los mismos temas, te acabas refiriendo a las mismas cosas aunque de manera diferente y en formatos distintos. Este poemario me ha servido para tratar temas que, por contexto, no serían canciones. Nunca hubiese dedicado tiempo a escribir una canción sobre un recuerdo concreto de la infancia o la adolescencia.

No se trata de desvelar nada, pero en el libro aparecen recuerdos de los que marcan.

Son cosas que cuando pasan eres un niño y no los llegas a asimilar realmente pero quedan marcadas en ti y cuando aparecen por escrito es porque de alguna manera esa fotografía se ha quedado dentro de ti.

Su poesía tiene mucho más de autobiografía íntima que sus canciones.

Me podría escudar diciendo que no por estar escrito en primera persona es un libro autobiográfico, pero no tengo nada que esconder, el impulso para escribirlo y publicarlo fue ese, el autobiográfico. Quisiera pensar que no es así, que en el fondo cuando escribes una canción tiene que servir para comunicar y que al primero que tiene que decir algo es a ti mismo. De todos modos, sí, el libro es más íntimo. Cuando escribo para León Benavente sé el contexto en el que después se va a desarrollar la canción, va a sonar en un escenario con mucho volumen, y los poemas, no.

La importancia del receptor y sus circunstancias.

El libro está vacío de connotación. No sabes en qué contexto se va a leer. Llevaba mucho tiempo queriendo experimentar eso de alguna manera, escribir sin pensar el ese contexto. El poemario es más saltar al vacío.

Ha vuelto a vivir en Galicia después de muchos años en Madrid. ¿Cómo ha sido ese regreso a los orígenes?

Al principio fue extraño, pero muy gratificante. Es algo que llevaba mucho tiempo rondándome la cabeza. Me lo planteé como algo temporal pero cada vez lo veo más definitivo. Siempre he necesitado mucha tranquilidad y concentración para trabajar, incluso para hacer las canciones de rock más salvajes. El regreso tiene mucho que ver con eso, con la necesidad de tranquilidad para crear algo.

¿Con qué está más satisfecho, con este libro o con Vamos a volvernos locos, el último disco de León Benavente?

No me haga esa pregunta (risas). Son dos cosas totalmente distintas y estoy muy satisfecho con las dos. Una de mis características, que se acentúa con los años y que a veces es positiva y otras negativa, es que soy muy perfeccionista y nunca saco a la luz algo que no creo que esté bien. No publico nada que no crea que vaya a sobrevivir al paso de los años.

¿Es lo mismo encajar los poemas en un libro que las canciones en un disco?

A la hora de hacer el libro tuvo mucho que ver mi profesión de músico. No quería que fuese un libro de poemas sueltos, sino que estuviesen relacionados, que hubiese juegos visuales. Ser músico tiene mucho que ver con ese querer jugar con los elementos y disponerlos de forma diferente. En una canción si pones el bombo y el bajo en primer plano sabes que la sensación es distinta que si pones la guitarra. Hice tres y cuatro versiones del libro, cambiando cosas de lugar. El ligar de los elementos en un disco y en un libro es bastante parecido.

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