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Joan Didion, la gran cronista americana

Joan Didion

«-¿Cómo sienta ser un icono de la moda? –No sabía que lo fuese». Así de breves y lacónicas fueron casi todas las respuestas que Joan Didion (1934) le dio a Lucy Feldman en una entrevista del pasado enero para la revista Time, una rara ocasión en la que la escritora estadounidense accedió a ser importunada –hasta los iconos culturales de nuestro tiempo, lo sepan o no, tienen que ceder antes las presiones promocionales-. Porque si en enero llegó Lo que quiero decir (Literatura Random House, 2021) a las librerías estadounidenses, octubre fue el momento para que por fin se publicara en España esta breve antología de artículos que Didion ya había publicado entre 1968 y 2000, un material que nunca antes se había traducido al castellano.

Durante años, décadas, la suerte editorial de Joan Didion en España ha sido nefasta. Primero, Didion se quedó de forma absurda fuera de la antología que Tom Wolfe dedicó al Nuevo Periodismo y que Anagrama publicó en 1977, que sí incluyó a su marido, y que en nuestro país sirvió para acotar quien estaba en la onda y quien no. Después, varias editoriales apostaron por publicar algunas de sus novelas: Grijalbo en los 70, Espasa Calpe en los 80 y Global Rhythm Press hace unos años. Pero nada ocurrió, salvo el sonido de grillos en el vacío. Ha sido la apuesta editorial de Literatura Random House la que sí ha funcionado, aunque ya con la periodista y escritora nacida en Sacramento convertida en una de las grandes voces americanas.

la gran cronista americana

El enorme prestigio conseguido por la ya octogenaria Joan Didion explica que exista Lo que quiero decir, una selección de artículos y crónicas publicados entre 1968 y 2000. Estas 125 páginas, prologadas en la edición española por Elvira Navarro, son espacio suficiente para que desfilen los retratos de Nancy Reagan, Tony Richardson o Martha Stewart. También nos adentramos en la ludopatía en una pequeña ciudad de California –su estado natal es fundamental en su obra, tanto periodística como literaria-, en el viejo palacio de William Randolph Hearst o en una convención de veteranos en Las Vegas. Y Didion reflexiona sobre la prensa alternativa de los 60 –en los mismos 60-, el herético abuso editorial de la obra inédita de Ernest Hemingway y la fotografía de Robert Mapplethorpe. Y lo más extraño, la autora confiesa algunos episodios personales sobre su entrada en la Universidad de Berkeley tras ser rechazada por Stanford y da algunas claves muy personales de su escritura.

Ninguno de los textos recogidos en Lo que quiero decir es una obra mayor de Didion, aunque sí son una muestra representativa de su estilo e intereses; y como conjunto, se trata de una lectura entretenida, divertida y, por momentos, reveladora. Todo lo que es Joan Didion como escritora está de algún modo en estos textos periodísticos –estas páginas sirven de ventana a la periodista que fue-. Pese a que la autora de El año del pensamiento mágico siempre ha valorado más su obra de ficción que su trabajo para prensa y revistas, han sido sus reportajes y artículos los que la han convertido en una de las grandes cronistas americanas, y en una de las escritoras más valoradas y reverenciadas de las últimas dos décadas –su emotiva y descarnada crónica personal sobre la pérdida de su esposo e hija le ha encumbrado de forma definitiva-.

Este es un libro para que ellos que quieren más de Joan Didion, para esos lectores que quizá la descubrieron con Noches azules y que después devoraron Los que sueñan el sueño dorado. Pero es una antología que no debe ser ignorada por ningún aficionado al buen periodismo, sobre todos quienes hayan disfrutado de los popes del Nuevo Periodismo y aún no hayan descubierto que Joan Didion tiene un hueco por derecho propio en la mesa que comparten Gay Talese, Norman Mailer y ese olvidadizo Tom Wolfe, entre otros grandes periodistas y escritores de ese yo protagonista que observa y relata.

Desde su apartamento neoyorquino, sola y todavía fumando enfundada en vestidos elegantes de talla realmente pequeña, quizá por esa delgadez propia de algunos fumadores, Joan Didion ha llegado casi a los 87 años en el punto más alto de su fama. Y no han sido los guiones para Hollywood, ni esas novelas que tanto esfuerzo le costó escribir, los que le han aupado por encima de sus detractores, sino crónicas y artículos nacidos para ser olvidados al día siguiente. Porque en Vogue y Harper’s Bazaar también se ha escrito la Historia de América, y lo hizo Joan Didion.

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