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Ernesto Contreras: artífice de la cultura en Alicante

Ernesto Contreras, de pie, junto a Antonio López, entre otros, en la convocatoria de Artes Plásticas del 83.

Ernesto Contreras, de pie, junto a Antonio López, entre otros, en la convocatoria de Artes Plásticas del 83.

La importancia de Ernesto Contreras como gran gestor de la cultura y del arte en Alicante es incuestionable. Ernesto Contreras (Tetuán, 1930-Alicante 1993), a la edad de seis años se traslada con su familia a Alicante, donde, con los años, se convertirá en el más importante crítico y promotor del arte de la provincia, conocido y respetado a nivel nacional. Sus escritos y críticas en la prensa local fueron una fuente de información imprescindible, que los artistas recibieron como un soplo de aire nuevo en la sociedad de mediados de los cincuenta, hasta finales de los 80, cuando se retira. 

Escritor, poeta y analista, fue miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte y de la Comunidad Europea de Escritores. Contreras sería el primer presidente del Club de Amigos de la Unesco, importante espacio político crítico con el franquismo. En la crítica recorría todo el espectro relacionado con la cultura: la literatura, la música y las artes plásticas, siendo esta última en la que más se involucró con la formación de grupos de artistas bajo sus directrices, como Alcoiarts, Alcoy, el Grup d’Elx, y Plástica XX, en Alicante. Pero, debemos aclarar el porqué de estas formaciones y cuáles fueron sus consecuencias en un momento donde la presión sobre la cultura de la dictadura franquista era tan fuerte como evidente. 

Hay que analizar el contexto de la época para entender la vinculación de Contreras a un arte de postura militante, que defendía una nueva figuración más expresiva que mostraba tipos desgarrados, alienados, y un imaginario acorde con una estética anticapitalista, que rompía con las convenciones del paisaje, del bodegón, de una tradición más aceptada. Una lectura sobre el arte que él entendía se debía hacer en esos momentos, y que de alguna manera nos transmitió a los que creíamos en su filosofía. Aunque Ernesto era capaz de establecer sus propias ideas sobre todo tipo de arte, quizás primaba una urgencia por un arte al servicio de un ideal de libertad, representado por un imaginario figurativo crítico con el régimen. Ernesto Contreras, junto al critico valenciano Vicente Aguilera Cerní, siguieron la línea de pensamiento de uno de los más importantes críticos de la época, el por entonces alcalde de Roma, historiador e íntimo amigo de Juan XXIII, Giulio Carlo Argán, activista de PCI. 

Ernesto supo, desde su condición política, bregar con todas las sensibilidades e introducir en las instituciones el nuevo arte al que impulsó desde su condición de director de exposiciones en la antigua sala de la CASE, (posterior CAM) en San Fernando. 

Su conexión con poetas, escritores, artistas, músicos e intelectuales fue muy fructífera, hasta el punto que sus opiniones eran debatidas en distintos foros de la ciudad y formaban parte de nuestra historia como sociedad. 

De mi relación con él, destacaría que, cuando le conocí, yo solo era un proyecto de alguien que deseaba ser un artista. Nos conocimos en Alcoy, en el estudio de Toni Miró, a finales de los sesenta, en reuniones donde Ernesto nos ilustraba sobre aspectos del arte y de la política, pero siempre bajo el paraguas de lo artístico. 

Todos los relacionados con el arte, artistas, galeristas, diletantes y coleccionistas, seguíamos sus escritos críticos sobre las exposiciones que se hacían en Alicante. Era muy importante analizar la manera en que Ernesto comentaba las características de una obra. Siempre con ese savoir faire sobre arte con el que valoraba cualquier aspecto que influía en la creación y comprensión de la obra, justificando siempre el porqué de su razonamiento. 

Habría que destacar su amistad con José Vicente Mateo y con Enrique Cerdán Tato, ambos importantes intelectuales, escritores comprometidos con la renovación política, con este último, además, compartía las siglas de su nombre, ECT, Ernesto Contreras Taboada. Pero muchas otras similitudes conformaban su amistad, intereses políticos y, sobre todo, un argumentario sobre las coincidentes posiciones con respecto al régimen franquista y la búsqueda de la libertad para toda la sociedad. 

