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«Yo fui... ilustrador de la historia»

Parte de una de las páginas de la novela gráfica Yo fui guía en el infierno (Desfiladero Ediciones, 2017), de Gerard Miquel.

Muchas veces, las aptitudes vinculadas a las artes son innatas en las personas y estas pueden mostrar una gran capacidad para desarrollarlas, gracias a una consolidada experiencia. Esta fue el caso del ilustrador Gerard Miquel (Alaquàs, 1968 – Valencia, 2021), desaparecido el pasado mes de marzo. Una pérdida inesperada que ha supuesto un resurgimiento y redescubrimiento de su obra, que se ha traducido en la realización de diversos reconocimientos en su memoria, como un cómic homenaje, una conferencia en las X Jornadas de Cómic de València, un mural de una de sus ilustraciones o una exposición.

Esta gran capacidad de Miquel, con una larga trayectoria como ilustrador de más de tres décadas, fue su contribución a la difusión de la historia. Testimonio de este hecho fueron las diversas publicaciones didácticas que realizó para el Museo de Prehistoria de València, en coordinación con las técnicas del centro, Eva Ripollés y Laura Fortea. Pero la obra más destacada, en esta misma línea, fue su primera novela gráfica Yo fui guía en el infierno, editada por Desfiladero Ediciones en 2017. De hecho, este trabajo obtuvo el Premio al Mejor Cómic editado ese año por parte de la Generalitat Valenciana y el Premio Fantasti’CS al Mejor Cómic en las Jornadas de Castellón en 2018. En el libro, Gerard Miquel puso de manifiesto su gran habilidad para trasladar relatos al cómic, a la ilustración gráfica y, especialmente, ponerlas al servicio de la difusión de la historia.

Yo fui guía en el infierno está basada en la homónima y también premiada novela histórica, publicada en 2005, del escritor y periodista Fernando Arias (València, 1947), que dejó una importante huella en Miquel. La publicación está ambientada a finales del siglo XVIII, en la Hoya de Castalla, y está protagonizada por el botánico Antonio José Cavanilles y por un guía local. La adaptación de Gerard Miquel, que se diferencia del original por su carácter fantástico, es una novela gráfica muy recomendable, ya que se pone de manifiesto la utilidad de la ilustración gráfica como un medio de transmisión del conocimiento, en este caso, de las ciencias naturales, la ingeniería y la literatura. El libro cuenta con interesantes valores intelectuales, ya que se remarca, a partir del texto de Arias, el hecho de cómo la Ilustración del siglo XVIII, la educación y la ciencia son un medio de escala social y de hacer a las personas libres, frente a la superstición, la religión y el analfabetismo dominante en el Estado español en el momento.

La obra también nos permite un acercamiento a la zona geográfica de la Hoya de Castalla, donde se desarrolla la novela. De hecho el autor, que era un amante de la naturaleza, conocía el lugar ya que recorrió en vida a pie y en bicicleta en diversas ocasiones la Sierra del Maigmó. En palabras de Gerard Miquel «la majestuosidad del paisaje, la orografía, dejar las montañas a tu espalda, suponía para nuestra pareja protagonista toda una aventura, plasmada ahora en papel», toda una invitación a descubrir la obra.

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