Suscríbete

Información

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

De Sempere a Rauschenberg, pasando por Permeke

Eusebio Sempere. Constant Permeke y Robert Rauschenberg.

Sempere, Permeke y Rauschenberg. Seguramente no existen tres artistas más diferentes, tanto en su concreción plástica como en sus distintas reflexiones teóricas. De esto trata este texto, de sus diferencias y de lo que representaron para Sempere en distintos momentos de su vida.

Pintura de Permeke.

Sempere renuncia a la figuración, a la representación de la realidad, por su pasión en la búsqueda de nuevas formas de expresión, por la abstracción geométrica, en una decisión que le causó un especial sufrimiento. Constant Permeke se instala en ella, desde su tradición pictórica centroeuropea, basándose en las nuevas tendencias del siglo XX, y Robert Rauschenberg la utiliza, desde el collage y la instalación, con ironía y una crítica mordaz hacia la tradición de la representación pictórica. Sin embargo, a pesar de estas diferencias de base, existen determinados factores que les da una unidad de concepto, los tres son escultores, pintores, grabadores, dibujantes,… y, fundamentalmente, son creadores de nuevos lenguajes. Esta reflexión sobre la relación y diferencias entre estos artistas parte de mi experiencia con Eusebio Sempere, que siempre me llevaba a la modernidad, desde el diálogo y la comprensión del arte, experimentando la relación entre diferentes autores, entre premisas y concepciones muy alejadas.

Serigrafía de Sempere.

Mi amistad con Sempere se produce a finales de los años sesenta y desde ese momento nuestro diálogo se mantuvo con intensidades diferentes hasta su fallecimiento. Una de las facultades que caracterizaba a nuestro artista era la de tener una visión del arte sin complejos ni prejuicios, lo que le llevaba a interesarse por todo tipo de expresión y a tener un conocimiento muy amplio tanto de la tradición como de su tiempo, siempre desde una profesionalidad indudable. Formado por la relación que establece en París con muchos de los grandes artistas del momento: Vasarely, Herbin, Palazuelo, Chillida, Roberta González, Braque,…, todo ello le creó un bagaje de conocimiento idóneo para que su criterio sobre arte de todos los tiempos y tendencias fuera realmente uno de sus baluartes como artista. A pesar de vivir dentro del movimiento del OP-ART, (término acuñado en 1964 por la revista Time) es una forma de arte abstracto que se basa en ilusiones ópticas para engañar a los ojos del espectador. Es también una forma de arte cinético que se relaciona con diseños geométricos que crean sensaciones, de movimiento o vibración, bastante cerrado en cuanto que sus más fieles practicantes seguían a rajatabla los principios que lo regulaban. Sempere podía situarse ante cualquier obra de arte con un análisis y rigor fuera de toda especulación y duda. De ahí la gran calidad de su Colección donada a la ciudad.

Obra de Rauschenberg.

En los años sesenta, abandona París y se instala en Madrid, toma esta decisión, cansado de las condiciones humanas tan desfavorables, que no artísticas, de esta gran ciudad. En Madrid se está fraguando un cambio importante en lo referente al arte que se podía ver, analizar e investigar. Eran momentos en los que la cultura plástica española, fundamentalmente la pintura, estaba en efervescencia con la idea de equipararse a la cultura europea, lo cual era difícil para una mayoría de artistas, imbuidos por los códigos caducos de las escuelas de arte, y la falta de teorías y análisis críticos sobre el arte de nuestro tiempo. Solo algunos, pero muy significativos, teóricos y artistas luchaban contra una dinámica que era complicado revertir. Y Sempere se encontraba entre ellos.

De Sempere a Rauschenberg, pasando por Permeke

Pero hablemos de estos dos artistas citados y la relación con Eusebio. La Biblioteca Nacional, dentro de las instituciones del estado español, era una de las pocas que realizaba algunas de las exposiciones de mayor importancia en el ámbito nacional. La llegada en el año 1968 de la exposición de Constant Permeke (Bélgica. 1886-1952), un artista cuya obra estaba seguramente dentro de los parámetros de lo que se exigía para la sociedad en general, tenía truco. Era una obra que, aunque figurativa, instaba a realizar un recorrido a partir del cubismo y el expresionismo alemán. Sus imágenes remitían a todo un imaginario donde la figura humana era transgredida, pero manteniendo ciertos enfoques sobre la realidad. Variaciones donde la expresividad de las figuras contrastaba con la composición de los encuadres y la desfiguración o la falta de terminación de los rostros y los cuerpos.