A medida que le fui conociendo, mi trabajo fue también siendo más interesante, por lo que cuando fui a Italia, becado por la Dotación Castellblanch, tanto Enrique como Ernesto valoraron mi experiencia artística en Italia. A mi vuelta, concertada una exposición en una galería de Madrid, Novart, ambos escribieron un texto en el catálogo de la exposición, lo que me produjo una notable sorpresa. Yo no sabía hasta qué punto la obra literaria de Ernesto era importante en el ambiente madrileño, considerado como un escritor e intelectual de auténtica valía. 

Su mujer, Carmen Cazaña, fue su auténtico baluarte a la hora de entender a este intelectual de corte marxista, con las contradicciones que en un periodo complejo para el arte tuvo que admitir, viviendo momentos muy difíciles. En la exposición de un importante premio de Diputación que se inauguró, en la sala de la CAPA, en la torre provincial, se premió una obra muy radical, en ese momento, de Eduardo Sanz, basada en espejos rotos, que Ernesto Contreras defendió en un artículo que ha pasado a la historia de la crítica en Alicante. Pero aquello tuvo consecuencias más allá de lo estrictamente artístico, fue relegado de su puesto como director de exposiciones de la CASE, acabando con una etapa en la que en esa institución pudieron verse algunos de los artistas creadores más importantes de su tiempo: Ibarrola, Sempere, Cossío,… y un largo etcétera. 

Pero Ernesto continuó con la crítica en los diarios de Alicante, en INFORMACIÓN, con escritos que defendían, sobre todo, al arte más progresista. Aunque fue capaz, de ahí su grandeza, de criticar a artistas que realizaban una obra fuera de este ámbito de creación, pero en la que sabía apreciar sus valores plásticos. Como fue la crítica de una exposición de Xavier Soler en la que predominaba el tema del paisaje y por la que propio artista quedó sorprendido por la sabia manera en cómo le enjuició Ernesto. 

Durante la época de Mario Candela en la Diputación, como diputado de Cultura, se establecieron ciertas normas sobre la elección de los jurados de las muestras nacionales de arte, en las que los artistas votábamos a los artistas y críticos que iban a ser el jurado del certamen de artes Plásticas de la Diputación. En más de una ocasión coincidí con Ernesto, Segundo García, Fernando Huici, crítico del país, y Antonio López. Siendo la intervención de Ernesto de un gran rigor, aceptándose sus criterios por encima de otros por su correspondiente consideración. De su personalidad, incisivo dialogante, podríamos hablar mucho, sobre todo los que lo conocimos, un hombre que argumentaba siempre con análisis sólidos que lo definían como un intelectual de altura difícil de rebatir. 

Guardo todas las críticas que me hizo como un auténtico tesoro que documenta con gran riqueza sus opiniones sobre arte, un ejemplo de cómo hacer la crítica de arte. Siempre siguió mi trayectoria, escribiendo críticas en los diarios en varias ocasiones. Coincidimos en encuentros y conferencias en la época en la que yo estaba trabajando en el estudio de Adrián Carrillo García (Alicante, 1914-1979), donde eran habituales las reuniones con artistas, en las que siempre se distinguió por su solidez intelectual y su visión admirable del quehacer artístico. Recibió importantes premios: Flor Natural en la Justas Literarias de Sueca en 1955; accésit del Premio Adonais de Poesía en 1960; Premio Alicante de Poesía en 1961 y accésit al Premio Nacional de Cuentos Gabriel Miró en 1962, el mismo año en que le concederían el Premio Internacional de Novela Ateneo de Arenys de Mar, entre otros. Amigo, poeta, crítico, intelectual, un hombre de su tiempo, comprometido, fundamental para la cultura de Alicante. Amigo de sus amigos, contaba con ellos para desarrollar una actividad cultural que es referencia de esos años tan complejos. José Vicente Mateo, Enrique Cerdán Tato, Manuel Molina, Manuel Baeza, Pérez Pizarro, Gastón Castello, Carlos Sahagún... y un largo número de personalidades del Alicante de esos años. 

Este texto responde a la necesidad de concienciar a la sociedad de Alicante de una de sus personalidades que marcaron una época y que, por exigencias de un texto periodístico, queda incompleto, pues su personalidad y creatividad desborda estos limites.

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