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Conspiranoias

Conspiranoias

Es una palabra extraña, porque una de las partes desmiente a la otra: una conspiración imaginaria, errónea, falsa. Si bien tanto paranoia como conspiración presuponen siniestras intenciones en los otros, mientras la primera es un complot (ilusorio) de todos contra uno mismo, la segunda es un complot (real) de un grupo reducido contra todos o una parte significativa de la sociedad.

La historia de las conspiranoias es muy larga. Algunos ven en ellas una secularización de la superstición religiosa. De la misma manera que Homero explicaba todos los acontecimientos que sucedían ante las murallas de Troya como conspiraciones de los dioses del Olimpo, una vez caídos los dioses la cuestión es preguntar ¿quién está en su lugar? Entonces surgen los hombres poderosos, los grupos de presión, las sociedades secretas. Ya no son Zeus, Poseidón o Atenea, sino los masones, los jesuitas, las brujas, los judíos, los islamistas, los Illuminati, el Club Bilderberg, el Gobierno Federal USA, la NASA, los extraterrestres, la ONU, la UNESCO, los Rothschild, los Rockefeller, Bill Gates, George Soros, la OMS, las farmacéuticas.

Pero hay dos rasgos de las conspiraciones de hoy día que parecen novedosos:

Si bien las situaciones de crisis, inestabilidad o incertidumbre son caldo de cultivo idóneo para las conspiranoias, nuestro tiempo parece proclive a verlas casi ante cualquier acontecimiento de cierto alcance: la muerte de una figura pública, un atentado terrorista, un accidente aéreo, un conflicto armado, una nueva enfermedad contagiosa, no digamos ya una pandemia. Ni siquiera es necesario que sea un suceso de alcance, porque la causalidad siempre puede reemplazar a la casualidad en la lógica conspiranoica: un fenómeno meteorológico (el huracán Irma), unas maniobras militares (la operación Jade Helm en EE UU en 2015, durante el mandato de Obama), la interpretación de unos mails cruzados entre políticos (durante la campaña de Hillary Clinton por la nominación demócrata), un incendio fortuito debido a un cortocircuito (la catedral de Nôtre Dame en el verano de 2019) pueden desatar teorías de la conspiración de proporciones enormes: el huracán sería un arma meteorológica de los EE UU, las maniobras un plan para imponer la ley marcial a un estado republicano y díscolo como Texas y perpetuar a Obama en el poder, con los Wall-Mart como campos de concentración y los camiones de helado Blue Bell como morgues móviles, los mails eran mensajes en clave que ocultaban una trama de políticos pederastas cuyo centro de operaciones era un pizzería de Washington (CP no era la abreviatura de cheese pizza, sino de child pornography), y el incendio un atentado contra un templo de la cristiandad por islamistas radicales. Todo está relacionado y nada sucede por azar son los dos mandamientos de la ley conspiranoica.

Por otro lado, las teorías de la conspiración resultan plausibles para un rango más amplio de ciudadanos que en el pasado, cuando solo eran apoyadas por los extremos más radicales del espectro político. Esta última tesis se ha llamado paranoia de fusión, y explica que los extremos se tocan, aunque puedan disentir en sus causas y fines. La globalización, por ejemplo, desata las suspicacias conspirativas de los dos extremos: para unos es extender el dominio del capitalismo y el mercado a todo el planeta (las corporaciones multinacionales como Microsoft, Apple, GM, Exxon), para otros es instaurar una economía planificada que atenta contra las libertades individuales y contra la autonomía de los Estados-Nación (las instituciones multinacionales como la ONU, la UNESCO, la UE o la OMS). En cuanto a la última oleada conspiranoica, la desatada por la pandemia, la oposición al confinamiento, las mascarillas y la distancia social decretados para prevenir la covid-19 reúne en manifestaciones a militantes de los dos extremos del espectro político: la «libertad» frente a las restricciones o limitaciones de derechos (la movilidad, la reunión, el libre comercio, etc.), y frente a la ampliación de los poderes de las fuerzas de seguridad (toque de queda, confinamiento forzoso, sanciones, pasaportes sanitarios) puede ser reivindicada por conservadores ultramontanos y por alternativos, libertarios y anarquistas. Pero la situación actual ha avanzado a una nueva fase: vivimos una democratización de las conspiranoias. Se diría que las teorías de la conspiración han entrado también en fase pandémica. Las encuestas reflejan un rango más amplio de ciudadanos afectos al pensamiento conspiranoico.