De Sempere a Rauschenberg, pasando por Permeke

Sempere, que conocía mi obra, en una de mis habituales visitas a la capital, actuó de mentor al indicarme que no me fuera a Alicante sin antes ver esta exposición: «no dejes de ver a Permeke». Por entonces, para mí, este autor era un gran desconocido y solo por la insistencia de Eusebio, fui a verlo. Él sabía de la influencia evidente que iba a producir esta obra en mí y no se equivocó. La visión de su obra supuso, indudablemente, un antes y un después en mi trabajo. Las pinturas, dibujos y esculturas de este autor, la mayoría de gran tamaño, me dieron una pauta que fue el inicio de una serie de dibujos míos de gran formato. Dibujos que expuse por primera vez en mi exposición individual en Italia, en Forlí.

Sempere estaba, en cuanto a su arte, en las antípodas de Permeke y, sin embargo, supo ver hasta qué punto era importante que los jóvenes artistas viéramos su obra. Su concepto del arte era un soplo de aire fresco en una España situada en la expresión de una tradición caduca y, en algún punto, bastante retrograda. No quiero decir que todo el arte español estuviera inmerso en ello, pero sí algunas instituciones importantes y las escuelas de arte, en su mayoría. En las universidades la especialidad de historia apenas llegaba a informar sobre el impresionismo, nada de nada de las corrientes artísticas del siglo XX, cubismo, expresionismo, constructivismo..., sin embargo, la obra de Permeke se recibió como agua de mayo en un panorama bastante inerme. Compré el catálogo, como era lógico, que todavía conservo como un documento por el que mi visión del arte cambió, si no radicalmente, sí me sirvió para entender más de pintura y ver de que manera podía evolucionar hacia otras expresiones.

Con respecto a Robert Rauschenberg, (EE UU, 1925-2008), en el año 1963 Sempere viajó becado a Nueva York, donde entra en contacto con las nuevas vertientes del arte, y asiste, entre otras actividades, a una reunión donde se iba debatir sobre las propuestas presentadas para representar a EE UU en la Bienal de Venecia de 1964. Entre los diferentes nombres estaba el de Rauschenberg, cuya participación, según Sempere, no tenía los votos ni el beneplácito de la mayoría. A nuestro artista, como representante de la cultura plástica europea, se le pidió su opinión sobre las diferentes propuestas, y Sempere, con su clarividencia, apuesta por la modernidad, apoya la propuesta radical de este artista, cuya línea de trabajo estaba tan alejada de la suya. Y esta apuesta fue la seleccionada para representar a Estados Unidos en Venecia. La consecuencia ya la sabemos, Robert Rauschenberg tuvo el prestigioso honor de ser el primer artista estadounidense en ganar el Gran Premio de la Bienal de Venecia.

Visión de futuro

Cuando Sempere me contó este hecho tan importante en su vida, percibí una realidad fundamental, la excelsa calidad que debe tener un creador, en cuanto que, a pesar de su tendencia artística ha de ser capaz de ver el interés del arte en cualquiera de sus manifestaciones. Todo un ejercicio de visión, de futuro, que hizo posible que un artista como Rauschenberg tuviera la oportunidad de abrir una brecha en el arte mundial, como así ocurrió.

Con el paso del tiempo, en los recuerdos de mis experiencias con Sempere, trato de valorar aquello que me intentaba transmitir en su reflexión sobre el arte, y es el hecho de cómo el auténtico creador debe situarse siempre en el entendimiento de «lo nuevo», de la aportación de otros artistas. Tal como apuntó el poeta Rimbaud: «Hay que ser absolutamente moderno». Sempere era, indudablemente, un artista moderno, que luchó toda su vida por tratar de imponer criterios sobre el arte, que, basados en la tradición más rica, impulsaban el arte del futuro. Un ejemplo, que demuestra su amplitud de concepto, fue su declarada admiración sobre la obra velazqueña, de la que doy fe, pues este era uno de sus pilares de referencia, así como del lenguaje de la pintura, en su sentido más amplio, y del arte, y su relación directa con las obras de los artistas de todas las épocas y tendencias.

Lo último en INF+

Compartir el artículo

stats