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Crónica de ausencias

Crónica de ausencias

Crónica de ausencias

Si buscamos la acepción de fantasma en el diccionario de la RAE, ocho son los significados para una misma palabra (me parece excesivo incluir los ocho aquí, sobre todo porque apenas dos o tres tienen que ver con el título de Zapater): 1. m. Imagen de un objeto que queda impresa en la fantasía, 2. m. Visión quimérica como la que se da en los sueños o en las figuraciones de la imaginación, 8. m. Población no habitada. U. en apos. Ciudad, pueblo fantasma. Aseguran los estudiosos de la mente humana que los recuerdos anteriores a los tres años son inventados, alucinaciones producidas por los relatos que nos cuentan, como proyecciones de las historias que escuchamos. Cada cual tiene sus «fantasmas». La memoria no deja de ser eso, espectros que acuden a la llamada de la nostalgia.

El escritor Juan Pablo Zapater.

El escritor Juan Pablo Zapater. porEduardoBoix

Mis fantasmas, de Juan Pablo Zapater, que fue galardonado con el XLV Premio Ciudad de Burgos, publicado por la editorial Visor, es la obra de madurez de un artesano de la poesía. Zapater, nacido en València, es un poeta poco prolífico en publicaciones, a Mis fantasmas le acompañan La coleccionista (1990), que fue reconocido con el Premio Fundación Loewe a la Creación Joven, y La velocidad del sueño (2012), Premio de la Crítica Literaria Valenciana del año 2013. Tres libros en treinta años es la constatación de que estamos ante un orfebre de la palabra. Zapater no es un poeta que busque la notoriedad por exceso de presencia, sino que pretende mostrar una obra sólida.

El libro se divide en tres partes: Apariciones, que trata de la infancia; Presencias, que nos habla del devenir de la vida; y Visiones, que es la visión o el repaso de la vida en los ojos del hombre maduro. Se podría decir que es la crónica de la vida contada por escenas. El poema titulado Relato fantasma es una clara muestra de lo que vamos a encontrar, un canto a la infancia y sus recuerdos: La habitación que un día/dejé para mudarme a la casa del mundo/aún guarda en sus armarios/el fantasma de un niño que parece/conocer mis más íntimos secretos.//Con él converso a solas,/me cuenta esas historias que yo tengo/a menudo olvidadas,/desempolva mañanas de domingo/y me trae las ventanas luminosas/orientadas al este,/a mi padre sentado en su butaca…

En la segunda parte, Zapater nos lleva por su vida más adulta. Un hombre enfrentado a si mismo, al fantasma que regresa para recordarle quién es y a qué ha venido. La poética es desnuda, marcada por cierto rasgo melancólico, una saudade sutil pero honda, un canto a lo que no fue, pudo haber sido o ya no está. El poema titulado Tazas vacías es un claro ejemplo de ello: Un día te despiertas y de pronto/escuchas menos vida respirando/el aire de tu casa.//Abandonas la cama somnoliento/y en el cuarto de baño, todavía/en semioscuridad, pasas por alto/el hueco de aquel frasco de colonia,/de ese peine de concha con las púas/perfectas y suaves, y en un vaso/el vacío que dejan con su ausencia/dos cepillos dentales de colores.

Mis fantasmas es un libro repleto de certezas y ausencias. Cada poema está construido con la maestría que da el oficio. Cada poema es como una cuchilla que atenta contra la integridad del alma. A veces, la palabra es tan peligrosa como la propia existencia. Zapater es un poeta de la vida. Narra sus vivencias como un cronista de cicatrices. Nos vemos reflejado en sus anhelos porque son universales y nos afectan con la misma intensidad.

Como dice en el poema titulado La muerte nuestra de cada día: Al cabo de los días/todo el mundo se ha visto alguna vez/al borde de la muerte.

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