Hablando de la pandemia, ha circulado lo siguiente: que era una sobreactuación (una gripezinha, dijo Bolsonaro: más de medio millón de muertos en Brasil) de las autoridades sanitarias y políticas con el doble propósito de hacer negocio con las vacunas y recortar nuestros derechos civiles, que era un virus artificial liberado para iniciar una guerra bacteriológica (de China contra EE UU o al revés) o para llevar a cabo un plan eugenésico global, que se transmitía a distancia a través de los dispositivos del 5G, que las vacunas implantarían chips en nuestro cuerpo para monitorizarnos (Bill Gates mediante). Hay muchas versiones de la plandemia, a cuál más delirante (aunque por estos pagos Miguel Bosé se lleva la palma de todas). Pero la consecuencia terrible, de salud pública, es que diversos estudios demuestran que la creencia en ellas está directamente relacionada con el relajamiento o la omisión de las medidas preventivas recomendadas por las autoridades sanitarias, no digamos ya con el negacionismo de la vacuna como remedio.

Conspiranoias alicantinas

En enero de 2021 una noticia que dio un bloguero se volvió viral: «El EL FINAL ESTÁ CERCA… SE ACERCA EL HOLOCAUSTO QUE YA ANUNCIÉ. El gobierno de España construye campos de concentración -350 millones de euros el principal en las proximidades de Albatera con Orihuela (Alicante), se llama LA MATANZA-, para asintomáticos, despiertos, disidentes, indigentes, y fachas que dará el visto bueno Pedro Sánchez el próximo lunes 1.2.2021. Mercadona dará apoyo logístico a los campos de concentración con dos empresas de seguridad -la escocesa LCN Capital Partners, la norteamericana Allegion y la israelí AnyVision para control perimetral de cámaras y de las superficies de naves gigantes y centros logísticos-. Mercadona se inspira en FEMA llevada a cabo por Wallmart EE UU». La noticia se apoya o alude a datos verdaderos: es cierto que el Ayuntamiento de Orihuela ofreció terrenos al Ministerio de Defensa por valor de 350 millones de euros para el Plan COLCE (Concentración de Órganos Logísticos Centrales del Ejército), que finalmente fue adjudicado a Córdoba, y también lo es que Pedro Sánchez visitó Orihuela el 1 de febrero para inaugurar un tramo del AVE. Pero no lo es que la visita tuviera lugar para «supervisar los terrenos y la logística de lo que será el mayor campo de concentración del Mediterráneo español» (por cierto: ¿hay otros campos de concentración en el Mediterráneo español?). El delirio conspiranoico recuerda vagamente el que hemos mencionado arriba de las maniobras militares en EE UU y los Wal-Mart (aquí sería Mercadona), y adereza la noticia con nombres de instituciones rimbombantes y auténticas (FEMA es la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de los EE UU, y es cierto que Wal-Mart se asesoró y ofreció sus locales para simulacros). Así que podemos hablar de un contagio memético de memeces.

El fenómeno 233

Un vídeo que se hizo viral en agosto de 2021 mostraba una pantalla de ordenador, y una voz en off describía el llamado «fenómeno 233»: el individuo, que hablaba presuntamente desde Alicante, decía que se encontró con la noticia de los 233 casos registrados en la provincia. Luego iba mostrando otras páginas de periódicos donde se hablaba, curiosamente, de 233 casos: en Murcia, Huelva, Lugo, la Comunidad de Madrid, Lanzarote, Tres Cantos. Y luego pasaba al extranjero: en el condado de Orange en California, en Sidney, México, Singapur, Croacia, etc. En todos 233 como nuevo número de la bestia. De ahí se deducía un «fenómeno», y la «sospecha», para que cada quien sacara sus conclusiones. Pero ni las fechas son las mismas, ni las dimensiones de los territorios son comparables, ni uno sabría quién tendría interés en ocultar cifras reales o en coordinar secretamente a las autoridades sanitarias y trasladar datos erróneos, o si es la pereza de los redactores de diarios mundiales lo que les lleva a copiar y pegar cifras ilusorias. La verdad es que por entonces llevábamos casi 600 días de pandemia, con datos todos los días en todos los periódicos del mundo, de cualquier ámbito, de manera que la coincidencia sobre 233 casos es tan frecuente como sobre cualquier otra cifra, digamos, entre 1 y 1.000.

Sobre conspiranoias, y en general fake news de ámbito provincial, varios investigadores de la Universidad de Alicante llevamos dos años trabajando en el proyecto FakeFreeAdmin, que dirige Patricio Martínez Barco, gracias al Centro de Inteligencia Digital de la Provincia de Alicante (CENID), participado por la Diputación de Alicante y las Universidades de Alicante y Miguel Hernández de Elche.

Raúl Rodríguez Ferrándiz es catedrático de

Comunicación y Psicología Social en la

Universidad de Alicante.

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